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Etapa 7: Alta (Noruega)

Balance de daños, los madrileños que surgieron del frío, el Himalaya de todo chichifú

Con Jorge y Bea, majísimos viajeros madrileños de vuelta de Cabo Norte, con cosas muy chulas que contar. Me alegro de que nos hayamos cruzado. /

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ALTA COSTURA

Mi esfuerzo por despertarme al alba (Es un decir, porque no ha anochecido) me ha de permitir, es mi intención, disfrutar de la circulación por las carreteras de las Lofoten sin tráfico. La idea es remontarlas hacia el noreste a través de las carreteras, puentes y túneles que las hilvanan entre sí y al continente, y volver a entrar a tierra firme para ya directamente dirigirme al norte, con el objetivo final de Cabo Norte.

A un pasito de acabar la fase Norte del viaje / Ramón Huarte

El madrugón merece la pena. La pequeña decepción que me llevé ayer, fastidiado por la muchedumbre de coches y caravanas, queda olvidada tras recorrer de amanecida, en solitario, el zigzag constante entre fiordos y montañas, la multitud de puentes de todos los tamaños (Los hay pequeños de paso alternativo regulado por semáforos y los hay de muchos metros, con sus grandes estructuras de columnas y tensores).

PARTE DE BAJAS, BALANCE DE DAÑOS

Al `preparar los bultos sobre la moto y tensar una de las sujeciones de la bolsa trasera, uno de los anclajes de plástico se rompe. Teniendo en cuenta que la bolsa está comprada para este viaje, no se puede decir mucho de la calidad del material, por mucho que sea de marca. Me apuro un poco pensando en cómo voy a sujetar el bulto que más pesa de todos los que llevo. Hasta que caigo en que llevo… ¡Bridas de varios tamaños y resistencias! Llevar bridas y cinta americana (También llevo) da la seguridad de que vas a poder reparar desde un neumático hasta la cabeza de un cigüeñal, a poco que le dediques tiempo e interés. La bolsa va ahora más firme que antes.

Si tengo bridas... a mi plim / Ramón Huarte

Aprovecho que cuento esto para hacer repaso de otras pérdidas en la batalla. La primera, la cámara de fotos compacta que compré para el viaje. En Kiel, segunda etapa, ya estaba muerta. Y eso que estaba al fondo de la bolsa y ni siquiera se mojó con el aguacero. Periódicamente, casi con la esperanza de la madre que conserva hecha la habitación del hijo muerto, por si vuelve, la saco de su funda y pruebo a encenderla. Por lo demás, se ha roto el cierre a presión del bolsillo derecho de la chaqueta. Es donde guardaba las cosas de tener más a mano, como el móvil (Que ahora es mi cámara de fotos), pero las he pasado al izquierdo y… hasta que se estropee.

Más me preocupó ayer sentir un tirón en el abductor de la pierna izquierda, cuando intentaba mover la moto sobre el terreno. No fue mucho, pero me molestaba. Y eso me inquietó, teniendo en cuenta que cada día llevo tute físico y podría ir a peor. Sin embargo esta mañana al levantarme me he probado (Con unos indignos movimientos que a otras horas menos tempranas hubieran supuesto la befa, mofa y escarnio por parte de todos los jubilados vecinos míos en el camping). Y ya no hay rastro de las molestias. Peligro superado, aunque eso me hace pensar en que cualquier movimiento brusco o cualquier tontería me puede impedir seguir viaje. Tendré cuidado.

NARVIK Y DEMÁS FIORDOS

Después de las Lofoten, casi lo primero en territorio peninsular, el larguísimo fiordo de Narvik. El sin número de fiordos que hoy he visto aparecían bellísimos, con sus crestas quebradas y colosales macizos asomándose al agua azul producto del reflejo del cielo limpio. Pero el de Narvik es famoso por la batalla lugar que tuvo en 1940, en el tanscurso de la Segunda Guerra Mundial. Por cierto, con participación española, ya que muchos de los miembros de una unidad de la Legión Extranjera francesa participantes eran españoles. De hecho, uno de ellos recibió, por sus méritos en esta batalla, la primera medalla que se otorgó a un soldado del ejército francés durante la guerra.

