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López Otín: "La inmortalidad es mentira, siempre habrá enfermedades"

El experto en procesos de envejecimiento abre el Congreso del Bienestar de Vejer

Carlos López Otín inaugura el IV Congreso del Bienestar en el Teatro San Francisco de Vejer /

Carlos López Otín es uno de los mayores expertos en procesos de envejecimiento del mundo. "¿Es posible destejar la vida? ¿Saber qué es la vida? ", se preguntó. Con este ambicioso propósito abrió su ponencia 'Hasta el infinito y más allá', con la que inauguró el IV Congreso del Bienestar que la SER organiza desde este viernes 21 de abril en Vejer (Cádiz).

López Otín ofreció un relato sobre el complejo proceso desde el surgimiento de la vida hace millones de años, hasta la lucha por la inmortalidad, por el retraso del envejecimiento. Durante miles de años sólo hubo células que se dividían. "Un aburrimiento, ¿no?", bromeó ante el auditorio. "Pero empezaron a contaminarse con sus propios gases. Era oxígeno y las células más débiles convirtieron el oxígeno en energía. Las bacterias se comieron a las débiles, pero no las destruyeron. Las dejaron en su interior para aprovechar su energía. Desde ese momento, la vida se multiplicó. Es el origen de las mitocondrias que todos los seres humanos tenemos. Nuestro pasado es una mala digestión bacteriana", explicó.

El experto destacó que la vida empezó la cooperación, una forma de colaborar para crecer, para organizarse, para vivir. "Esto pasó hace 600 o 700 millones de euros. Pero todos venimos de ahí. La vida sólo tuvo sentido cuando se inventó la muerte. La muerte hay que retrasarla, en lo posible, pero, sobre todo, hay que entenderla. Si no hubiese suicidio celular yo no habría podido subir esta escalera del escenario, porque el organismo crecería sin fin. No podríamos con nuestro tubo digestivo de varios kilómetros o con la médula ósea de varios kilos", describió gráficamente.

Pero no ha sido desde 1990 en que se empezó a estudiar el genoma humano, el detalle de la genética de cada persona. "Tenemos 20.000 genes para escribir las vidas de todos los seres. Esto representa tener el conocimiento en la mano, pero, para eso, hubo que esperar a 2004", detalló.

López Otín cree que, a pesar de la importancia de la vida, "hay poca curiosidad". Cree que "el pueblo no demanda conocimiento. Nunca he visto una manifestación que pida saber algo". Lamentó, por ejemplo, la falta de interés por investigar enfermades hereditarias, o enfermedades de novo (las que surgen sin proceder de los padres). Son los casos de los niños BEL (Bella, Enric, Loewie), los niños que nacieron ancianos. "Cuando hablan de inmortalidad, de la desaparición de las enfermedades, mienten. Porque siempre habrá enfermedades de novo", sentenció.

Y siguió ofreciendo datos. "Somos un metagenoma, porque cohabitamos con otros seres, sobre todo, con bacterias o virus. Esto no es malo, es buenísimo. El futuro será mantener el equilibrio del metagenoma. Si el equilibrio se rompe, aparece la disbiosis, que da pie a multitud de enfermedades de la vida cotidiana, como las metabólicas". También citó cómo su laboratorio en la Universidad de Oviedo ha contribuido a estudiar los genes para investigar procesos de leucemia, cáncer o envejecimiento. "A un gen le llamamos sidrón para que se supiera dónde se había descubierto", desveló entre risas. "Un cáncer es un naufragio molecular, de ahí que el cáncer no se puede curar con zumo de limón o con una charla".

López Otín habló de cómo las investigaciones se centran en las enfermades mayoritarias, pero no en las individuales. "Cada enfermedad, cada cáncer es distinto, como cuando mi abuelo decía que cada copo de nieve era distinto y yo no me daba cuenta", explicó. "Cada enfermedad necesita tratamientos singulares y no se puede mirar hacia otro lado". Por eso, él trabaja en lo que llama la genómica social, la medicina de precisión, grupos concretos de personas a las que atiende López Otín de manera irreversible.

El experto concluyó su ponencia hablando del infinito. De la hidra, un ser que vive en charcos y al que se le considera inmortal. O de las corales o medudas, que, a medida que pasa el tiempo, no envejecen. O la ballena boreal, que vive 200 años y no sufre tumores. Esto lleva a los investigadores a pensar que el envejecimiento es reversible. La ansiada fórmula de la longevidad. Lo que en su momento estudió la teología, ahora es objeto de la biología.

Las nueve claves del envejecimiento ha sido, según admitió López Otín, ha sido su artículo más célebre, según admitió. Después escribió sobre el control metabólico de la longevidad. "Si podemos reprogramar nuestro metabolismo, podremos volvernos más resistentes al estrés interior". Éste es el futuro de la ciencia. La reprogramación. La recuperación del tiempo. No se pueden curar los 50 billones de células, pero sí mejorar órganos. "Aspiro a construir un genoma sano".

López Otín cerró su conferencia con otro toque contra la ingorancia. Y conceptos. Clonación. Seres biónicos. Robots. "Es una nueva forma de entender la vida, el homo sapiens 2.0.". También reveló que el bienestar no tiene que ver con la inmortalidad. El experto reclamó curiosidad, cultura, solidaridad, ciencia y otros sueños. Que la semilla del conocimiento siembre algo. Conocer para curar. Descifrar genomas. Vivir mejor.

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