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El gran Banderas y la farsa de la Antimálaga

Un picotazo crítico sobre la actualidad cotidiana de Málaga

Lamento decirlo, pero, por más simpatía que siento hacia Antonio Banderas, su carta de hoy en Sur me parece un ejercicio colosal de cinismo, una pirueta fingida, una impostura.

El titular del periódico es: “Banderas renuncia al proyecto del Astoria por los insultos y el trato humillante”. En fin, quizá algún día nos digan cuáles son esos insultos. A mí no me constan. ¿Insultos al divino Banderas? Y respecto al “trato humillante”… ¿qué decir?, ¿trato humillante a Banderas, que en Málaga es Dios? ¿Trato humillante de quién? ¿De su arquitecto que en un concurso anónimo mostraba a las claras que Banderas era parte del mismo? ¿De ese alcalde que casi le quería poner su nombre al pliego? En fin, esas cosas están feas, pero calificarlo de “trato humillante” parece exagerado.

Ya digo, a mí esto me parece un ejercicio bárbaro de cinismo, una gran impostura.

Si yo tuviera que apostar, apostaría porque los promotores del proyecto no lo ven claro, quizá porque no les salen las cuentas o los cuentos, y ahora, al dar marcha atrás a sabiendas de que su edificio vulneraba el ordenamiento sin viabilidad para la licencia, como le sucedió a Al Thani en Marbella, tratan de imponer el clásico relato del victimismo ventajista: (que) esto se jode por los malos malagueños. Qué cosas.

¿Pero de verdad pretenden que creamos que se renuncia a proyectos de varios millones por algunas críticas e ironías? Dudo que nadie medianamente informado pueda creerse eso, pero tal vez es que no se dirigen a nadie medianamente informado.

No, no cuela. Esto es más simple. A Banderas, que ahora se dedica al diseño de ropa, le han hecho un traje a medida. Dan marcha atrás en el proyecto inviable pero aun así se le quiere sacar a hombros, esta vez como mártir.

Y las críticas, por supuesto legítimas, se usan como coartada.

Esto siempre funciona con los dioses locales: en sus discursos repiten y repiten que están en deuda con la ciudad que les vio nacer, pero de hecho quieren decir exactamente todo lo contrario: que la ciudad que les vio nacer está en deuda con ellos. Y por eso sólo entienden la loa, la reverencia, el halago sin el menor margen de crítica. Y a la menor, se saca el paño de lágrimas. ¿Me hacéis esto a mí, que he llevado el nombre de Málaga por el mundo? ¿A mí…? Es una historia repetida mil veces.

Por supuesto la comedia, en este caso, ha estado muy estado muy bien interpretada, como corresponde al gran actor que es.

En fin, veremos. Como decía, yo lo lamento, porque simpatizo con Banderas y lo admiro sin ambages. Pero solo veo dos opciones: o le han engañado mucho a él, o él trata de engañarnos mucho a nosotros.

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Cadena SER

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