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La Columna

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

No sé si cambiaran las cosas en el futuro, pero lo de Alicante y la Volvo Ocean Race no es amor, es solo puro sexo

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?, se preguntaba Groucho Marx.

En este mundo globalizado, el deporte profesional al máximo nivel requiere de grandes inversiones para obtener audiencias millonarias y, por tanto, repercusiones -desde el punto de vista del impacto social o económico- de la misma magnitud.

El nuevo director de la Volvo, Mark Turner -que aseguran que es una de las figuras más respetadas del mundo de la vela-, con el acto de ayer en Gotemburgo, también demuestra una equiparable visión comercial. ¿Qué es primero, el espectáculo o la competición deportiva, o conseguir la máxima viabilidad del mismo en términos comerciales? Es, quizás, en pleno siglo XXI, una discusión baladí. Es una relación simbiótica.

De esa ambición simbiótica se ha aprovechado una ciudad como Alicante, aunque -es curioso- viva al margen de los resultados de la competición deportiva. No sé si cambiaran las cosas en el futuro, pero lo de Alicante y la Volvo no es amor, es solo puro sexo.

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