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Etapa 5: Mo I Rana (Noruega)

Cambio de planes, el fiordo "de Bilbao" y la escalera del troll

El Storfjorden, o "Fiordo Grande" /

EL TRÓPICO NORUEGO

Mo I Rana, en plena región de Nord Norge (Noruega del Norte), a un paso del Círculo Polar Ártico. 21 horas. Estoy tumbado en la hierba recibiendo los rayos de un sol que calienta, el termómetro casi llega a los 20 grados. Y lo extraño de la situación no es eso, sino que hoy… no debería estar aquí.

A las puertas del Círculo Polar Ártico / Ramón Huarte

Al levantarme esta mañana temprano para pillar las carreteras del troll y de los fiordos sin tráfico, he caído en la cuenta de una cosa: El día de más que pasé en Kiel esperando a que pasaran las tormentas me obliga a recuperar una etapa, si no quiero desaprovechar el billete de ferry que tengo comprado para pasar mañana a las islas Lofoten.

La solución tiene dos vías: Pegarme hoy una pechada de kilómetros, para terminar la etapa donde hubiera debido terminar la siguiente. Y además, para hacer eso posible, renuncar a algo de lo que quería ver hoy. Para otra ocasión se quedará el reflejo de las casas de colores de Trondheim en el río y el retorcido tobogán del puente en la Carretera del Atlántico.

LA ESCALERA DEL TROL

El agua salta a la carretera en la subida a la "Escalera del Troll" / Ramón Huarte

Casi llegando a la fragmentadísima costa, una estrecha carretera a la izquierda de la vía penetra en una zona de impresionantes montañas y pequeños valles que ahora en primavera lucen espectaculares de vegetación. Esta carreterilla se abre al tráfico solo de mayo a octubre, o incluso menos, dependiendo de las condiciones meteorológicas. Unos cuantos kilómetros dentro de la aglomeración de montañas quebradas y peñascos imposibles,todavía nevados, y se llega la “escalera del Troll”, el tranquilizador nombre que han puesto los noruegos a la serpenteante pendiente, a través de innumerables curvas de herradura, que hay que sortear para llegar a los fiordos. Este puerto infernal -atravesado por cascadas de agua del deshielo que saltan junto al asfalto-, digno de los Andes, es considerado uno de los tramos de carretera más peligrosos del mundo, lo que digo ahora, y no antes, para tranquilidad de mi querida madre, que me lee (supongo) sabiendo que lo que escribo es ya a toro pasado. En todo caso, el peligro no viene de las curvas en sí, ni del tráfico, muy ordenado y civilizado él. Según dicen, lo peligroso son los desprendimientos que de vez en cuando se producen. Y el agua que salpica la calzada. Y yo añado que el peligro principal es que se te va la vista a lo espectacular del paisaje. Y ya se sabe que en moto, donde va la vista va ella también.

VIDEO: observe la subida a la "Escalera del troll" y cuéntelo luego en las comidas familiares como si lo hubiera hecho Vd.

LOS FIORDOS (O UNO DE ELLOS AL MENOS)

Salvada la “Escalera del Trol”, y a través de la misma estrecha ruta (La 63), entre bosques y montañas, y una meseta nevada que resulta espectacular recorrer en solitario, se llega a un impresionante fiordo, de nombre Storfjorden (Fiordo grande, literalmente, así le han puesto de nombre los orgullosos de los lugareños). La conducción, estos últimos kilómetros, y tras la subida salvaje, ha sido un verdadero placer. La temperatura no es muy fría, el sol ha lucido y el tráfico era escaso. La imagen, de repente, enfrente, del agua negra y gélida del enorme surco entre montañas, hace en sí misma que haya merecido la pena el rodeo. En busca de la típica foto panorámica del fiordo, dejo a la izquierda el pueblo en el que desemboca la carretera y subo por un camino ladera arriba, hasta llegar a una granja aislada. Con permiso de los dueños (Desgraciadamente, compruebo que no soy en absoluto el único original osado que llega hasta allí con la misma idea) coloco la moto y hago la fotografía.

El fiordo desde la granja de unos lugareños / Ramón Huarte

Me quedo un buen rato mirando el agua que desde esta perspectiva de altura parece menos negra, y el surcar de diversas embarcaciones que unen los distintos puntos del interior de este fiordo de más de cien kilómetros de longitud. Me como el bocadillo que he comprado en la gasolinera. Lo saboreo como merece por lo que me ha costado, más que por lo especial del momento.

A LAS PUERTAS DEL ÁRTICO

Desde el fiordo, más de 800 kilómetros de estrecha carretera (La carretera principal, en todo caso, no hay más) entre bosques y montañas. Discurre cerca de los fiordos que atraviesan en perpendicular la costa, pero en contra de lo que es y será habitual en Noruega, no veo el mar, es una carretera interior. Con bastantes curvas, pero sin lo revirado de cuando circula por la costa. El tráfico, escasísimo. Una gozada. No se me hace largo el viaje a pesar de tener que ir a 80 todo el rato. Las ruedas tienen muy buena pinta, a los 4.300 kilómetros de viaje. La moto (Favorecida por las velocidades de crucero bajas, la conducción tranquila y las temperaturas frescas) no ha dado problemas. Funciona el método para secar la ropa después de lavarla. No me han puesto multas. Y los hombros y las cervicales todavía me sostienen los brazos y la cabeza, a pesar de las horas de moto y las noches de tienda. ¿Se puede pedir más? Me siento un poco noruego… y es que según las estadísticas, los noruegos son los ciudadanos del mundo que más felices se sienten. Claro que no sé si la encuesta la hicieron los meses oscuros de invierno o los meses de luz de verano. Pero eso del día de 24 horas, el sol de medianoche y asuntos relacionados, serán temas… para mañana. Para cuando pase el Círculo Polar Ártico. Porque me quedo a las puertas, a apenas 80 kilómetros. Hoy he parado en una pequeña ciudad en el fondo de un fiordo, el “Ranfjorden”. Un lugar recóndito que por un momento temo sirva de refugio a los cargos de Esperanza Aguirre que “le salieron” corruptillos. El sitio se llama “Mo I Rana”. Ya me entendéis.

Espectacular el recorrido hacia el fiordo. ¡Todo para mi, en exclusiva! / Ramón Huarte

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.

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