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Tycho Brahe, un astrónomo y profeta en el Renacimiento

Una noticia aparecida hace unas semanas añade todavía más misterio a una figura ya de por sí rodeada de sombras

Una noticia aparecida hace unas semanas añade todavía más misterio a una figura ya de por sí rodeada de sombras /

El astrónomo pretelescópico Tycho Brahe, una figura controvertida per se porque compaginaba a la perfección su visión científica con una creencia en lo mágico sólo posible en tiempos del Renacimiento.

Y es que un grupo de investigadores ha descubierto que sus restos, enterrados en Praga contenían grandes cantidades de oro, lo que les ha llevado a esgrimir que, como rezaban las crónicas, Brahe era un apasionado del arte alquímico, de la llamada Gran Obra. Además, descubrieron también la presencia de otros metales, como el mercurio –un elemento importante de la transmutación de los metales–, aunque no en cantidades suficientes para haber provocado su muerte por envenenamiento, como sostenían sus biógrafos hasta ahora, lo que abre nuevos interrogantes sobre su figura.

Durante años, Brahe estuvo al servicio de Federico de Dinamarca, quien construyó para él el observatorio de Uranienborg, uno de los más célebres de su tiempo, a caballo entre los siglos XVI y XVII. Pero a la muerte de este soberano, con los ingresos congelados y una investigación abierta de la Inquisición por sus sospechosas práctica, recaló en la Praga mística del callejón de los alquimistas y se puso bajo el mecenazgo de Rodolfo II de Habsburgo, perfeccionando no sólo sus trabajos astronómicos sino convirtiéndose en una suerte de mago personal del soberano. Sus contemporáneos le atribuían capacidades proféticas, de las que él mismo, un vanidoso insoportable según los cronistas –lo que no disminuía su genialidad en el campo científico–, se jactaba. Rodolfo II, que sería conocido como “el emperador de los alquimistas” o “el rey de las sombras”, quien coleccionaba objetos mágicos en sus extraños gabinetes de las maravillas y era un apasionado de las ciencias ocultas –de las que se prendó durante sus años de formación en la corte de su tío, el español Felipe II–, no daba un paso sin consultar a Brahe en cuestiones de las estrellas.

En Praga se vendía un brebaje que llevaba el nombre del astrónomo y al que se atribuían virtudes terapéuticas, y él mismo elaboró otro para Rodolfo que contenía al parecer melaza, oro potable y tintura de coral, y el emperador atribuyó al bebedizo durante toda su vida, como buen supersticioso, facultades milagrosas. Es posible que él mismo, a la vista de las nuevas informaciones sobre su cadáver, ingiriese algo parecido. Y es que en su cuerpo –analizado por primera vez en 1901, coincidiendo con el 300 aniversario de su muerte–, se ha encontrado una cantidad de oro de entre 20 y 100 veces superior a la que posee una persona normal, lo que indica que estuvo en presencia de este metal mucho tiempo. Brahe moría el 24 de octubre de 1601 al parecer a causa de un fallo renal tras un banquete en casa de un aristócrata checo. Durante mucho tiempo se creyó que había sido envenenado con mercurio, probablemente por orden del rey danés Cristián IV, lo que parece casi descartado actualmente, aunque la nueva investigación no hace sino arrojar aún más interrogantes sobre su enigmático final.

Hoy, en nuestra sección de Misterios de la Historia, recordamos al personaje y analizamos los nuevos datos descubiertos con Óscar Herradón, redactor jefe de la revista Enigmas, que este mes recoge un amplio reportaje sobre el tema.

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