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SER COFRADE

Las hermandades que el tiempo se llevo (II)

De manos del historiador José Antonio Díaz nos acercamos para descubrir una de las grandes hermandades y devociones que acogió granada desde el siglo XVII: la Virgen de los Dolores, de Los Servitas de Granada

Virgen de la Soledad del Calvario, de José de Mora, se veneró originalmente como Virgen de los Dolores, en la Hermandad de los Servitas /

La historia de Granada encierra tras de si un importante legado y el patrimonio cultural del que dispone la ciudad es un testimonio de todo ello. Muchas de esas grandes obras de arte nacieron con un propósito claro y, a veces, bajo el patrocinio directo de las cofradías. La pena de toda esta cuestión es que el tiempo ha borrado la conciencia y el recuerdo de toda esa historia a pesar del trabajo que hacen nuestros investigadores e historiadores.

Dentro del ciclo de reportajes de "Las hermandades que el tiempo se llevó" hoy intentaremos hacer memoria de ese bagaje cultural y devocional de Granada; y para ello contaremos con la colaboración del historiador del arte José Antonio Díaz, quien realizó su tesina sobre el Oratorio de san Felipe Neri (actual iglesia del Perpetuo Socorro), donde se recogía la historia de la Hermandad de los Servitas, hoy extinta, y que dio para el patrimonio de Granada una de sus obras cumbre: la Virgen de la Soledad de José de Mora.

 

El Perpetuo Socorro y la Virgen de los Servitas

Podría decirse, sin miedo al equívoco, que los muros del Oratorio de Nuestra Señora de los Dolores, aquellos mismos que comenzaron a erigirse en 1686 bajo la dirección y diseño del genial arquitecto Melchor de Aguirre, fueron concebidos en cierto modo para engrandecer el destino de una hermandad. El ideólogo de esta iniciativa no fue otro que el arzobispo Diego Escolano y Ledesma, quien en 1670 aprobó el establecimiento de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri en Granada, con sede en una anterior hacienda ubicada sobre uno de los murallones de contención del río Beiro frente al Hospital de San Juan de Dios.

Ya en esas fechas y con las elucubraciones sobre la construcción del nuevo templo, el arzobispo había llevado a cabo su idea de hacer de este establecimiento regular la sede de la Venerable Hermandad de la Orden Tercera de Siervos de Nuestra Señora de los Dolores, popularmente conocida como de los Servitas. Como titular de cofradía y templo se encargó al insigne imaginero José de Mora la realización de una dolorosa que siguiese el modelo iconográfico planteado por Gaspar Becerra para la Virgen de la Soledad del Convento de la Victoria de Madrid, sobre las exigencias devocionales impuestas por la reina. Aquella primitiva Virgen de los Dolores, que hoy se venera bajo la advocación de Soledad del Calvario, estuvo circundada por hechos milagrosos desde el momento de su hechura y su hermandad fue una de las más notables de la Granada Barroca, procesionando dos veces al año, tanto el Viernes de Dolores como el domingo siguiente a la fiesta del 15 de septiembre.

La devoción eminentemente mariana que primaba entre los muros del Oratorio cobró nueva fuerza en el primer tercio del siglo XVIII, cuando se funda en ella una nueva corporación que tomó por titular a la Virgen de Belén, cuya solemne novena y procesión se celebraban hacia mediados de cada mes de enero, una vez pasado el tiempo de Navidad. Existió también una hermandad establecida para rendir culto a Nuestra Señora de la Salud, así como otra conformada por clérigos misioneros que tomaba como titular a la Virgen del Buen Suceso. Por su parte, el fundador de la orden clerical, san Felipe Neri, contó con su propia corporación de fieles promovida por los mismos padres oratorianos. Así sucedió también con devociones más comunes como san José o el Santo Cristo de Burgos, o con otras más excepcionales, caso de san Andrés Avelino, considerado como abogado de quienes fallecen por muerte súbita.

Iglesia del Perpetuo Socorro en los fastos de la coronación del icono en 1915 / PP. Redentoristas

Las exclaustraciones de 1835 implicarían la dispersión, cuando no extinción, de todas estas confraternidades pías, de las que tan sólo la correspondiente a la Virgen de los Dolores se mantuvo activa en la iglesia de Santa Ana hasta los últimos años del siglo XIX. No sería hasta 1913 cuando el viejo oratorio cobrase nueva vida con la llegada de los Padres Redentoristas, ahora bajo la denominación de Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, advocación mariana con que se estableció en este lugar la nutrida archicofradía que aún perdura. En estos años previos a la Guerra Civil, la familia Pérez de Herrasti protagonizaría un fallido intento por refundar en este lugar la hermandad de los Dolores, por lo que el antiguo oratorio no volvería a cobijar una cofradía de penitencia hasta que la de la Borriquilla lo ocupase como sede de salida desde el año 2000. Así también rebrotaría la congregación de devotos de san José y se establecería la Hermandad de los Artilleros, para rendir culto a su patrona santa Bárbara, siendo especialmente populares por los llamativos altares de cultos que levantaban con las más dispares piezas de artillería como base de su ornato.

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