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De votar y debatir

Una tarde en la Liga de Debate Universitario

Dos equipos de debate discutiendo lo que hay que hacer en Siria /

Hay un recuento de votos en el Congreso de los Diputados mientras en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza aún se discute de política internacional. Por casualidad, esta es semana de debates en ambos recintos. En el de Madrid, tras los leones que esculpió el aragonés Ponciano Ponzano, buscan un presidente de gobierno. En el de Zaragoza, tras las puertas que vigilan Andrés Piquer, Miguel Servet, Ignacio Jordán de Asso y Fausto de Elhuyar, se busca al equipo que representará a la universidad cesaraugustana en al final de la Liga de Debate Universitario.

A este equipo le ha tocado defender las acciones militares /

Aquí todos los contendientes tienen que responder a la misma pregunta: ¿La solución de la crisis de los refugiados en Europa debe contemplar acciones militares en los Estados fallidos de origen? Da igual lo que cada uno piense al respecto porque hay que estar preparado para argumentar a favor y en contra. Esto, en ocasiones, propicia algunas situaciones paradójicas.

En la sala Joaquín Costa, a las 18’30, compiten dos equipos cuya imagen es radicalmente opuesta y, en teoría, representativa de polos muy distantes en el pensamiento político. A un lado, tres estudiantes de Filosofía con una estética que va de la perilla a la barba cerrada, pasando por el corte de pelo apache, pendientes, una fina coleta al estilo de José Muñoz, el de Estopa, y camisetas con la efigie de Mike Tyson o el lema “Aragón Antifascista”. En la mesa de enfrente, tres estudiantes de Ingeniería de Organización Industrial en el Centro Universitario de la Defensa; tres jóvenes militares que no han venido de uniforme castrense, pero sí vestidos milimétricamente igual: traje azul marino, camisa blanca y corbata azul cielo; como quien va de boda.

Este equipo ha llevado rosas para argumentar en contra /

 El equipo de filósofos se llama Honorable Hassan Nasrallah, nombre del líder del grupo político y armado chiita libanés Hezbolá, el Partido de Dios. El equipo de militares se llama Suits, nombre de una serie norteamericana de televisión. Cuando se sortean las posturas a defender, a los filósofos les toca apostar por las acciones militares. A los militares, oponerse a ellas. “Esta es la historia del mundo al revés”, cantaba Amaral, “hierba roja, verdes amapolas”. Lo cierto es que resulta muy saludable ver cómo tienen que argumentar en contra de lo que supuestamente manifiesta su aspecto exterior, en lo que toda estética tiene de transmisión de actitudes e ideas. No importa lo que piensen. Aquí han venido a exhibir sus dotes de oratoria y su capacidad de argumentar y persuadir, independientemente de lo que cada uno piense.

Hay muchos más equipos de debate, con nombres de lo más variado: Hispanos, Irrationals, Hablando en Sirio. En varios de ellos destaca la presencia femenina. Por varias cosas: por su número, por su amplitud de recursos y, en algunos casos, por su puesta en escena y por su vehemencia. Las chicas tienden a salir más del atril, deambular por la sala y acercarse a los jueces. También se escuchan en sus voces los argumentos expresados con mayor contundencia. Debaten con convicción, pero sin perder las formas. Aquí eso se sanciona. En el debate de Madrid, no.

Contendientes, jueces y árbitros bajo la protección de Servet y Jordán de Asso /

Algún juez piensa que esta actividad voluntaria debería ser obligatoria y sin esperar a la universidad. Propiciar que hablemos en público desde niños. Enseñarnos desde el colegio a analizar una postura y la contraria. A argumentar a favor y en contra. A ponerse en la piel del oponente. A dudar. A pensar.

Después de toda una tarde de debates, yendo y viniendo de sala a sala por los pasillos del Paraninfo, quedan por conocer los resultados. No parece que haya mucho nerviosismo entre los participantes que aguardan el veredicto. De muchos se diría que la experiencia en sí ya les ha resultado muy gratificante. Cuando todo acabe, es muy probable que muchos de los contendientes vayan juntos a tomar algo. Quizá alguno se meta en el cine. A menos de trescientos metros, en las salas del Palafox, proyectan una película española recién estrenada; se titula Tenemos que hablar.

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