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Las calles de la “riuà”

La riada del 57, grabada a fuego en el imaginario colectivo, cambió para siempre la fisonomía y la ancestral relación de Valencia con el río que le dio la vida

En la memoria compartida de los valencianos existe un antes y un después de aquel fatídico 14 de octubre de 1957. Todos los que tenían uso de razón en aquellas fechas jamás olvidarán dónde les sorprendió la crecida ni qué estaban haciendo en el momento que el Turia reclamó para sí las tierras que una vez fueron suyas. La riada del 57, la “Riuà” por antonomasia, está grabada a fuego en el imaginario colectivo de una ciudad que desde aquel día cambió para siempre su fisonomía y su ancestral relación con el río que le dio la vida.

A consecuencia de la riada, el cauce del río se desvió por el sur de la ciudad y se construyeron modernos polígonos de viviendas para acoger a los vecinos damnificados. Los nuevos barrios y calles nacidas a raíz de la catástrofe acogieron también un nuevo tipo de toponimia urbana, creado ex profeso para glorificar el nombre de las naciones, instituciones, pueblos y personalidades que habían ayudado a los valencianos en su particular guerra contra el barro. Hoy, aquellas calles de la “Riuà” siguen formando parte de nuestro nomenclátor y son testimonio de esta parte de nuestra historia que no hemos querido olvidar.

Toponimia en testimonio de gratitud       

De entre todos los pueblos y comunidades que se volcaron con la ciudad de Valencia en los días posteriores a la riada, destaca sobremanera el murciano, que bajo el lema “Murcia por Valencia”  y desde los micrófonos de Radio Juventud de Murcia logró movilizar a toda la sociedad en ayuda al pueblo valenciano. La solidaridad y cariño transmitido desde Murcia caló en Valencia y el Ayuntamiento quiso agradecer el gesto de humanidad rotulando las calles de la ciudad con todo aquello que recordase a nuestros vecinos del sur, en su memoria y homenaje.

Así, el primer polígono de viviendas del “Plan Riada” construido en Valencia fue bautizado con el nombre de Virgen de la Fuensanta, en honor a la patrona de Murcia. También las dos plazas y las siete calles de dicho barrio debían llevar los nombres de otras tantas ciudades murcianas: las plazas de Murcia y Cartagena y las calles de Lorca, Mula, Cieza, Caravaca, Yecla, Totana y Archena. Pero salvo la plaza de Murcia, que continua vigente en la Fuensanta, las demás ciudades fueron nombrando otras calles de nueva planta que se iban abriendo en la ciudad y el resto de callejero del nuevo barrio fue consagrado a otras figuras relevantes en la ayuda que recibió Valencia.

Así, la colonia de españoles en México, que tanto se volcó con Valencia abriendo suscripciones de ayuda y el empresario hispano-mexicano Santiago Galas, fueron homenajeados rotulando una plaza y una calle del complejo de la Fuensanta. También el rey de Arabia Saudí, Saud Bin Abdelaziz y el general dominicano Trujillo fueron ofrendados con una calle, aunque este último fue desposeído de la misma por el ayuntamiento democrático de 1979. Los Príncipes de Mónaco, Grace y Rainiero, que un año antes de la riada habían estado de luna de miel en la ciudad, donaron un millón de francos para la causa y también se encuentran representados en el callejero. Finalmente La Habana y la República Dominicana, como homenaje también a la solidaridad de estos pueblos con Valencia, fueron correspondidos con el nombre de una calle en aquel barrio.

Mención aparte merece la soprano valenciana Lucrecia Bori, que en aquellos momentos era miembro del consejo de dirección del Metropolitan Opera House de Nueva York y organizó un comité benéfico para recaudar ayudas entre la sociedad neoyorquina. Lucrecia Bori, junto a los hermanos Iturbi y un elenco de músicos españoles, celebraron una velada en abril de 1958 en favor de Valencia, y los beneficios fueron entregados por ella misma en persona al Marqués del Turia. Su nombre, la calle de Lucrecia Bori, también luce hoy en día en el barrio de la Fuensanta.

Diferentes naciones, personalidades e instituciones que también se solidarizaron con el pueblo valenciano fueron correspondidas con un rincón de la ciudad, como la avenida de Suecia o la plaza de la Armada Española. Sin embargo, otras ayudas menos mediáticas, pero igual de valiosas, no fueron obsequiadas de la misma manera. Así está formado nuestro nomenclátor callejero, por aquello que han querido hacernos recordar y olvidar.

Puedes leer el artículo completo en: 

http://valentinatopofilia.wordpress.com/

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