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Etapa 9: Kajaani (Finlandia)

Tráfico con cuernos, el Círculo Polar Tropical, y previsiones rusas

Laponia: Highway to hell /

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LAPONIA

Entro en Finlandia en mi camino hacia Rusia. En la frontera (Cómo no, situada tras un puente, qué fijación con los puentes, los escandinavos), y a pesar de que une un país externo a la Unión Europea con un país que forma parte de la Unión, no miran la documentación: “Goods to declare?”. Pues no, nada que declarar salvo el frío que hace ahí arriba, parece mentira que estemos casi en verano, en ese país de los vecinos de Vds.

A las puertas de Rusia / Ramón Huarte

Después de las astilladas costas noruegas y sus reviradas carreteras, en todo caso, las carreteras que encuentro en Finlandia son relajantes. Entre montes y lagos, sin embargo no requieren del continuo balanceo para tomar curvas, y mis hombros y cuello lo agradecen. Supongo que también agradecerán los neumáticos la conducción más pausada. Eso espero, si quiero cambiarlos después de Rusia, para evitarme el papelón de hacerlo en cirílico.

La Finlandia norte, Laponia, tiene como curiosa característica que la habitan más renos que personas. Tal cual. De hecho, en un país en el que los atascos resultan una experiencia desconocida, puedes verte parado en medio de una solitaria carretera porque la atraviesa un grupo de estos animales. En realidad es parecido a lo que pasa en las carreteras de Irlanda con las ovejas, en las de Córcega con los cerdos salvajes, o en las de España con los cenutrios vociferantes. Mientras desciendo hacia la zona de los mil lagos a través de Laponia, siguiendo la carretera solitaria en medio de bosques y ríos, veo campar a sus anchas a los renos, aunque no he de detenerme en ningún momento por su presencia en la vía.

VIDEO: Me esperaba en medio de la carretera, pero se quitó cortésmente

EL CÍRCULO RENTABLE

A mitad de etapa, Rovaniemi, la capital de Laponia. En realidad, poco más que un pueblo grande, aunque, eso sí, muy extendido (Tan dispersas y extendidas están las poblaciones en Escandinavia que estoy seguro de que algunos pueblos de mil habitantes ocupan una superficie equivalente a la provincia de Cáceres). Pero Rovaniemi cuenta con algunas características que lo hacen especial. En primer lugar, tiene aeropuerto. En segundo lugar, está justo en el Círculo Polar Ártico. En tercer lugar, es el tradicional lugar de origen de Santa Claus, de Papá Noel. Los dos segundos puntos y el turismo que atraen explican la existencia del primero.

Lo tiene todo Rovaniemi, pero con buen tiempo parece un decorado de far west de Almería / Ramón Huarte

En la estación de servicio Shell a la entrada de Rovaniemi lo tienen claro. A los letreros (En lengua suomi y en inglés) anunciando mil y una ofertas para pasar el Círculo en grupo en los más variopintos lugares y de las más sugerentes maneras, se unen los folletos que pueblan el mostrador. Especialmente llamativo el que ofrece la oportunidad (Única en el mundo, señala) de cruzar el Círculo… ¡Bajo tierra!, a través de una de las “Cuevas de Santa Claus” del inevitable parque temático dedicado al personaje en cuestión. Por si eso no fuera suficiente, por si no hubiera tenido oportunidad de valorarlo, el empleado de la gasolinera me pregunta si no deseo una ceremonia de paso del Círculo. Le explico que no, que estoy de paso, y que además ya he cruzado el Círculo hace unos días, subiendo por Noruega, sin pagar, por cierto. Y en solitario, sin necesidad de ceremonia colectiva ni nada. Y mucho menos con este sol y a 22 grados de temperatura. Tentado estoy de farfullarle en inglés macarrónico, con dignidad propia de los salones de la Royal Geographical Society, algo de que a un auténtico veterano de Cabo Norte no le supone nada cruzar una línea imaginaria, centenares de kilómetros más al sur. Pero desisto viendo la cara de impaciencia del sujeto. Como única respuesta recibo un frío reproche por haber dejado la moto en el surtidor mientras iba a pagar. En Finlandia la costumbre, según he podido comprobar, es apartar el vehículo para ir a la caja sin impedir que otro reposte mientras lo haces. Como ya me considero un curtido viajero difícil de impresionar, antes de quitar la moto entro al bar de la gasolinera y me compro una rebanada del pan con queso y moras que es típico de Laponia. Que esperen.

