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Un mes después de un desahucio

Julia, con 80 años, fue desahuciada hace un mes. Esta es su vida ahora

Julia, con 80 años y un cáncer superado, fue desahuciada hace un mes. No podía hacer frente a la subida de alquiler que le planteaba el fondo buitre que compró su inmueble. Trece años le costó a Julia conseguir esa casa. La petición comenzó en 1998 y terminó en 2011, cuando por sorteo la Empresa Municipal de la Vivienda le adjudicó un inmueble en Carabanchel. Firmó un contrato de cinco años, en el que se comprometía a pagar 517 euros al mes.

La mensualidad comenzó a subir, ascendiendo a 700 euros, una cantidad imposible de hacer frente con los 632 euros que cobra de pensión. Tras siete meses sin pagar la mensualidad, le llegó la primera orden de desahucio. Desde entonces, comenzó a pelear con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca para no quedarse en la calle.

Al final, ella y su hija Paloma, que sufre trastornos de personalidad, han sido realojadas en la Colonia Marconi. Los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid se hicieron cargo de su situación, les plantearon un nuevo piso en una zona distinta. Así Julia hacía frente a su tercera mudanza.

Hace un mes llegaron al bajo en el que viven. Conforme han pasado las semanas han conseguido ir desempaquetando las cajas, acondicionar el salón, la cocina y una de las habitaciones. La otra está empantanada con el resto de cajas, ropa, armarios... Incluso los recortables con los que jugaba Paloma de pequeña, ahora tiene más de 40 años.

Para estas mujeres ha sido difícil abandonar un barrio como Carabanchel, una zona con vida, en el que eran conocidas; por uno en el que solo hay fábricas. "Aquí no pasan más que coches, camiones y un autobús. No ves ni un alma", cuenta Julia cuando abre la ventana de su cuarto, en el que duerme con Paloma.

Una zona en la que es difícil hacer la compra todos los días, ir al médico o adquirir las medicaciones: "Ya tenemos doctora, se llama Mari Ángeles. El supermercado está muy lejos. No encuentras una tienda para comprar el pan o un chino...".

Poco a poco Julia se ha ido adaptando a su nueva casa, un piso que no está acondicionado para una señora de 80 años. Una casa de dos alturas. Julia tiene que subir todos los días, varias veces, una escalera: "Para ir al baño tenemos que subir y bajar, me he caído dos veces". Su hija añade enseguida: "Y yo una. La vivienda no está adaptada para mi madre".

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