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Huele mal, muy mal

La Firma de Pedro Brouilhet

El olor ha ido creciendo. Al principio casi no lo percibíamos. Rápidamente se ponían pequeños ambientadores que lo tapaban todo. Pero el olor aumentó. Nos decían que no era importante. Estaba todo bien localizado. Pero no era verdad.

En muchas esferas de la sociedad el ambiente era más irrespirable. Ya no se distinguía el aire puro y el contaminado. Algunos de nuestros dirigentes miraban para otro lado. Otros no percibían nada. Algunos se sentaban en su sillón. Alguna diosa mediática decía que no tenía que ver con ella. Mientras sus máximos colaboradores eran imputados por ser los causantes del mal ambiente que se respiraba en la sociedad.

Aquel olor se extendió por Madrid, Valencia, Baleares, pasando indirectamente por nuestra tierra. La gente se molestaba, pero como eran los suyos todo lo justificaban. Aquel olor tenía muchos nombres de políticos, empresarios, banqueros, periodistas… Algunos de ellos se rebozaban en la mierda con alegría. Lo tenían todo bien controlado y los suyos les votaban, mientras disparaban sus armas frente al adversario político.

Unos adversarios que se linchaban entre ellos o tapaban sus propias vergüenzas. Y mientas muchos ciudadanos se enfadaban y trataban de luchar contra ese mal perfume que todo lo contaminaba. Algunos medios de comunicación, fiscales, jueves, plataformas lucharon por terminar con ese olor llamado corrupción.

Cansados de taparnos las narices esta semana al partido principal de nuestro país les ha saltado más mierda encima. Creo que ya no hay lugar más para la justificación, para mirar hacia otro lado o para decir que no va con ellos. Parece que la Presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido quién ha denunciado el caso. A lo mejor tiene que aprender algunos de sus dirigentes. Algunos ya no tienen tiempo para denunciar sino para irse a su casa por no enterarse de nada. Me da pena como algunos medios de comunicación la han aplaudido y casi la han subido a los altares. ¡Quién calla otorga!

Estamos hartos de escuchar a los políticos lamentarse de la pérdida de confianza de la ciudadanía hacia la clase política. Las encuestas no mienten cuando revelan que quienes deberían ser la solución son para nosotros el auténtico problema.

Ya no nos sirven sus declaraciones cuando nos aseguran con gesto contrito que la corrupción es solo una excepción en un colectivo en el que la vocación de servicio, la dedicación desinteresada y la honestidad serían la regla. Los políticos honestos olvidan que su silencio los convierte en cómplices. Los ciudadanos no volveremos a creer en ellos hasta el día que los veamos sacar de las filas de sus partidos a todos los que se acercan a la política con el ánimo de obtener beneficio.

Los políticos que se autoproclaman honestos tienen la obligación moral, social y política de liderar la lucha contra la corrupción. Hasta ahora solo hemos sido testigos de un silencio y una inhibición que los hace cómplices. Los ciudadanos no perdonamos esta complicidad. No queremos ni corruptos ni cómplices.

Y queremos terminar con ese olor que ha atravesado las estructuras del estado. Compremos unos perfumes llamados libertad, justicia, independencia, austeridad, denuncia, autenticidad, bien común…

Y a los que siguen trasmitiendo el olor de la corrupción, les regalo este refrán. “A cada cerdo le llega su san Martin”.

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Cadena SER

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