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Las siniestras prácticas secretas de la Unidad 731

El uso de armas químicas y bacteriológicas en la Segunda Guerra Mundial

El uso de armas químicas y bacteriológicas en la Segunda Guerra Mundial /

Si hace unas semanas hablábamos de que el uso de narcóticos en batalla no es algo nuevo, sino que se remonta a tiempos pretéritos, el uso de armas qugicas en la guerrarmas qugo nuevo, sino que se remonta a tiempos pretímicas tampoco se ha inventado hoy. Ni mucho menos. Recordaremos, a modo de introducción, su mención en los mitos grecolatinos, en los textos hindúes o en la Antigua China, pasando por la Edad Media y la conquista del Oeste. Los experimentos con seres humanos, normalmente prisioneros de guerra, tuvieron su aspecto más sombría y siniestro con los médicos de la muerte nazis, pero en el mismo conflicto, la Segunda Guerra Mundial, es bastante menos conocida la terrible historia de las experimentaciones con humanos y pruebas de guerra bacteriológicas llevadas a cabo por los japoneses, concretamente a manos de una unidad de siniestro nombre y prácticas secretas: Escuadrón 731, responsable de algunos de los más atroces crímenes de guerra de la época moderna.

Creado en 1932 por el militar de alta graduación Shiro Ishii, un joven microbiólogo sin escrúpulos, en 1989 se dio a conocer, tras el descubrimiento de cientos de cadáveres, las atrocidades de esta unidad secreta. En 1939, sus instalaciones fueron trasladadas hasta Pingfan, al noroeste de la ciudad china de Harbin, un gigantesco complejo que incluía edificios administrativos, laboratorios, barracones, una prisión experimental, un edificio de autopsias y tres hornos crematorios. En total, 150 edificios dispersos en unos seis kilómetros cuadrados que fueron camuflados como un módulo de purificación de agua.

En su interior se realizarían algunas de las atrocidades más indescriptibles de la contienda: experimentación biológica en humanos y fabricación de proyectiles cargados con patógenos que más tarde eran esparcidos por diversas regiones.

Hablaremos de las diversas pruebas que allí se llevaron a cabo y de qué sucedió con el complejo al final de la guerra. Según las estimaciones más prudentes, murieron al menos 1.000 prisioneros, sometidos a todo tipo de vejaciones, en los doce años que estuvo abierto el campo, pero otras fuentes apuntan a entre 10.000 y 20.000 afectados.

Hoy, en nuestra sección de Misterios de la Historia, hablamos con Óscar Herradón, redactor jefe de la revista ENIGMAS, de este expediente secreto de la guerra que recogen las páginas de la publicación este mes, junto a las “Armas Milagrosas Nazis”.

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