¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Qué duda cabe

Miedo a volar

Les contaré un secreto: tengo miedo a volar. Soy de esos que se mueren de miedo al subirse a un avión y si por mi fuera, viajaría a todas partes en transporte terrestre.

Yo lo paso mal en los aviones. Cuando entro en un aeropuerto ya me pongo en tensión. Y claro, lo primero que te hacen es obligarte a descalzarte, quitarte el cinturón, monedas, móvil, cartera, reloj y a meterlos en unas cajas que desaparecen por una máquina extraña. Que yo la primera vez pensé: "Sabía que volar a veces es un robo, pero esto me parece exagerado". Luego resulta que no, que tus pertenencias vuelven a salir por el otro lado y te las tienes que volver a poner encima.

También me llevé una sorpresa la primera vez porque no me dejaron subir desodorante al avión. Y yo les aseguro que cuando me pongo nervioso sudo mucho. Hay veces que no se si estoy en un avión o en una fiesta de camisetas mojadas. El caso es que no te dejan subir desodorante ni otros productos de higiene en botes, por si se nos da por amenazar al piloto con perfumarlo o algo así.

Luego te subes al avión y empieza la desesperación. Primero te pones un cinturón que te queda grande. Que yo pienso: ¿Esto para que es? Porque si te estrellas, un cinturón que te queda flojo poco ayuda. Luego aparecen las auxiliares de vuelo con su lenguaje de signos indicando las salidas del avión, super útil por si quieres salir a fumar en pleno vuelo, y las mascarillas de oxígeno, super útiles por si quieres acompañar a uno que fuma a fumar en pleno vuelo.

Luego el avión empieza a hacer ruidos y se aproxima a la pista de despegue. Reconozco que ahí me pilló con la guardia baja, porque estaba todo tranquilo pensando: bueno, va despacito, tampoco es para tanto. Y de repente: fuuuuuuuu. Un ruido ensordecedor, se me taponan los oídos y mi estómago empieza a volverse loco como cuando me subí por primera y última vez a la montaña rusa.

Llegamos a las alturas y nos dicen que nos podemos quitar el cinturón, que yo pensé: ¿Seguro? Pero si ahora es cuando más alto estamos. Y entonces intento quitarme el cinturón que no puedo, porque mis manos están completamente agarrotadas de agarrar el brazo de la persona que tengo al lado hasta dejarselo sin circulación.

Finalmente llega el aterrizaje, que es como bajar en ascensor desde el cielo. Las luces y las casas se hacen cada vez más grandes y cuando el avión toca suelo, yo respiro tranquilo y digo: Bueno, venga, que solo falta aparcar, seguro que hay algún gorrilla dando indicaciones. Y efectivamente, veo a uno con unas luces en las manos dando indicaciones y pienso: los gorrillas de los aeropuertos tienen nivel. Si señor.

Y con ese pensamiento finaliza mi agonía cada vez que vuelo. Lo bueno es llegar pronto a tu destino, lo malo es que todo viaje de ida suele venir acompañado de un viaje de vuelta y hay que coger otro avión. Qué duda cabe.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?