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SER COFRADE

Las hermandades que el tiempo se llevó (V)

La iglesia de san Pablo acogió hermandades jesuitas hasta el siglo XVIII, a las que se incorporaron otras tras el traslado de la parroquia de san Justo y Pastor a la antigua colegiata

La Hermandad de los Estudiantes sale, cada Miércoles Santo, desde la antigua Colegiata jesuita de san Pablo, actual parroquia de san Justo y Pastor /

Nuestra mirada histórica hacia las hermandades del ayer llega a su fin. Las cofradías de la iglesia de san Pablo, actual parroquia de san Justo y Pastor, serán el último objetivo para esta Cuaresma, en la que desde SER Cofrade, y gracias a la colaboración del historiador del arte José Antonio Díaz, se pretende recoger la historia cofrade de la que fue colegiata de los jesuitas entre los siglos XVI y XVIII.

El ciclo "Las hermandades que el tiempo se llevó" llega a su fin, después de las colaboraciones realizadas por los compañeros de SER Cofrade e historiadores del arte José Antonio Díaz y David García. Una retrospectiva a través de ciclo templos - La Magdalena, Perpetuo Socorro, Convento de san Francisco, Santa Cruz la Real y San Pablo - donde dar ac onocer el legado de las cofradías de Granada, muchas de ellas desaparecidas, otras reconvertidas, pero que en definitiva son parte de nuestro ser, de nuestro SER Cofrade.

Las hermandades de la antigua Colegiata de san Pablo

Posar la mirada en la historia de la antigua iglesia colegial de San Pablo, implica necesariamente introducirse en la complejidad de dos instituciones muy diferentes. Por un lado, el interesado se encuentra con aquella Compañía de Jesús que dio principio y razón de ser al conjunto arquitectónico de la actual Plaza de la Universidad, ocupado en su mayor parte por las dimensiones del Colegio de San Pablo (hoy Facultad de Derecho), desde el cual los jesuitas coparon y dominaron la enseñanza de las Siete Artes a las élites de la sociedad granadina. Esta hegemonía educativa de la Compañía fue una constante en todo el mundo católico, de manera que llegaron a ser sus consejos y directrices los que en numerosos casos entretejieron las más dispares tramas de la política nacional e internacional. Por ello, no es de extrañar la crispación que despertaron en numerosos dirigentes políticos, lo que en España se traduciría en la expulsión de la congregación en 1767 por decreto del gabinete ilustrado de Carlos III.

Una vez extinta la Compañía de Jesús del panorama granadino, sería la vecina Parroquia de los Santos Justo y Pastor la más directa beneficiaria de esta situación. Su primitiva sede se alzaba en la actual Plaza de la Encarnación. Así, con la expulsión de los jesuitas se estimó la oportunidad para trasladar la parroquial hasta un mejor y magnificente templo, que dejaría de estar dedicado al “Apóstol de los gentiles”, para adquirir la titularidad de la expresada parroquia. Con ello, pasaría a la anterior sede jesuítica buena parte del patrimonio parroquial y, por supuesto, aquellas hermandades y cofradías que quedaban ligadas en su significación, no a una imagen o a una capilla concretas, sino al ordinario funcionamiento de la vida parroquial. Corporaciones como la Hermandad de Negros y Mulatos, pese a originarse en la Parroquia de San Justo, permanecerían en su sede canónica primera, que ahora pasaba a ser simplemente la capilla conventual del Monasterio de la Encarnación y realizaban, anualmente, su estación de penitencia el Viernes Santo. Finalmente, la deteriorada iglesia sería demolida en 1837, siguiendo políticas liberales de aquella centuria, de manera que sólo se conservan de ella algunos vestigios de la nave del Evangelio, que fue incorporada al monasterio y cuyos restos se han dejado ver tras la reciente restauración.

