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HOMOSEXUALIDAD E IGLESIA CATÓLICA

"Me dicen que rece para recuperarme, como si ser gay fuera una enfermedad"

Estos días son muchos los actos religiosos que se van a celebrar por todo Madrid. Procesiones y misas a los que una parte de la sociedad no acudirá, bien por que no son creyentes o bien por que han sido excluidos, o al menos así se sienten ellos, de la Iglesia Católica

Banderas LGTB en la Gran Vía de Madrid /

"Tenía 12 años y era monaguillo cuando le confesé al cura que me gustaban los hombres, que me atraía un compañero de clase”. El que habla es Kevin. Han pasado los años y ahora vive feliz en Madrid, pero la vida no siempre ha sido así. Cuando habló con el sacerdote de su condición sexual tenía doce años y vivía en una localidad de tan solo 3000 habitantes en Ciudad Real. Su confesión no tuvo la acogida que él podía esperar.

"El cura me dijo que tenía que abandonar la Iglesia porque no daba un buen ejemplo de vida cristiana. Sentí que se lo tenía que contar porque yo me quería desahogar, ya que hasta ese momento estaba escondido. Pero, en lugar de ayudarme, tuvo el efecto contrario. Me llevé un choque muy grande y desde entonces me oculté hasta que por fin vine a Madrid, donde lo reconocí y empecé a vivir como tal sin ocultarlo".

"Me dicen que rece para recuperarme, como si ser gay fuera una enfermedad"

Contarlo no le facilitó las cosas. Todo lo contrario. Lo que hasta entonces era un secreto dejó de serlo y con ello comenzaron las miradas y los comentarios de los vecinos. "No podía ir ni a procesiones ni nada porque me miraban con mala cara. Ese cura lo contó sin mi permiso y, además, se lo quería decir a mi abuela. Yo le dije que no le contara nada, que eso no se hacía".

Pese a ese primer encontronazo, Kevin no se dió por vencido y quiso hablar con otros sacerdotes, aunque la respuesta fue bastante parecida. "Me dicen que me estoy perdiendo, que voy por unos caminos que no son buenos, que intente recuperarme, que venga a misa los domingos y pida al Señor que me recupere. Me lo dicen como si ser homosexual fuera una enfermedad....", señala contrariado Kevin.

"Me aferré a Dios y también eso me falló"

"Yo me aferré a Dios en ese momento y vi que también eso me fallaba. Entonces yo ya no tenía nada... Por eso caí en la depresión".  Una depresión, nos dice, fomentada por los comentarios vejatorios que le empezaron a hacer sus compañeros de clase. "Me escupían. No podía hacer educación física con ellos ya que evitaban todo contacto. Tocarles era como si yo tuviera un virus y se lo fuera a contagiar. Decidí no cambiarme en el baño de los chicos porque me daba cosa oir los comentarios. Me insultaban constantemente y eso hacía que no quisiera salir a la calle. Lo pasé realmente mal, lo que me llevó a estar dos meses en el hospital en dos ingresos".

Con el paso del tiempo Kevin ha pensado mucho en lo ocurrido. Para que otros no sufran lo mismo que él ahora colabora con la asociación COLEGA. "Me chocan mucho estas cosas, que la Iglesia haga cosas y permita que jóvenes de 15, 14, o 16 años estén en la mierda. Yo creo en Dios. Necesito creer porque, si no, mi vida, en parte, no tendría sentido, pero no creo en lo que dicen los sacerdotes. Se quejan de que ya no van los jóvenes a la iglesia y, a lo mejor no vamos por cosas así", dice.

"Tienen que entender que esto es amor"

Su reflexión no se queda ahí. Kevin va más allá. "Tienen que entender que esto es amor. Mucha gente forma una familia con hijos, una familia monoparental. El amor es amor y ya está".  Pese a su mala experiencia con aquel sacerdote, no descarta volver a hablar con él e, incluso, ir acompañado. "A mi me gustaría en el futuro volver a esa iglesia con mi marido, si Dios quiere que pueda tenerlo, y decirle al cura que yo no hago nada malo, que yo me he casado y que tengo hijos y me gustaría bautizarlos por la Iglesia. Espero que todo eso se vaya normalizando", concluye.

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