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FOTOS ANTIGUAS DE ÁLAVA

El enigma del cura de 'Bigarren etxea'

Contamos la historia de los extraños personajes que durante unos meses ocuparon uno de los chalets de la vitoriana calle Elvira Zulueta

RECREACIÓN DE LA PRESENCIA DEL CURA EN BIGARREN ETXEA /

Ricardo Augustin es conocido entre otras cosas porque fue quien construyó el palacio que lleva su apellido, situado en el Paseo de Fray Francisco frente a Ajuria Enea. Tuvo allí su domicilio junto con su esposa Elvira Zulueta; hoy es el museo de Bellas Artes de la Diputación.

El nombre de esa calle entre el puente del ferrocarril y El Prado era Paseo de la Senda hasta el 30 de julio de 1897, año en el que se le adjudicó el nombre de Paseo de Fray Francisco. Durante algunos años posteriores a esa fecha e incluso hoy algunos le siguen llamando Paseo de la Senda, a pesar del cambio oficial de denominación.

Hacia 1915, el matrimonio referido al principio, construyó siete chalets en un terreno de su propiedad, situado frente al parque de El Prado, entre el citado Paseo de Fray Francisco y Portal de Castilla. Hubo que embocinar el Río Abendaño, para construir la calle de acceso a las casas levantadas. A la nueva vía urbana se le adjudicó el nombre de Elvira Zulueta, el 3 de octubre de 1917.

Los chalets fueron bautizados por los promotores, del primero al último, con los nombres siguientes: ‘Lenengo Echea’, ‘Bigarren Echea’, ‘Villa San Luis’, ‘Laugarren Echea’, ‘Bostgarren Echea’, ‘Seigarren Echea’ y ‘Zazpigarren Echea’ (1). Todos los chalés conservan hoy ese nombre, labrado sobre la piedra del cierre de las fincas,

La primera casa –‘Lenengo Echea’- es la que tiene entrada por el Paseo de Fray Francisco, portal 22. La segunda –‘Bigarren Echea’- hace esquina a las dos calles - Fray Francisco y Elvira Zulueta -, y es el nº 2 de esta última calle.

Algunos se sorprenden de que la primera casa de la calle Elvira Zulueta lleve el nombre de ‘Biagrren Echea’ (segunda casa). La explicación es bien sencilla: esa casa es la segunda no de la calle, sino de la urbanización construida en su día por los Augustin – Zulueta.

La oficina de Mendizábal

Alejandro Mendizábal Peña fue el ingeniero director de las obras del Ferrocarril Vasco Navarro y tenía como como una de sus tareas más importantes el rediseño y dirección de las obras de ramal Vitoria-Estella, con sus correspondientes estaciones y apeaderos.

Para instalar la oficina correspondiente, alquiló un piso en la calle de La Estación –hoy calle Dato-, que se le fue quedando pequeño a medida que avanzaba en sus trabajos de gabinete y la plantilla que dirigía aumentaba.

Era necesario contar con unos locales más amplios, por lo que en mayo de 1921 alquiló el chalet ‘Lenengo Echea’, del que hacemos referencia al principio. En la planta baja y parte de la primera se instalaron los despachos y en otra parte de esta última su vivienda. La planta segunda se dedicó a dos pequeños apartamentos para los ordenanzas.

Aunque no es objeto de este artículo, dejaremos constancia de la gran eficacia, honradez y responsabilidad de Mendizábal en su trabajo, que dio como fruto un ferrocarril electrificado y moderno, con unas estaciones de arquitectura envidiable para aquellos tiempos.

El enigmático vecino

Sin precisarse la fecha exacta, pero al poco tiempo de tomar posesión el ingeniero de la nueva oficina, el chalet contiguo –‘Bigarren Echea’- fue alquilado.

Al principio Mendizábal y sus colaboradores no dedicaron ninguna atención a los nuevos vecinos, ya que el trabajo les absorbía por completo.

Pasados unos días, a algunos de los empleados les comenzó a despertar la curiosidad y trataron de saber quiénes eran los nuevos residentes; se enteraron de que se trataba de un sacerdote y una señora mayor. Se extrañaron de que alquilaran una casa tan grande -de unos 600 m2-, para dos personas, con un arrendamiento bastante caro. Por otra parte, observaron que la ropa que tendían en los jardines de la casa, tenía pinta de pertenecer a personas con bajo poder adquisitivo.

