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“Nosotros somos la primera señal de alarma”

Teléfonos móviles, antenas de telefonía, inalámbricos, wifi. No solo en casa, también en cafeterías, transporte público, bibliotecas o parques. La Asociación Electrosensibles por el Derecho a la Salud (EDS) pide a los ayuntamientos que frenen la expansión de de redes wifi. Expertos en bioelectromagnetismo cren que ha llegado el momento de "rebajar los niveles medios de la exposición".

Carlos, Carmen y Minerva forman parte de la Asociación Electrosensibles por el Derecho a la Salud (EDS). Con ellos quedamos el Retiro, pero no en cualquier lugar, al lado de la caseta que tiene un grupo de aficionados al ajedrez, detrás del Palacio de Cristal, porque "este es uno de los lugares con menos exposición electromagnética del Retiro".

"Cuando estoy muy expuesta a ciertos entornos, mi corazón se pone a dar brincos". Carmen, trabaja como informática en la Universidad Complutense aunque ahora está de baja médica. Sufre constantes taquicardias, y ya ha pasado dos veces por el quirófano.

Para Carlos, lo peor, son "tremendos dolores de cabeza". En su caso además suma sensibilidad química que le obliga a llevar mascarilla y vivir "prácticamente aislado" "Ya me da igual que piensen que soy un marciano, lo importante es mi salud". "No hay ningún sitio al que pueda ir, ni siquiera a servicios básicos como una consulta médica, ir a una biblioteca, utilizar el transporte público". "Hay ciertas horas -añade Carmen- en las que es imposible porque van todos con el teléfono móvil. Es como si literalmente, me metiera en un microondas".

Minerva Palomares es la presidenta de EDS. En su caso, según cuenta, tuvo suerte hasta que sus vecinos decidieron colocar un router. Ahora ha tenido que cambiar de casa. "No sólo son los dolores de cabeza, es el no poder, no saber muy bien ni dónde estás". Un tribunal médico determinó su incapacidad laboral permanente. Ahora, su objetivo es conseguir que las administraciones y la población en general tomen conciencia de que "nosotros somos la primera señal de alarma".

Igual que el ayuntamiento de Madrid ha tomado medidas para frenar la contaminación, restringiendo el tráfico cuando ha sido necesario, "nosotros creemos que en este terreno también hay que aplicar el principio de precaución". Por eso piden que reconsidere la decisión de colocar 350 nuevos puntos de conexión wifi en la capital. Defienden el beneficio de la tecnología, pero cree que "también hay que aplicar el principio de precaución.

Ceferino Maestu, doctor en Medicina, director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid, cree que aunque en este momento "no se puede establecer una relación causal, sí hay razones para pensar que existe un nuevo campo de respuesta que es la electrosensiblidad" y ya hay "muchas publicaciones científicas en este sentido".

Cree que "la normativa actual de protección a la salud planteada por la UE está obsoleta". "Se plantearon como límites en el año 2.000 y ya han pasado mucho años". Por eso, considera que "habría que rebajar esos límites de protección a niveles muchos más bajos siguiendo la recomendación del Parlamento Europeo, porque la tecnología lo permite en este momento".

Considera que "la moda" de instalar puntos abiertos de conexión wifi en las ciudades" responde al "desconocimiento". Hace un llamamiento a comunidades autónomas y ayuntamientos para que "reflexionen sobre el uso masivo de estos sistemas cuando hay personas que están respondiendo de forma hipersensible". "Creo -concluye- que habría que rebajar los niveles medios de la exposición".

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