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EUROPA LEAGUE

Banderas de nuestros padres (celestes)

El nuevo EuroCelta puede hacer justicia poética con los anteriores que se quedaron a las puertas de semifinales

Iago Aspas a punto de partir hacia Genk / ()

BANDERAS DE NUESTROS PADRES

Hay generaciones que no han visto jugar a Mostovoi, ni a Karpin, Mazinho o Gustavito López. Alguna vez sus padres, tíos, primos mayores le hablaron y le contaron las hazañas de aquel EuroCelta. Un equipo que no tocó metal pero que asombró a Europa con su fútbol y su facilidad para cargarse a grandes equipos. Los rookies han oido contar la historia del 4-0 a la Juventus, del 0-1 de Anfield siendo el primer club español en ganar allí; o también la del EuroCelta que profanó 2 veces el Villa Park o el que fue capaz de meterle un 7-0 al Benfica en Balaídos con 10.000 portugueses en la grada.

Son las banderas de nuestros padres celestes. De los pioneros. Los estandartes de una generación de jugadores que hizo al Celta un equipo respetado y temido por su fútbol. Un recién llegado, sin títulos, bailando a los Rui Costa, Ibra, Zidane, Del Piero, Conte, Gerrard u Owen. Fueron momentos inolvidables, extraordinarios, increíbles, casi irrepetibles porque es complicadísimo meterse tantos años seguidos en competición contiental. En Krasnodar los aficionados locales solamente repetían dos palabras después de decir Celta Vigo: Karpin, Mostovoi.

En esas mismas historias, también los padres, tíos o primos mayores de la Generación EuroCelta 4.0 le contaron como, en tres temporadas consecutivas, el Celta llegó a cuartos de final de la UEFA. Lo hizo contra el Marsella, Lens y Barcelona. Tres veces a las puertas de los elegidos, de los cuatro que ya centran también la atención y el interés de la Europa futbolística. Pero nunca lo lograron. Lo intentaron, pudieron, lo tuvieron al alcance de la mano, pero no pudo ser. En las tres ocasiones se quedaron a un gol de la gloria, del pase. Y faltó esa pizca de suerte y de decisión para haber logrado hacer historia en el Celta. Con el Marsella de Laurent Blanc, Dugarry, Luccin o Porato, se perdió 2-1 en la ida, en el Velodrome, con dos goles de Florian Maurice que neutralizaban el gol de Mostovoi. Pero ese tanto del Zar abría las puertas al Celta a luchar por el pase a las semifinales en Balaídos: un gol les daba la clasificación. Un autobús marsellés se limitó a tapar, a defender y a meterse atrás, dejando descolgado a Maurice para ver si podía coger alguna. El Celta presionó, hizo su fútbol, estaba nervioso, responsabilizado, sabedor de que tenía en la mano el pase. Y lo hizo hasta la última jugada con un centro de Juanfran desde la izquierda y el balón se pasea por el área pequeña del Marsella, sin que Gudelj o Sánchez pudiesen marcar. Parecía que todo Balaídos se tiraba al suelo para llegar a ese centro pero todo acabó en un doloroso uy. Murieron con las botas puestas. Habían merecido más, pero el Marsella hizo valer su mayor experiencia, su saber estar.

Al año siguiente, el Celta vuelve a pasar eliminatorias, a meterse como si fuese un equipo solvente y, movido por una gran ilusión, se volvió a mostrar como un rival duro y temible en la UEFA. En cuartos esperaba el Lens. Un equipo del norte de Francia con solvencia económica y que se había metido incluso en la lucha por el campeonato galo. Otra vez un equipo francés antes de poder pisar la alfombra roja de las semifinales. Y otra vez el Celta se quedó a las puertas. El 0-0 en Balaídos fue un extraordinario tesoro para un Lens que solo se defendió y que dejó pasar los minutos. El Celta tuvo varias ocasiones, incluso una la salvó a puerta vacía Dacourt, pero no fue capaz de llevarse una mayor renta. En la vuelta, el Celta quiso el balón, marcó su guión de siempre, aguantó con solvencia la primera parte defendiendo con el balón. Y parecía que la cosa se ponía todavía mejor cuando Revivo marcó un golazo de falta directa que ponía el 0-1 y obligaba a los franceses a marcar dos goles para pasar. Pero el equipo de Víctor Fernández tuvo vértigo, tuvo miedo escénico y eso le pasó factura. Cuando llega el gol del empate, el Celta no supo cómo actuar, como proceder, cual es el manual de superviviencia o de escapismo. Y llega el segundo del Lens que les eliminó.

Aún iba a haber una tercera oportunidad; pero tampoco fue la vencida. Además contra el Barcelona de Serra Ferrer que no lo estaba pasando demasiado bien. La ida tocó en el Camp Nou y la vuelta en Vigo. El Celta realizó una gran primera parte pero la expulsión de Vagner y la calidad azulgrana pusieron un 2-1 inmerecido y a todas luces injusto 2-1. En la vuelta el Celta no tiró la toalla y se fue a por el Barcelona. Lo tuvo contra las cuerdas con el 3-2 y hubo un par de acciones con Markus Merk, el árbitro alemán, como protagonista.

Ahora le llega el turno al EuroCelta 4.0 y a esas nuevas generaciones que no vieron a los Mostovoi, Karpin, Mazinho, Revivo o Gustavito. Esos Millenials que vieron al Toto entrenador y no al Toto jugador, tienen la oportunidad histórica de hacer justicia poética y futbolística con aquel Celta. Porque además también este Celta lo hace con buen trato de balón y con un fútbol preciosista. Ojalá que puedan honrar a los hérores de Anfield, Villa Park, Communale di Torino o A Luz. Se lo merecen y este nuevo y rookie EuroCelta cuenta en sus filas con muchos canteranos que vieron o les contaron aquellas gestas sin premio final. Ahora el Celta está a 90 minutos de poder conseguirlo. Cojamos los estandartes de nuestra historia, de aquellas batallas que dignificaron el nombre del Celta y de Vigo. Vayamos con orgullo a la guerra final de la Europa League. A la batalla de Genk, luciendo aquellas banderas de nuestros padres...futbolísticos.

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