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Desprendimientos de rocas en las hoces de Cuenca y otras consecuencias del invierno

Los desprendimientos de rocas más significativos ocurrieron en 1936 sobre el hocino del Huécar, en 1947 con cuatro víctimas mortales, en 1965 sobre las Angustias y en 1968 sobre la playa artificial

Postales de Cuenca. El hocino de la hoz del Huécar. /

Esta semana, en Páginas de mi Desván, José Vicente Ávila nos recuerda distintos desprendimientos de rocas en las hoces de Cuenca como el ocurrido en 1936 en la Hoz del Huécar, escenario que vivió otro hundimiento en el año 1947, éste con cuatro víctimas mortales. Otro ocurrió en 1965 en las Angustias y, más recientemente, en 1968 en la Hoz del Júcar, cayeron varias rocas a la altura de la Playa Artificial.

Sobre el hocino

Fue el lunes 23 de marzo de 1936 cuando la ciudad de Cuenca sufrió un fuerte temporal de lluvia y nieve. En la Hoz del Huécar se produjeron desprendimientos de bloques de piedras desde el sitio conocido como el Hocino del Conde de Toreno, que posteriormente se llamaba Hocino de Kleiser y más tarde Hocino de Federico Muelas, como se dice en la actualidad, aunque en realidad pasó a ser el hocino de Saura, abandonado a su triste suerte y hoy en día prácticamente hundido. Curiosamente hacía seis años que se había producido otro gran desprendimiento de rocas que, según las noticias de entonces hablaban de “enormísimas piedras” las que cayeron.

En rojo el lugar del desprendimiento. / Archivo José Vicente Ávila

El desprendimiento del 36 supuso que quedase destrozado el acueducto de conducción de agua a la ciudad, dejando entonces a Cuenca varios días sin suministro de agua. Decía la noticia que el Ayuntamiento, que se encontraba en difícil situación económica (algo que no ha cambiado mucho), recurrió al Gobierno de la República para que el Estado pusiese remedio al gran problema originado. El llamamiento se hacía para que el agua potable pudiese llevarse al asilo, la cárcel y diferentes centros asistenciales, al tiempo de vigilar el estado sanitario.

Se comentaba en la prensa que las mujeres, en grandes caravanas, buscaban el agua en manantiales cercanos a las Hoces del Júcar y del Huécar, y que como ya venía siendo costumbre, empleaban el agua de los dos ríos para fregar y el lavado de la ropa, sobre todo en el puente de San Martín, bajo las Casas Colgadas. Enfrente se veían las rocas caídas en la que los servicios municipales y voluntarios se afanaban en ir quitando.

Cuatro muertos en 1947

Desprendimiento en el Huécar. / Archivo José Vicente Ávila

En 1947 se produjo el desprendimiento más grave de los registrados en los últimos años en el entorno de Cuenca, cuando unas rocas cayeron en la hoz del Huécar y causaron la muerte de cuatro personas. Un suceso que conmocionó a la ciudad. Se escribía entonces que “un bloque de más de cinco mil toneladas obstruccionaba la carretera de Palomera, además de que un gran sector de la ciudad permaneció a oscuras todo el día a consecuencia del suceso”. De milagro no hubo más víctimas, pues el bloque que cayó en la carretera derribó la caseta de arbitrios y los postes de la luz. El guarda había salido a pasear y se salvó, así como una pareja de novios que pudo salir corriendo en dirección al Portland. También se salvó el pintor catalán Jaime Serra, que era muy asiduo a pintar en esa zona. Pero la tragedia quedó marcada para siempre con esas cuatro víctimas.

Desprendimientos en las Angustias

Noticia en Abc el 10 de noviembre de 1965. / ABC

El siguiente suceso de caída de rocas se produjo en el entorno de la ermita de la Virgen de las Angustias, sin que se produjesen víctimas, aunque pudo haberlas, dado que cayeron sobre la vivienda del santero. Ocurrió el 9 de noviembre de 1965. Bajando hacia las Angustias se aprecian unos dólmenes de piedra o tolmos, que son toda una referencia kárstica del singular paisaje y rincón de las Angustias, al que se llega tras bajar varias escalinatas. Martín Álvarez Chirveches hacía una somera explicación en su crónica en Abc para situar al lector ante el suceso: “Quizá por el tiempo y también por la persistencia de las lluvias, unos trozos de los “tormos”, que son como dosel del famoso santuario mariano, se desprendieron para proyectarse, si no sobre la ermita, sí sobre la vivienda que ocupa el santero”.