VIDEO: Desmontando Rovaniemi

LA ELECCIÓN

Quién dijo que la vida del curtido aventurero fuera fácil. Está llena de trascendentales tomas de decisión que encogen el espíritu, agigantan la responsabilidad y siembran la duda. En este caso, y dado que la etapa era larga y no podía entretenerme demasiado, hube de decidir entre detenerme en el “Santa Claus Village” de Rovaniemi, haciéndome fotos con Papá Noel y escribiéndole postales de parte de mis sobrinos adoptivos Matilda y Bernal, o seguir camino hasta mi destino de hoy, Vuokatti, y echar una ojeada al parque de los “Angry Birds”, pajarracos que tienen su origen en esa localidad. El hecho de que la serie de fotos con Papá Noel (Eso sí, el MISMÍSIMO Papá Noel) se acercase al cambio a los 40 euros, y la percepción de que al ritmo al que crecen Matilda y bernal cuando vuelva a verlos tendrán 25 años, ha hecho que eligiera la opción Angry Birds, que al fin y al cabo tienen en mi madre a la máxima chiflada de sus juegos, y madre hay solo una. Salgo pues a la carretera, bajo la vigilancia de dos aburridoa agentes en un coche de policía aparcado en el cruce. Y con la sensación, eso sí, de que Rovaniemi ahora en primavera, un poco dejado y desangelado sin la nieve, es un gran escenario para una película de Tarantino.

Luego resulta que siento el cansancio y paro a dormir en un sitio antes de Vuokatti, y tampoco veo a los Angry Birds. Manda narices.

ENTRE LAPONIA Y LOS MIL LAGOS

En el centro de Finlandia, al sur de Laponia y entrando en la zona sur con sus Mil Lagos, Kajaani. Es en realidad poco más que un pueblo encastrado en medio de diversos lagos conectados entre sí. Me da la impresión de que es un lugar orientado al turismo interno, un sitio de vacaciones. Se ve un club de golf, unos cuantos hoteles, un resort, veo letreros de instalaciones para deportes acuáticos…

Uno de los mil lagos, no sé cuál / Ramón Huarte

Saboreando mi birra de a 7 euros, mientras bosquejo esta crónica en el portátil, pienso en que mañana toca entrar en Rusia, con las incertidumbres que ello plantea, entre las cuales está incluso la de si en la frontera me harán dar la vuelta por cualquier defecto burocrático. Sin embargo, una certeza se impone, poderosa, a todas esas incertidumbres. Todo, absolutamente todo, será escandalosamente más barato que en esta bendita tierra escandinava.

COBERTURA RUSA

En Rusia pierdo la tarifa de datos de mi compañía, que es con la que en ocasiones me he conectado para mandar audios a la emisora, o para hacer estas entradas en la web. Estaré pendiente de la posibilidad de Wifi al final de la jornada en donde me aloje. Eso sí, ni es seguro mque la haya, ni si la hay es seguro que funcione, ni si funciona es seguro que pueda configurarla en mis equipos (¿Serán las claves en cirílico?), así que la regularidad de estas comunicaciones, así como con mi familia y mi santa y preocupada madre, pueden verse resentidas. procuraré que no sea así.

Mañana llegaré a Kolpino, cerca de San Petersburgo. Estaré dos días, para poder acercarme con calma a algunas cosas que quiero ver por ahí. Pasado mañana espero subir a la web un resumen de lo que me han deparado las dos jornadas.

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.

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