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Etapa 8: Cabo Norte y Karasjok (Noruega)

El auténtico norte, la auténtica misión, y el inicio de la (Auténtica) segunda fase

El "trono de hielo" del Ice Artic Bar, a un paso de Cabo Norte /

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LAS CURVAS

La etapa que me ha traído hasta el primero de los hitos del viaje, el extremo norte de Europa, discurre por una carretera. La E-6, que comienza pegada a la costa. Y decir “pegada a la costa” en Noruega se puede traducir como “infernalmente revirada”. No nos vamos a quejar por circular en moto por una carretera de buen firme, poco tráfico, infinitas curvas y paisaje maravilloso, entre el mar y la vegetación, pero… llamadme rancio, es que son tres horas y media para poco más de 200 kilómetros Y la capacidad de disfrute de uno es amplia, pero he terminado saturado de curvas y de marchas arriba y abajo.

Al fin pabajo / Ramón Huarte

Tan solo de vez en cuando la mano del ingeniero que pensó el trazado se muestra piadosa y tiende un puente o un túnel para lograr la línea recta entre dos puntos separados por un fiordo o una abrupta entrada del mar en la tierra. El túnel submarino que une la isla de Mageroya al continente, de casi 7 kilómetros, es uno de ellos .

AHORA SÍ, EL ÁRTICO

Nada más salir de Alta, el paisaje cambia, casi de manera abrupta. Aunque desde un punto de vista estrictamente geográfico hace más de 800 kilómetros que estoy “en el Ártico”, es ahora cuando el entorno te indica que efectivamente estás entrando en algo distinto a lo anterior. La vegetación va desapareciendo, o disminuyendo de tamaño, para dejar paso a una especie de desolada tundra (¿Será ese el término exacto o estoy inventando?) de piedra y ojos de agua negra.

Una de las impresionantes vistas de los fiordos que dan acceso a Mageroya / Ramón Huarte

Paisaje, por cierto, barrido por el viento, lo que me obliga a agarrar fuerte los puños para compensar las frecuentes rachas de aire.

Las temperaturas llegan a bajar hasta los tres grados. Ya, ya, más frío hace en alguna concentración invernal en España mismo, pero es que son muchas horas seguidas encima de la moto a menos de 6 grados, así que además de los distintos forros térmicos del traje, de la ropa técnica de abrigo, y de camisetas una encima de la otra, mantengo enchufados todo el rato el asiento y los puños calefactables. Por Dios, qué invento… Y yo que me metía con los dueños de “Muebleuves” cuando empezaban a contar con estos extras…

El paisaje cambia por completo. El termómetro se desploma. / Ramón Huarte

Esta zona es el dominio de los renos. Pastoreados en verano por sus pastores Sami (Los lapones noruegos), campan a sus anchas por las carreteras en plena época de cría. Constituyen un peligro para sí mismos, para los vehículos, y para el bolsillo del que los atropelle, que tendrá que pagar su precio a su legítimo dueño.

VIDEO: Los renos, como es de justicia, pasan por donde quieren. Para eso están en su casa.

CERTIFICADO DESESTIMADO

Cabo Norte se encuentra en Mageroya, una de las infinitas islas en las que se desgaja la costa noruega en toda su longitud. Para acceder a ella, en lugar de un puente, se han sacado de la chistera el gran túnel submarino antes mencionado. No deja de sorprenderme el esfuerzo tremendo que han hecho en este país por mantener unidas por carretera todas las diminutas poblaciones de los miles de islas de tan variada superficie. En España sospecharía de la relación de los Gobiernos con las empresas constructoras, pero aquí en Noruega me parece un ejemplo de solidaridad y de vertebración. Soy hijo de los estereotipos, lo sé.

Jesús, qué frío, en el monumento de Cabo Norte / Ramón Huarte

Mageroya tiene apenas 30 kilómetros de longitud y es un páramo rocoso batido por las olas y el viento, pero en seguida se ve que es también un parque turístico. A pesar de la temprana hora a la que me presento, somos abundantes los autobuses, motos y sobre todo autocaravanas que llegamos a la plataforma que da acceso a un centro temático y, unos metros más allá, al mirador y al monumento que es considerado urbi et orbe como el punto final de la peregrinación de miles y miles de viajeros que curiosamente venimos aquí pensando en lo desabrido y solitario de las cercanías del Polo. Sucumbo a las típicas fotos, entre gente que escucho hablar en multitud de lenguas, entre ellas, claro está, el castellano. Pero mantengo un punto de rebeldía ante una masificación que se me asemeja a esa que dicen que sufre el Everest: Me prohíbo a mi mismo contribuir a la banalización de la aventura solicitando el certificado de haber estado en cabo Norte que expiden en el Nordkapphallen. Hombre, admito que a esa noble postura contra la mercantilización de las ilusiones contribuye que he leído que el certificado de marras lo cobran a 60 eurazos. Pero en todo caso me siento justificado moralmente a ahorrármelos. Además, ya tengo pensado dónde invertirlos…

A tiro de piedra... / Ramón Huarte

ARTICO BAR

No me entretengo mucho en Cabo Norte, a pesar de que el “Sol de Medianoche” desde ahí es un bonito espectáculo. Me retiro, mascullando dentro de mí, con ladina satisfacción, que hoy, dado lo encapotado del cielo, nadie lo podrá disfrutar (Wahahahahaha).

