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Si Darwin levantara la cabeza

La reflexión de Ana Díez, médico de familia

Cuando en 1877 Darwin redactó su teoría de la evolución de las especies por selección natural, seguramente no se imaginó que poco tiempo después (porque 140 años en la historia de la humanidad no es nada) muchas especies animales y vegetales se encontrarían en peligro de extinción. Y no precisamente como un fenómeno natural.

En la actualidad se encuentran en esta situación animales como el elefante asiático, el atún rojo, el jaguar, el leopardo de las nieves, … y tristemente un largo etcétera no solo de especies animales sino también vegetales.

Parece que siempre son especies alejadas de nosotros, pero no es así. Ahora, tristemente les toca también a las abejas. Ese insecto imprescindible en la polinización y reproducción de las plantas. Que trabajan gratis elaborando la miel que nos endulza la vida. Pues también está en peligro de extinción y, cómo no, si nuestra tradicional agricultura hace un uso indiscriminado de insecticidas y pesticidas. Si el cambio climático y la tala descontrolada y salvaje de árboles está deforestando 13 millones de hectáreas en el mundo todos los años según la F.A.O. si nos estamos cargando (porque me niego a decir que ya nos lo hemos cargado) la diversidad biológica que tantos servicios brindan a la humanidad. ¿Qué haremos dentro de poco tiempo? ¿llorar?, ¿llevarnos las manos a la cabeza? Eso ya no servirá.

No me cansaré de repetir que todos somos responsables. Que una agricultura ecológica protege, mantiene y restaura la diversidad de la vida en la Tierra, respeta los límites ecológicos y es socialmente justa. Que el cambio climático también contribuye a aumentar la pobreza en los países del sur. Que no quiero quedarme sin alimentos como la cereza, la calabaza, las peras o los melocotones entre otros por la falta de abejas polinizadoras.

¡Pobre Darwin! Si levantara la cabeza diría: “antes de que me extingan a mi también, me quedo aquí tumbado”.

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