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La encantadora Altea, cúpula azul mediterránea

En el corazón de la Costa Blanca alicantina, Altea, abierta a su bahía mediterránea, se sitúa con el telón de fondo de las estribaciones montañosas de la sierra de Aitana.

Foto de Altea /

Por Antonio Martín

En el corazón de la Costa Blanca alicantina, Altea, abierta a su bahía mediterránea, se sitúa con el telón de fondo de las estribaciones montañosas de la sierra de Aitana. Conocida por la imagen simbólica de su cúpula azul decorada, que emerge del blanco y encantador casco antiguo, su caserío va descendiendo hasta la sucesión de excelentes calas y playas y un relajante paseo marítimo con todo tipo de equipamientos y servicios turísticos.

Callejear por las calles y plazas del entrañable centro histórico de Altea, elevado sobre un promontorio, es una experiencia que queda grabada en la memoria. Sobre el baluarte y recinto renacentista declarado Bien de Interés Cultural, conserva el trazado fundacional de 1617, con algunas de sus puertas de acceso al recinto fortificado y se mantienen edificios de la época y de los siglos XVIII y XIX.

Caminando, evocando el carácter bohemio que dio a este espacio la llegada de artistas, creadores y artesanos que aquí se establecieron, desde la plaza del Convento se accede, por Pont de Moncau, donde se encuentra el Museo Casal del Fester, al barrio de la Vellaguarda, transitando calles empinadas y estrechas de pavimento peculiar, miradores y pequeñas glorietas.

Y como referencia, la iglesia de la Virgen del Consuelo, con su interesante museo parroquial con piezas desde el siglo XVII.

Y ya desde el paseo marítimo, en un litoral de aproximadamente seis kilómetros se suceden calas y playas de cantos rodados o pequeños acantilados. Todo un abanico de espacios para disfrutar del sol, el baño, las actividades náuticas o incluso el buceo, tanto en las playas del sur como la Roda, Albir, Cap Negret, la peculiar cala del Soio o la de L’Olla frente al islote que la denomina, como en las calas de grava como la Barreta, la Solsida y la Galera, cerca de la punta del Mascarat y la sierra de Bèrnia.

Además, desde Altea se pueden realizar numerosas excursiones hasta Altea la Vella, el antiguo núcleo de población desde el que se puede ascender a un calvario poblado cipreses, o recorrer rutas como la circular de la sierra de Bernia, la ruta del faro de l’Albir, la vía verde de Altea, la ruta del agua o la ruta del río Algar.

Gastronomía

En Altea se puede disfrutar de la gastronomía mediterránea y excelentes productos del mar y la huerta. La siempre visual subasta de su puerto pesquero proporciona exquisitos pescados y mariscos de la bahía de Altea, que dotan también de todo el sabor a insuperables arroces melosos, la paella marinera o el caldero.

Elaboraciones como el cruet de peix, los erizos, el arròs a banda, empedrat, negre o amb aladroc y los caracoles con cebolla, se combinan con las cocas de tradición alicantina como la coca a la llauna y la coca farcida.

Vinos con D.O. Alicante y postres de herencia árabe, hechos con miel y almendra, turrones y helados artesanos, con el autóctono níspero en compota o en conserva, incluso para elaborar una cerveza artesana, completan un menú para saborear frente al mar.

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