¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

La Ribera del Duero revive sus tradiciones religiosas más ancestrales en Semana Santa

El cántico medieval de los Sayones abriendo la procesión, el encendido de hogueras en Sotillo en el camino de los pasos por la Vía Sacra, la recreación de la pasión en Araúzo de Miel o el rito del Descendimiento en varios municipios, entre ellos Aranda, muestran la originalidad de esta celebración religiosa en la comarca

La Ribera del Duero se tiñe de tradición en Semana Santa /

Tiempo de pasión, de recogimiento, de duelo. Estamos en Semana Santa y estamos en Castilla. Hay costumbres que se han modificado, y en estos días de asueto también aprovechamos para descansar o proporcionarnos una mini-vacaciones con las que desconectar. Pero nuestros pueblos y muchas de nuestras gentes mantienen el fervor y muchos rasgos de la Semana Santa de siempre, que a la vez se han convertido en un atractivo para que otros nos visiten.

En Roa el nombre propio por excelencia de estos días es el de la Cofradía de la Vera Cruz. Todas las demás hermandades de la villa acompañan y colaboran en los actos de piedad de estas jornadas, pero el peso de la organización y de la mayoría de los actos lo lleva este colectivo cuya existencia se remonta casi seiscientos años atrás.

En Roa la Semana Santa agudiza los sentidos: el del gusto, porque no faltan durante estos días la limonada, las torrijas o las saladillas, almendras tostadas. Disfrutamos con la vista, con los cinco pasos que salen el jueves en procesión, donde el oído también es importante, porque, al igual que el viernes, en la procesión del silencio, se entonan “Los Sayones”, intercaladas sus estrofas, atribuidas a Lope de Vega, por el quejido de la esquila.

Hay que escuchar los sayones en su ambiente, al anochecer, con el vigor y desgarro con que lo canta el pueblo de Roa. También es al anochecer del Jueves Santo cuando en Sotillo de la Ribera se encienden más de una docena de hogueras repartidas por todo el pueblo, ante las que la procesión, llamada la Carrera de la Pasión y que cuenta con los pasos del Ecce Homo Jesús atado a la columna, la Oración del Huerto y Jesus Nazareno, se va parando. Hogueras que se encienden en recuerdo de aquella de la que habla el Evangelio, y entorno a la cual Pedro negó a su Maestro tres veces. Los sotillanos están muy orgullosos de la imagen de la Virgen Dolorosa que tienen en su pueblo, que para ellos representa como ninguna la imagen del dolor, de la angustia de la petición de clemencia y piedad. Pero si en Sotillo hay una tradición canora particular es la del canto del Miserere, revitalizado desde hace algo más de un año por el artista y creador local Santiago Izquierdo acompañado de un grupo entusiasta de vecinos y vecinas que han recuperado esta mismo año la tradición de entonarlo cinco viernes de cuaresma, además de hacerlo solemnemente el Viernes Santo e intercalarlo en la procesión del jueves con otros cantos populares.

Varios son los municipios, como Peñaranda o Gumiel de Izán donde el Viernes Santo se celebra el rito del Descendimiento. Todos ellos cuentan con un Cristo articulado, al igual que en Aranda, donde esta ceremonia es uno de los momento cumbre de la Semana Santa. Al Cristo se le van quitando uno a uno los símbolos de la tortura que padeció según las escrituras, como los clavos de manos y pies o la corona de espinas, animado por un sermón que alude al significado espiritual de cada uno de estos pasos. Cuando la figura está liberada de la cruz se la coloca como un Cristo yacente en un sepulcro donde procesionará a continuación.

Con personajes humanos reales se compone otra tradición más moderna pero igualmente consolidada: la recreación de la pasión en Araúzo de Miel, desde la Última Cena hasta su entierro en el Santo Sepulcro, pasando por escenas como el prendimiento, la comparecencia ante Poncio Pilatos, la subida al Gólgota, la crucifixión y el descendimiento. Los vecinos y vecinas de Arauzo están muy orgullosos de esta representación, que cuenta ya con más ce un cuarto de siglo de tradición y en la que destaca el cuidado con que se atiende cada detalle de vestuario, caracterización y ambientación.

Con esta muestra no se agota la riqueza material e inmaterial que la Ribera muestra estos días a cada vez más visitantes que también se sienten atraídos por el turismo religioso o de tradiciones, especialmente en estas vacaciones de primavera.

Cargando