Ponen de moda el verbo zascandilear para conocer los pueblos de Cuenca

Jesús Manzano y Diego Leache, de Horcajada de la Torre, son los creadores del blog Zascandileando por Cuenca, una iniciativa para conocer la provincia

Jesús Manzano y Diego Leache creadores de Zascandileando por Cuenca. /

El blog Zascandileando por Cuenca ofrece opciones de ocio y turismo por los pueblos de la provincia, una serie de propuestas que hacen sus creadores, Diego Leache y Jesús Manzano con el objetivo de dar mayor visibilidad a las zonas rurales de Cuenca.

Entrevista con Jesús Manzano en 'Hoy por Hoy Cuenca'. / Paco Auñón

Según la RAE la palabra zascandil significa “persona despreciable, ligera y enredadora y también hombre astuto, engañador, por lo común estafador”. No son muy buenos adjetivos los que definen a esta palabra que en Cuenca asociamos más con alguien inquieto y activo aunque también pillo y espabilado. Zascandilear no es más que hacer el zascandil y eso es lo que nos proponen los dos jóvenes creadores del portal web Zascandileando por Cuenca. Diego Leache y Jesús Manzano descienden del pueblo conquense de Horcajada de la Torre y desde los “madriles”, donde residen, decidieron curar la morriña conquense con esta página web. “Buscando información de la provincia siempre encontramos mucha información de la ciudad”, dice Manzano, “pero encontramos un cierto vacío en cuanto a los pueblos y pensamos que podríamos cubrir ese hueco con este tipo de blog”.

Atardecer sobre Horcajada de la Torre. / zascandileando.com

El portal web presenta varias secciones sobre naturaleza, ocio, gastronomía, ciudad de Cuenca, curiosidades y entrevistas. “Hablamos de los pueblos, de la naturaleza de la provincia, cada semana presentamos los planes zascandiles que llamamos, y que es una agenda de actividades”, explica Manzano. “Si visitamos un restaurante escribimos después sobre gastronomía”. Además han proclamado un manifiesto zascandil en el que presentan el espíritu de este amor por Cuenca y sus pueblos y una forma muy conquense de viajar y a la que nos sumaríamos en cualquier momento: “Porque nos gusta ir a tomarla en los pueblos. Porque un botellín y unas cortezas nos hacen más felices que unas castañuelas. Porque siempre intentamos echar un refrigerio en los bares, en caso de que haya o lo consigamos localizar. Y, si es hora, comemos algo para reponer fuerzas. Por supuesto, unos chatos de vino y unas latillas en la cueva conforman un plan al que tirarnos de cabeza”.

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