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Kerala

Hace más un mes crucé el mundo para llegar a Kerala desde Costa Rica. Aunque llevaba más de dos días de viaje y un jet-lag de 12 horas, India esperaba con muchas ganas.

Llegué a Cochín, una de las ciudades más grandes del estado, para ser recibida por Turismo de Kerala. En ese momento empecé a ser parte del llamado Kerala Blog Express, un viaje que me llevaría junto a otros 28 blogueros a recorrer los mejores rincones de Kerala en un autobús decorado para la ocasión. El cansancio y el jet-lag hicieron mella durante gran parte de los primeros días y tenía miedo de que el viajar en grupo no fuera con mi estilo de viaje; sin embargo, puedo decir abiertamente que mi viaje por Kerala ha sido uno de mis favoritos.

 

Kerala me ha hecho que ver que India en sí misma es un continente. Es imposible categorizar y decir aquello de que “o la amas o la odias”, porque de lo que pude conocer de India hace 5 años hasta lo que hoy sé, hay un verdadero mundo.

 

Kerala es verde, un mar de cocoteros ocupa gran parte de su extensión. Uno se encuentra junto a las playas bañadas por el Arábigo y en cuestión de horas estás caminando entre plantaciones de té de un color verde intenso. Puedes subir montañas y, sobre todo, ver cómo se desarrolla la vida en los famosos backwaters, una suerte de canales y lagos interconectados y franqueados por las estilizadas redes chinas, insignias de Kerala.

 

Aun así, y, a riesgo de que suene a topicazo, lo mejor de esta región de India no son sus paisajes, sino su gente. Con cada persona con la que me he cruzado en Kerala me he sentido bienvenida. No solo eso, he aprendido de su cultura gracias a las múltiples representaciones musicales y teatrales ejecutadas con una pasión inigualable.

 

De India me fui muy feliz, pero la aventura continúa, y hoy os hablo desde un apartamento en Tokio, Japón, país en el que pienso permanecer por lo menos un par de meses.

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