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Desmesura

Si de algo pudo preciarse siempre Córdoba fue de la mesura, frente a la expansiva Sevilla y a la abierta Cádiz, frente a la cosmopolita Málaga y a la diversa Granada, Córdoba fue siempre la mesura, la moderación, el comedimiento.

Parecía que el lema latino de la ciudad fuera ne quid nimis, nada con demasía.

Nada con demasía, ni la ciudad más grande de Andalucía, ni la más rica, ni la más visitada, ni la más docta, ni la más industrial, ni la más agraria, ni la más contaminada. Ni la Semana Santa más grande, ni la feria más concurrida.

Córdoba fue siempre la mesura, una de las ciudades más habitables de España, salvo en verano. Una mesura que vamos perdiendo, porque mayo ya es una absoluta desmesura. La cata y las cruces aún se mantienen en un tono razonable, quizás este año por las lluvias, pero los patios se han desbordado, no son ya las colas para entrar a los patios, es la riada de gente por las calles. No son las medias horas largas para poder asomarte a un patio, son los empujones para pasear por tu ciudad, o sea, un éxito.

Un éxito de público y de afluencia, de turista y de gasto, un éxito económico, pero una desmesura, porque pasado un punto, el éxito se convierte en desmesura, en exceso. En un exceso que desvirtúa la esencia de la fiesta, porque si ir de patios eran paseos agradables por las tardes de mayo, tapa y copa incluida, ahora los patios se han convertido en una feria, o sea, en una desmesura, justo lo contrario de lo que era, la mesura.

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