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Pájaros en la Cabeza, el único que contrata a personas con síndrome down

Tiene contratadas de forma indefinida a dos jóvenes con esta discapacidad. Por el establecimiento han pasado también personas con asperger y esquizofrenia. En estos momentos, es el único restaurante de la Comunidad que incorpora a su plantilla personas con este síndrome

Alberto, dueño, y María, empleada, posan enfrente de los reconocimientos que ha conseguido Pájaros en la cabeza /

Si hay algo que destaca al entrar en Pájaros en la cabeza es la claridad del local: cristaleras, paredes blancas, madera clara, leves toques violetas en las lámparas. Es una claridad acogedora, una energía que encaja perfectamente con la sonrisa de María, una de los dos jóvenes con síndrome de down que trabajan en el establecimiento que, hace tres años, fundó Alberto Muñoz.

María viste el uniforme de Pájaros en la cabeza: pantalón azul marino y camisa naranja; ha terminado su turno y está en la barra tomando un café con uno de sus compañeros. María va y vuelve de Casetas todos los días, tiene 25 años y, desde hace una semana, es empleada con contrato indefinido –antes ha realizado un mes de prácticas–. Este lunes, Día del Trabajador, La Ventana de Aragón ha querido estar con ella.

Es escueta en las respuestas pero certera. Asegura que es feliz, que ya tiene a clientes fijos, que el tema de las propinas se le da bien y que también sabe cocinar. Ella y su otra compañera de trabajo –también de nombre María– son la prueba de que, en estos momentos, Pájaros en la cabeza es el único restaurante de la Comunidad que emplea y contrata de forma indefinida a personas con síndrome de down.

De Polonia a Zaragoza

María se encarga de servir y recoger las mesas. Antes que ella, estuvo Íñigo, que trabajó durante casi tres años en este establecimiento situado en la avenida Juan Pablo II, enfrente del centro comercial Aragonia.

Toda luz tiene una fuente y, en el caso de Pájaros en la cabeza, esa claridad proviene de Alberto, el fundador. Su primer trabajo consistió en cuidar a un joven con síndrome de down de Alagón, Julito, “al que envío un beso muy fuerte si me escucha”. Trabajó también en Aspace, con personas afectadas por parálisis cerebral y síndrome de down, y, después, hizo las maletas y trabajó en una planta de cableado eléctrico de Polonia.

Paella, ensalada y lasaña vegetal

Volvió a Zaragoza con un pájaro en la cabeza –montar un restaurante en el que también trabajasen personas con síndrome de down– y, finalmente, el pájaro echó a volar. “Es un lujo trabajar con ellos y es un lujo que atiendan a los clientes, esto, de verdad, es integración”, explica feliz Alberto.

Este lunes, han tenido en el menú ensalada templada con setas y virutas de foie, paella de marisco y pulpo, y lasaña vegetal. Es 1 de mayo, día festivo; el reloj marca las cuatro y media, y María está tomándose su cortado en la barra. Tras pagar, los últimos clientes se levantan y se dirigen siempre a la misma persona: gracias, le dicen a María, gracias por todo.

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