San Benedicto de Palermo (José de Mora, s. XVII), que se conserva en el Convento de la Encarnación, fue titular de la Hermandad de los Negros / Antonio Padial

Clarificado este contexto, es el momento de entrar a valorar las hermandades y cofradías que llegaron a concitarse entre los muros de la antigua Iglesia de San Pablo. Como se indicaba, este templo no era transitado habitualmente por el común del pueblo, sino que se destinaba a la praxis religiosa de las capas altas de la sociedad, especialmente de los colegiales que recibían su educación de manos de los jesuitas. Consecuentemente, las corporaciones de fieles que van a surgir no van a quedar caracterizadas por aquella religiosidad barroca más popular, sino por una actividad de corte erudito e intelectual. Así pues, la hermandad jesuítica más veterana es la Venerable Congregación del Espíritu Santo, que nace al tiempo del establecimiento de la Compañía en 1567, como corporación espontánea de fieles dedicada al perfeccionamiento espiritual de sus miembros y a la práctica de obras de caridad. Tal fue su envergadura desde el primer momento, que los propios jesuitas la consideraban como la «madre de todas las congregaciones» del colegio, según confirman los trabajos del P. Miguel Córdoba Salmerón.

Por tanto, de esta congregación “matriz”, surgiría las otras tres que desarrollaron una importante actividad en el Colegio de San Pablo. Una de ellas es la Congregación de la Santísima Trinidad, fundada en el año 1600 y conformada exclusivamente por nobles y caballeros granadinos, con idénticos fines espirituales y caritativos; no es sino una vertiente mucho más elitista de un sector que inicialmente se integraba en la Congregación del Espíritu Santo. Otra de las que es posible encontrar se denomina como Antigua, Venerable y Piadosa Congregación del Salvador, erigida en 1608. Sus títulos ya transmiten su raigambre, aunque la entidad de sus integrantes podía ser algo más modesta. De hecho, su origen radica en una escisión promovida por los mismos jesuitas, dentro de una campaña de moralidad con la que reformaron la congregación primigenia. Por último, con anterioridad a 1640 aparece la Congregación de la Anunciación de Nuestra Señora, conformada únicamente por colegiales con el fin de prestar asistencia a clérigos en cualquier ámbito y, sobre todo, en el modo de administrar los sacramentos. Ni qué decir tiene que las funciones principales de estas corporaciones se celebraban sin ninguna clase de privación en la festividad de su titularidad.

A partir de 1767, extintos los jesuitas granadinos, estas congregaciones inspiradas por ellos también fueron erradicadas. Por ello, con el traslado de la Parroquial de los Santos Justo y Pastor, pasan a esta nueva ubicación aquellas cofradías estrictamente ligadas al devenir de cualquier templo parroquial. Por tanto, se incorporan a esta nómina las dos corporaciones sacramentales de la parroquia; a saber, la Hermandad del Santísimo Sacramento y la Esclavitud del Santísimo Sacramento, radicando su diferencia en que la función de la primera no era otra que organizar la procesión del día del Corpus Christi, mientras que la segunda protagonizaba cotidianamente actos de adoración. Por supuesto, tampoco podía quedar atrás la Hermandad de las Benditas Ánimas, cuya misión era la de orar y reunir limosnas para la aplicación de sufragios por los difuntos de la parroquia. También se muda con ellas la Hermandad de Ntra. Sra. de la Misericordia, dedicada a la asistencia de enfermos. Además, la Cofradía Universitaria y Congregación de la Buena Muerte también se traslada hasta aquí, habiéndose configurado originalmente en la Parroquia del Sagrario, a las plantas del Crucificado de Pablo de Rojas, frente a la primitiva sede de la Universidad Literaria que fundase Carlos V en el Colegio de la Santa Cruz (actual Curia Eclesiástica). Se trataba de una suerte de cofradía de ánimas de un corte mucho más intelectual, compuesta por alumnos y personal de la Universidad, que trasladaba su sede al espacioso Colegio de San Pablo, quedando así ligada hasta nuestros días, aunque con diferentes titulares, la Cofradía Universitaria a la Parroquia de los Santos Justo y Pastor.

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