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La alimentación que tantas vidas ha salvado

La reflexión de Ana Díez, médico de familia

No conozco a nadie que no se declare amante de la naturaleza. Este amor lo extendemos a todo: las actividades de ocio, el lugar de residencia o de veraneo. Nos rodeamos de plantas y flores, en ocasiones de animales domésticos. Tejidos naturales para hacer ropa, cuero para el calzado, productos naturales para la cosmética, infusiones y plantas medicinales para aliviar o curar algunas enfermedades,…

Y resulta que, en ocasiones, se ha pretendido abandonar la lactancia materna, la más natural del mundo, la que está siempre preparada, a la temperatura y concentración adecuadas, por otra artificial que reúne las mismas características que la leche materna.

¿Las mismas? o ¿casi las mismas?

La lactancia materna es la alimentación recomendada por la OMS por sus grandes beneficios hasta los 6 meses. Estimula el contacto materno-filial, favorece la adaptación metabólica del niño, su adaptación cardio-vascular y térmica. Además, facilita la colonización de la piel y del tracto gastro-intestinal del recién nacido con microorganismos no patógenos de la madre, aporta al recién nacido anticuerpos que lo protegen de infecciones y estimula su sistema inmune, disminuye la incidencia de obesidad infantil, diabetes y patología cardiovascular, y un sinfín de beneficios más.

Podemos decir también que tiene grandes beneficios económicos, puesto que es gratis, no precisa de gastos ni ninguna tecnología en su preparación y, puesto que disminuye la incidencia de enfermedades en el futuro, supone un ahorro considerable para el sistema sanitario.

Sin embargo, a lo largo de la historia ha habido épocas en que por cuestiones sociológicas, escaso interés de algunos profesionales sanitarios, modas o, incluso por cuestiones comerciales, se han puesto en entredicho todos sus beneficios e, incluso, se ha abandonado su práctica.

Bien es cierto que la vuelta al trabajo tras el parto no siempre permite compaginarlo fácilmente con la atención al niño ni, por supuesto, con la lactancia, y ello a pesar de que en muchos países se cuenta con una legislación favorable.

Por ello, es necesario que los profesionales sanitarios y los políticos favorezcan esta práctica que tantas vidas ha salvado durante períodos de escasez económica, que se fomente una actitud positiva de la sociedad en general y de los responsables de los lugares de trabajo hacia la lactancia materna.

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