Daba la impresión de que vivían en un convento de clausura; no abrían ni las ventanas ni los balcones, ni recibían visitas. Los artículos de ultramarinos para su alimentación, eran recepcionados por la señora a través de la verja que cerraba la finca, sin permitir la entrada a los suministradores.

Los empleados de Mendizábal también supieron que el cura salía en ocasiones, pero solamente tras el anochecer, y que estaba ausente con cierta frecuencia.

Tanto misterio despertó algunas sospechas sobre esas personas, así que Mendizábal -según relata en sus memorias- llamó al encargado de los chalets, el cual le indicó que el alquiler se había pagado en Madrid, donde residía el dueño de la casa. Seguidamente se dirigió al chalet de enfrente, propiedad de la familia Iradier, y preguntó al portero de la finca si tenía algún dato sobre el sacerdote y su compañera. El portero simultaneaba ese trabajo con el de policía municipal y normalmente dirigía el tráfico en el cruce de Paseo de la Senda con Elvira Zulueta, por lo que podía estar enterado de algo. El guardia le indicó que no había visto nada anormal y que le habían dicho que el cura había acudido a Vitoria en “misión especial”.

Tras hacer algunas otras indagaciones sin resultados dignos de mención, los vitorianos que tenían relación con el ingeniero Mendizábal, le manifestaron que sus sospechas acerca de los inquilinos eran imaginaciones suyas y que se olvidara del tema.

Pasado el verano los enigmáticos vecinos desparecieron y no se supo más de ellos.

El asesinato de Eduardo Dato

Eduardo Dato Iradier (1856 -1921) nació en A Coruña, si bien su madre Rosa Lorenza Iradier Arce era de Vitoria y pertenecía a una familia con miembros ilustres como el músico Sebastián Iradier y el explorador Manuel Iradier.

Dato ocupó varios cargos políticos entre ellos el de diputado a Cortes por el distrito de Vitoria y ostentó también varias carteras de ministro y presidencias del Gobierno de España.

El 8 de Marzo de 1921, siendo presidente del Consejo de Ministros, sufrió un atentado en Madrid. Dato salió del Senado en coche con chófer en dirección a su casa, acompañado de un ayudante; entonces, un comando de anarquistas catalanes formado por Pedro Mateu, Luis Nicolau y Ramón Casanellas, que se desplazaban en una moto con sidecar, avanzaron tras el vehículo del presidente y, cuando se encontraron a la altura del vehículo, efectuaron varios disparos sobre Eduardo Dato, causándole la muerte.

Dos de los integrantes del comando fueron detenidos, pero Ramón Casanellas Lluch –el que nos interesa en este relato- no fue nunca capturado por la policía; consiguió escapar e instalarse finalmente en la URSS.

Hasta 1944 no se estableció el actual D.N.I., por lo que entonces la identificación de las personas era muy dificultosa. Existía un documento que se llamaba cédula personal, en el que constaban los nombres y apellidos del interesado y su domicilio, pero que carecía de fotografía.

A pesar de los intensos controles establecidos en carreteras y ferrocarriles durante mucho tiempo, la policía no consiguió atraparlo.

El enigmático cura

Pasado el tiempo el ingeniero Alejandro Mendizabal relata, sin citar las fuentes que se lo confirmaron, que consiguió que le aclararan "todo cuanto había sucedido, por una y otra parte". En sus memorias privadas escribe: "Transcurridos unos meses y por casualidad, se me aclaró todo cuanto había sucedido, por una y otra parte. Tuvo que llegar la República para saber los detalles de la actuación de cada uno. El sacerdote que estuvo viviendo en el chalet contiguo a mi oficina resultó ser el anarquista Casanellas. Él fue el asesino de Dato". Según Mendizabal, su vecino era Casanellas, ocultándose de la policía y esperando la oportunidad para cruzar a Francia. 

Mendizabal sostiene que las salidas nocturnas de aquel misterioso cura eran para ir a Maestu a visitar a Isaac Puente, médico y muy importante militante anarquista. 

Casualmente el chalet que se encontraba enfrente de “Bigarren Echea”, donde ejercía de portero el guardia municipal, pertenecía a unos primos de Eduardo Dato, apellidados Iradier.

(1) Se respeta la forma en que está escrito el nombre en el cierre de las fincas, si bien correctamente debe ser: Lehenengo Etxea, Bigarren Etxea, etc. Su significado en castellano es: Primera Casa, Segunda Casa, etc.

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