Una de las numerosas placas que bordean el fiordo de Narvik (Al fondo) y que recuerdan a las unidades participantes / Ramón Huarte

Durante los muchos kilómetros que se tarda an bordear el fiordo, aquí y allá se pueden ver placas rememorando aspectos distintos de la batalla. Una batalla de resultado curioso, porque la ganaron los aliados, pero el resultado del tiempo que perdieron hasta ganar fue que hubieron de abandonar, y dejar Noruega a los alemanes.

LOS EMISARIOS DEL INVIERNO

O los pajes del Rey Frío, como queráis llamarlos. Son Jorge y Bea, dos madrileños muy majos que eran los únicos frikis, conmigo, que se habían adentrado en un caminillo al margen para ver una placa conmemorativa de la batalla de Narvik, que ilustra una panorámica del fiordo.

Jorge y Bea. A Samarkanda están pensando ya el próximo viaje, los pollos. Ojalá nos volvamos a cruzar. Buen viaje. / Ramón Huarte

A pesar de que salieron de Madrid solo un día antes que yo de Navarra, han llegado ya a Cabo Norte por la vía rápida (A través de Suecia y Finlandia) y ahora están de vuelta vía Noruega.

Hablando del muy patrio tema del tiempo, me dicen que notaré un gran cambio a partir de Alta (Donde duermo esta noche). De ahí a Cabo Norte (Poco más de 200 kilómetros) la vegetación cambia hasta parecer una tundra, y los termómetros se desploman. Me hablan incluso de lagos helados, pero se me hace complicado imaginarlo desde los 18 grados de temperatura a los que estoy hablando con ellos. Luego, al acercarme a Alta, voy dándoles crédito, viendo cómo ya el aire va metiendo frío a los pulmones y cómo a primera hora de la tarde la temperatura era de seis grados. Mañana toca quemar las naves, me pondré todos los forros disponibles.

Nos hacemos una foto y después de compartir un cigarro nos despedimos. Se suben a sus enormes BMW y salen. Yo también me pongo mi casco y me subo a la moto, justo a tiempo de pensar que soy bastante tonto, porque yo había venido a ver la placa de Narvik y me marchaba sin verla. Como nadie ha reparado en ello, me quito el casco, me bajo de la moto, y disimulando me acerco a la placa.

A MEDIO PASO DE CABO NORTE

Después de Narvik, la carretera circula bordeando diversos y enormes fiordos, el más impresionante de ellos el llamado Lyngen, copado del otro lado del brazo de mar por portentosas cumbres de afiladas aristas llamadas “Los Alpes Lyngen”.

El fiordo Lyngen, delimitado al norte por los "Alpes Lyngen" / Ramón Huarte

Después, una carretera hacia una meseta pelada y nevada, en la que el termómetro baja hasta los seis grados. Y aunque después se vuelve al nivel del mar y los termómetros remontan un poco, ya se nota que es el norte del norte. El aire casi hace daño al respirar, de frío que es, aunque ahora, cuando escribo, el termómetro marque 8 grados.

VIDEO: En Noruega a los repartidores de Gasoil les divierte jugar a los autos de choque

Alta es como el campamento base de una cumbre del Himalaya. Colorido, lleno de gente de fuera que con nuestras motos y nuestras caravanas vamos o volvemos del preciado punto septentrional. Mucho circo me parece que voy a ver mañana. Supongo que como muchos dicen del Everest, ha dejado de ser una aventura y “cualquiera puede obtener su diploma”.

Como si un Dios bondadoso quisiera volver a hacerme creer en lo meritorio de la aventura, de repente se cierra el cielo y cae un aguacero breve pero intenso que me obliga a meter todo a toda prisa dentro de la tienda. Y reflexiono ante lo inmenso del poder de la naturaleza en tierras inhóspitas…

VIDEO: Ante el poder de la naturaleza, el viajero ofrece sus reflexivos consejos a sus sobris Matilda y Bernal

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.


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