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Estreptococo Grupo A: el enemigo emboscado

Según fuentes médicas, el estreptococo del grupo A (EGA) ha sido el causante de la muerte de un bebé en Aranda

Los antibióticos pueden acabar de forma fácil con el EGA salvo en casos muy escepcionales /

El culpable de un drama con la muerte de un bebé arandino en las últimas horas tienen nombre y apellido: estreptococo del grupo A (EGA). Un inquilino que podemos tener cualquier persona sin que nos genere ningún problema, pero que, prácticamente sin avisar puede convertirse en un asesino intratable.

La bacteria que, según los últimos datos, ha podido provocar la muerte de una niña arandina de un año en las últimas horas podemos tenerla cualquiera de nosotros. Se calcula que pude convivir en el cuerpo de hasta un 30% de la población, en la garganta o en la piel, sin síntomas y sin provocar patologías. Sin embargo algunas circunstancias pueden hacer que la bacteria se active y provoque infecciones, que pueden ser leves, como una anginas comunes, o la infección de una herida abierta. En estos casos el tratamiento es sencillo, porque no es una bacteria resistente y hasta la penicilina común hace efecto y acaba con la enfermedad y también con la posibilidad de contagio a otras personas.

Sin embargo, según han explicado fuentes médicas a Radio Aranda, en circunstancias excepcionales y ante determinadas cepas más agresivas del EGA el sistema inmunológico de una persona reacciona de manera desproporcionada, convirtiéndose en su peor enemigo. Es lo que se conoce como shock tóxico estreptocócico. Son casos muy excepcionales, pero se presentan prácticamente sin anunciarse, sin apenas posibilidad de predecirlo, su evolución es muy rápida y la mortalidad elevadísima.

En los últimos doce años la de ayer es la segunda muerte de un menor de 14 años que se produce en Aranda por esta causa. Algunas fuentes médicas apuntan a que la prevalencia es de un caso entre un millón de habitantes.

Precisamente por ello la alarma para la población debería ser prácticamente nula. Nada tiene que ver con ella la alerta que podría haberse provocado por un caso de meningitis, como en un principio se había apuntado, en el que los protocolos sí aconsejan y hasta exigen medidas de cuarentena, vigilancia y profilaxis. Y al contrario de lo que ocurre frente a los grupos B y C del meningococo, en el caso del EGA no hay vacuna que prevenga este tipo de episodios.

En el caso de esta bacteria cuando no ha derivado en una infección invasiva las medidas para evitar contagio son las recomendadas de forma habitual, relacionadas fundamentalmente con los hábitos de higiene, ya que las bacterias EGA se propagan mediante contacto directo con el moco de la nariz o la garganta o por contacto directo con heridas o lesiones en la piel. Poco más se puede hacer en la vida cotidiana por prevenir que la bacteria se active, porque ni es detectable fácilmente quién puede ser portador de la mencionada bacteria y mucho menos cuándo y en qué individuos podría derivar en el mencionado shock que ocurre cuando las bacterias traspasan las defensas de la persona infectada y que desencadena en la gran mayoría de los casos el final fatal.

Se sabe, eso sí, que hay determinados grupos con mayor riesgo de presentar infecciones invasivas. Todos ellos están relacionados con aquellos grupos o situaciones en los que el sistema inmunológico no tiene todo su vigor o desarrollo: ancianos, bebés, enfermos crónicos, afectados por heridas y traumatismos que dejan los tejidos más expuestos a una infección, o pacientes sometidos a tratamientos largos que afectan al sistema inmunológico.

Eso sí, según informa la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León, cuando se da un caso de infección invasiva por estreptococo A, las personas que hayan tenido contacto estrecho de convivencia con el afectado deberán extremar la atención durante un mes ante cuadros de dolor de garganta, fiebre o dolor muscular localizado. En estos casos hay que acudir al médico o pediatra. En algunas ocasiones es necesario tomar un tratamiento antibiótico.

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