Un perfecto andaluz

Manu Sánchez se define como "un aprendiz orgulloso de su Maestro. Don José María Pérez Orozco", hace una defensa del acento andaluz para homenajear a quien considera "un andaluz perfecto… dicho en un perfecto andaluz"

“Lo del acento hay que corregirlo, y que hable más despacio”- dijo como si yo no estuviese delante aquel directivo de TVE con nudo de corbata gordo como el sillín de una Guci.

-“Las cosas que no están estropeadas es mejor no arreglarlas caballero, intente usted escuchar más ligero”, le contesté con los nervios del que con 17 años salía por primera vez en la tele, con la chaqueta más fea del mundo dicho sea de paso, y de la que no puso ninguna pega.

-“Para trabajar aquí tienes que hablar como uno de Toledo”- me “arvirtió” con gran malaje.

-“Pues si tan claro lo tiene, busque usted uno gracioso en Toledo”- le dije con el mismo acento que milagrosamente esa vez entendió de forma cristalina. Aquella fue mi primera vez en la tele, en La Primera, y la última por un tiempo.

De aquello hace ya 13 años, y hoy un detalle que nunca conté, aquel directivo era andaluz, y eso a ambos nos jodía. A él serlo y a mí que lo fuera.

Tres niveles tiene el lenguaje: vulgar, coloquial y culto. Y nada tiene que ver, eso con los acentos, que yo, “ÁCIDO DEZOZIRRIBONUCLÉICO” lo pronuncio que da gusto, con dos zetas dextrógiras, ADN de mi tierra. Pero cada vez que la tele necesitó mostrar lo vulgar del cuento, decidió ponerle al vulgar el acento de los míos, sin darse cuenta que no existe nada más culto que un andaluz hablando.

Andalucía no habla un mal castellano, si no un perfecto andaluz. Y no hay andaluz más perfecto que a quien hoy dedico estas líneas, a mi maestro, el mío y el de muchos, al gran Pérez Orozco, Don José María. Genio de mente preclara resguardada bajo gorrilla de cuadros, voz de galán de cine de acento delicioso con la humildad de los grandes y discurso de Séneca.

Él me enseñó que el andaluz ni es ni necesita ser un idioma, porque ya es un conjunto de hablas que conforman una realidad mucho más maravillosa, él me sacó de confusiones: el castellano es el español de Castilla y el andaluz el español de Andalucía, españoles los dos, pero cada uno por su cuenta, el primero luciendo hermosa mortaja, limpia, fijada y con esplendor, y el segundo vivo y coleando, tan vivo que no hay norma que lo alcance ni academia que lo regle, tan vivo que es el andaluz el segundo idioma más hablado del mundo, ya que todas las formas del español de Latinoamérica nacen del acento de los nuestros. Él me presentó Andalucía como el mayor laboratorio lingüístico del mundo, rincón en perenne ebullición, él me enseñó a saborear con pleitesía cada palabra de nuestros abuelos, ya que solo ellos hablan como El Quijote, y es que ya me extrañaba a mí que Cervantes, Don José María y mi abuela estuviesen todos equivocados. Gracias por tanto, Maestro, gracias por enseñarme que fue el Duque de Rivas quien nos enseñó a perder y a ganar con ese manque que siempre nos unirá también en lo verde y blanco. Gracias Maestro en nombre de todos aquellos andaluces a los que nos haces sentirnos orgullosos de hablar en andaluz. Y aunque me dirás que no mereces este reconocimiento, yo hoy que contigo aprendí que la afirmación más grande se dice en andaluz y para ello hay que negar tres veces… te digo mirándote a los ojos: NONINÁ.

Fdo: un aprendiz orgulloso de su Maestro. Don José María Pérez Orozco: un andaluz perfecto… dicho en un perfecto andaluz.

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