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OPINIÓN FRAN GUAITA

Sátrapa y genuflexo

García Pitarch convierte la rueda de prensa en la que iba a explicar su dimisión en un ajuste de cuentas. Cero autocrítica y ni una referencia negativa directa a Peter Lim y Jorge Mendes

Para quienes esperaran -ilusos de ellos- alguna explicación detallada, alguna razón concreta que justifique el drama y la decadencia que azota Mestalla, va a ser que no. Fiel a su línea de conducta desde hace un año, Jesús Vicente García Pitarch se marcha del Valencia señalando al empedrado, lavándose las manos, culpando de todo a la afición, a un sector de la prensa... y a Damià Vidagany, actual jefe de marketing de la SAD. Ninguno de los tres señalados ha tenido nada que ver en la confección de la plantilla que está cuarta por la cola y a un punto del descenso. Esa responsabilidad, quiera Pitarch o no, es suya y de Peter Lim. Por los siglos de los siglos. 

La ignominiosa rueda de prensa de esta tarde en el Valencia Palace, además de estar repleta -una vez más- de contradicciones, además de retratar la hipocresía del personaje, evidencia uno de los grandes males endémicos que tiene al club de Mestalla al borde del abismo y camino de la Segunda División: hay demasiada gente con el escudo del murciélago en el pecho pensando en salvar el trasero. Casi nadie en la entidad repara en la extrema gravedad de la situación. 

La comparecencia de esta tarde ha sido una farsa. Porque no era para dar explicaciones. El objetivo era otro, ajustar cuentas, llevar a cabo una vendetta personal. Cada uno que crea lo que le dé la gana, pero comprar que todos los problemas del Valencia son responsabilidad de Damià Vidagany y Anil Murthy sería de necios. Conmigo que no cuenten.

Uno es jefe de marketing y el otro un consejero que lleva tres telediarios en la ciudad. Que Damià tuvo responsabilidad en la absurda medida de los +30 de la Curva Nord es algo repetido hasta la saciedad desde el mes de agosto. Pero hoy no era el día de la Curva. Hoy era el día del equipo de fútbol que ha sumado 13 puntos de 48 posibles. Desviar interesadamente el foco de atención hacia la grada, empleando además un sesgo populista tan viejo como casposo, define el punto de desquicio al que ha llegado Pitarch. 

Eso sí, como de costumbre, a los poderosos ni rozarlos. Jesús Vicente en estado puro. Mucho cariño para Lay Hoon, mucha comprensión para Peter Lim y toda la admiración para Jorge Mendes, a ver si es capaz de engañar a alguien pronto y proporcionarle un nuevo trifásico para no salir de la rueda.

Nos quedamos con las ganas de saber si volvería a fichar a Siqueira, que ayer volvió a pedir el cambio a los 45 minutos, o a Mario Suárez, que hoy ha provocado un nuevo incendio al club con un ataque de bobería en redes sociales tras sus cagadas defensivas anoche en Pamplona. De eso no ha hablado hoy García Pîtarch. Ni lleva gloria ni deja paz. Afortunadamente, ya es historia. 

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