Describía Álvarez Chirveches que “piedras de tamaño más que regular cayeron sobre el tejado, abriendo brechas para llegar hasta el interior de las dependencias como si hubiesen caído proyectiles”. La mejor noticia es que la familia de santeros que cuidaba de la ermita no se encontraba en esos momentos en la cocina, que fue la zona más dañada. Se aconsejó a los santeros que dejasen la vivienda por unos días.

Rocas sobre la playa

De las efemérides conquenses que publica José Luis Muñoz en su web Olcades.es en la sección “Los días del pasado”, leemos que el 14 de diciembre de 1968 “Dos grandes bloques de piedra, desprendidos de las paredes de la hoz del Júcar, caen sobre el kilómetro 3 de la carretera de Tragacete quedando uno de ellos, el de mayor volumen, sobre la calzada, con interrupción del tráfico mientras que el otro impactó sobre la recién construida piscina de la Playa”.

En blanco el lugar del que se desprendieron los rocas. / Archivo José Vicente Ávila

“Ese derrumbamiento lo pudimos escuchar los vecinos del Castillo, casi entre sueños”, recuerda José Vicente Ávila. “Nosotros teníamos la casa en el camino de San Isidro y el derrumbamiento nos despertó en el silencio de la noche. Fue como un estruendo que nos sobresaltó, en una madrugada además de frío intenso. Ya con las luces del día pudimos ver la descarnadura de las rocas y los bloques de piedra que habían caído en la carretera y sobre la piscina de la playa, que se había estrenado ese verano y quedó destrozada. Se comentaba entonces que el gran desprendimiento había sido por los hielos. Y hace pocos años, desde el farallón rocoso de enfrente, por el que tenemos el camino de San Isidro o de Valdecabras, cayeron dos grandes piedras que están sobre las laderas del camino andariego del Paseo del Júcar, cerca de la conocida como ribera de San Juan”.

23 grados bajo cero en Tragacete

La noticia llegó a la prensa nacional. / Archivo José Vicente Ávila

Ocurrió el 24 de enero de 1958 en Tragacete y fue noticia de primera página en toda la prensa nacional. Se informaba de que en Tragacete el termómetro marcó 23 grados bajo cero, mínima récord en España. Se suspendieron todas las tareas agrícolas, las calles estaban desiertas y el vecindario en las casas al calor de las estufas y la lumbre baja. No se produjeron víctimas y lo que se agotó fue la leña, aunque con los montes tan cercanos no faltó el suministro. Como anécdota cabe decir que cuando llamaban al ayuntamiento para hablar con el alcalde tuvo que hacerlo el secretario, ya que el primer edil, Valentín Sevilla, se encontraba enfermo en cama desde hacía varios días.

Nevadas históricas

El 14 de diciembre de 2009 un gran manto de nieve que cubrió más que de blanco la capital de la provincia y la Mancha, de tal manera, que hacía más de 30 años que no se veía una nevada tan copiosa, que llegó a alcanzar los 25 y 30 centímetros.

Pero la que fue nevada histórica fue la del 6 de febrero de 1606, pues cayó en Cuenca una nevada tan grande que causó muchos daños, duró largo tiempo y encareció la leña por la dificultad en transportarla y tan necesaria para estufas y lumbre baja.

El Júcar helado

El 15 de febrero de 1829 el río Júcar amaneció completamente helado hasta el punto de que los ganados pasaban sobre hielo de una a otra margen y al decir del historiador Muñoz y Soliva, “se tiraban piedras de cuartilla desde el puente de San Antón, sin que rompiesen el hielo”.

Este invierno no ha sido tan duro como los de estas efemérides pero nos ha dejado también estampas de hielo, sobre todo en el mes de enero.

Embalse de la Toba helado en enero de 2017. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

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