Tengo otra idea en mente. Volviendo hacia el sur, todavía dentro de la isla de Mageroya, está la localidad de Honningsvag. En realidad, unas pocas casas y un puerto de pesca. Pero ahí, en el puerto, en una nave, está el “Artico Ice Bar”, un bar construido… de hielo. La barra, las mesas… Qué mejor que invertir parte del dinero que no me he gastado en el certificado de Cabo Norte en tomarme un pelotazo. Y más teniendo en cuenta que los que abrieron el negocio son españoles. Y que tengo pendiente una importante misisón. A la entrada un ticket por dos bebidas y un traje térmico. Debe ser el cansancio, pero me he quedado pensando, una vez dentro, en cómo sería una partida de mus aquí, a cuatro bajo cero.

"Lonchas", el buenazo y enorme verdadero dueño del "Artic" / Ramón Huarte

Tanto frío seguido me hace sentir una urgente premura por descender hacia el sur. Aunque el cálido y acogedor sur sean, hoy por hoy, Finlandia y Rusia. Que ya es decir.

VIDEO: Cabo Norte era una tapadera, he aquí la verdadera misión. "Operación Rosado" cumplida.

 Notas:

- Jose, el receptor de la botella, me advierte de que en su bar todas las bebidas son sin alcohol, no están las leyes noruegas oara otra cosa. Darán buena cuenta de la botella en privado.

- Andrea, de Barcelona, en prácticas este verano en el "Artic", es la que me da las explicaciones. Desborda entusiasmo por Noruega y por el hielo. Preguntad por ella si vais.

EL BALANCE

Paro a dormir en un pueblo pegado a la frontera finlandesa, Karasjok. Estas pocas casas (Eso sí, muy extendidas, como todos los pueblos noruegos) son la capital de los autóctonos Sami.

He acabado la primera fase de mi vuelta a Europa. Dejo Noruega, el centro absoluto de esta primera tirada. Hasta ahora, la llegada al lugar de peregrinación de miles de moteros de todo el mundo no se sale de lo que es un gran y precioso viaje, que entra dentro de lo previsible de antemano.

El "sol de medianoche" En realidad la fotografía es de las tres de esta pasada madrugada. / Ramón Huarte

Ahora, a través de Finlandia, me dirijo -a contrapelo del viajero al uso- al sur, a Rusia, para entrar en un mundo donde seré un extraño. Más allá de las grandes ciudades, en lo profundo del gigante ruso, seré tan extraño yo para ellos como ellos para mí. Esta segunda fase hasta llegar a Asia es, desde luego, la más especial de todo el periplo. La más imprevisible, desde luego.

El balance hasta el momento es el siguiente: En lo material, la moto, que es lo que importa, parece intacta. Los neumáticos, con pintas de soportar unos cuantos miles de kilómetros más (Llevan 6.000). De la impedimenta, lamentar la rotura de la cámara de fotos, y que hoy he perdido no sé dónde el plástico protector de lluvia de la bolsa trasera. Poca cosa, para lo que hubiera sido capaz de perder a estas alturas.

En lo físico, llevo mucho mejor de lo que pensaba el tute, e incluso hay días en que amplío el kilometraje previsto. Mérito que habrá que dar al que me machaca en el gimnasio los miércoles, Israel. Cruel pero eficaz.

En lo interior… De los viajes africanos que he hecho, he aprendido que para el poco experto como yo, es necesario el ahorro. De energías, de sueño, de agua, de comida. Quiero decir, que he aprendido que para llegar al final, si el camino es largo, mejor no desgastarse en entusiasmos, en alharacas. La ruta es mucha y tiempo habrá para todo. Y el disfrute es, sobre todo, cuando vuelves a casa y te das cuenta de lo que has vivido. Por eso he ido bajando el tono de lo que escribo, por eso me noto más sobrio (Dentro de la innegable calidad literaria de mi soberbia prosa, claro está), más descriptivo y menos chisposo. Inconscientemente, noto que me he puesto en “modo” ahorro. No derrocho esfuerzos, ni físicos ni morales. Y eso está bien, porque es ahora, al empezar la segunda fase del viaje, cuando noto que sí, que posiblemente llegue a terminarlo.

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.

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