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EL ENFOQUE

Sobre las Presidenciales francesas

Los retos a los que ahora se enfrenta Macron tras ganar las elecciones en Francia tienen difícil solución: tiene que sacar al país del estado de shock y división en que la han sumido esta campaña y sus antecedentes, tiene que restaurar la confianza en las instituciones y lograr que el proyecto reformista que ha levantado sin un partido y con apenas cuatro entusiastas cogidos al lazo, demuestre ser capaz de sanear la economía, restablecer las cifras de empleo previas a la crisis y salvar el estado de bienestar. Y no sólo eso. También tiene que demostrar que Francia puede situarse en pie de igualdad con Alemania en el liderazgo de la construcción europea, y enfrentarse a las encrucijadas a las que se enfrenta un mundo donde la economía no se basa ya en el trabajo, el capital y la producción, sino en el talento, la fiscalidad y el consumo, y en el que la política interna de las naciones está cada vez más sometida a conspiraciones internacionales, filtraciones interesadas y campañas de destrucción de la imagen de sus gobernantes.

Francia es el origen de la democracia tal y como se conoce y practica hoy en los países más desarrollados, más ricos y con mayor justicia social de todo planeta. Habría sido terrible que la República cayera en manos de un grupo de extremistas, demagogos y falsarios, como deseaban los enemigos de una Europa fuerte y unida. Pero esta no es en realidad la última vuelta de las Presidenciales francesas. Es sólo un paréntesis de seis años –con suerte- hasta las próximas. En ese tiempo, Macron tiene que organizar su movimiento, crear un partido que respalde sus políticas, decidir a quién entrega el gobierno hasta las Legislativas y conseguir que Francia arranque y se ponga en marcha, sin defraudar la confianza que han depositado en un político sin partido casi dos de cada tres votantes. Y tiene que hacerlo con un Frente Nacional crecido y envalentonado por los resultados. Son muchos los retos que Macron tiene por delante…

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