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El futuro ya está aquí

En 1985, Radio Valladolid se subió al carro de la innovación con el "Radiotexto", un pariente lejano del sistema RDS, que tuvo una corta existencia

Recorte del periódico La Vanguardia del 10 de diciembre de 1985 /

Ya lo cantaban los Radio Futura al glosar las maravillas innovadoras del sector textil enfocado al público más joven. En los 80 todo era futuro. En los 80 todo era muy loco, pero eso daría para otro artículo.

Con el espíritu de "La Guerra de las Galaxias" y sus secuelas aún fresco o, en un plano más apocalíptico, con las predicciones orwellianas de "1984" como referente, los avances tecnológicos como el disco compacto, el ordenador personal o los videojuegos hacían pensar a los niños y jóvenes de los 80 en un futuro repleto de coches voladores y zapatillas con cordones robotizados. Ay, bendita inocencia. 

En esa vorágine futurista, los medios de comunicación también se sumaron con jolgorio a las innovaciones. A veces, sin medir demasiado la eficacia o la viabilidad del invento en cuestión. La historia tecnológica está llena de aportaciones que se quedaron en la vía muerta y si no que se lo pregunten a los cartuchos de ocho pistas, al sistema de vídeo 2000, al laserdisc, o al DAT, por citar algunos ejemplos. 

En el terreno radiofónico, fue esta emisora Radio Valladolid, la que, en los días previos a la navidad de 1985 proclamaba con orgullo la introducción de uno de esos "inventos del TBO": el radiotexto. Para contarlo resumido, estaríamos hablando del abuelo del sistema RDS: ése que permite que en su radio o teléfono móvil aparezca el nombre de la emisora que escucha o, incluso, un mensaje breve. Sí, ya sé que usted tampoco le presta atención. 

En el caso del radiotexto, y como cuenta la noticia de La Vanguardia que acompaña este artículo, el mecanismo era un poco más complicado, pero tampoco se pongan tiquismiquis porque a finales de 1985 el mando a distancia de la tele solía ser el miembro más joven de la familia. Este "nuevo y original" sistema, según rezaba el titular, estaba concebido como "un servicio de periódico electrónico a domicilio, con información general". Y todo cuando faltaban 25 años para la llegada del iPad a nuestras vidas. Baja, Modestia, que ya subimos nosotros.

El asunto era el siguiente: de manera periódica se realizaba la transmisión de una señal que había de ser grabada por el oyente en una cinta magnetofónica, un casete de toda la vida, para después reproducirlo en un ordenador personal. Para los más jóvenes, que estarán rascándose la cabeza ahora con su móvil, adjuntamos un vídeo que les aclarará la explicación y, a la vez, hará que alucinen bastante:

Una vez conseguido con éxito lo de cargar en el ordenador el contenido de la cinta, algo que habría llevado al mismísimo Job a engancharse al Lexatin, era posible acceder a un "sistema de menús" con hasta 20 páginas de información

Los promotores del radiotexto, en un alarde de humildad, apuntaban que el sistema "puede ser revolucionario en la educación", por sus aplicaciones en la escuela, decían. Cabría pensar que, a lo mejor, se vinieron un poco arriba. Claro que eso, lo de venirse arriba, fue tan ochentero como los cardados, los calentadores o los avances tecnológicos que se quedaron en nada.

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