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La tarde de triunfo que supo a elegía

Siete orejas se repartieron Enrique Ponce, El Fandi y Roca Rey que se vieron empañadas, después de una gran tarde de toros, al conocer la muerte del diestro Iván Fandiño, que conmocionó no sólo a los toreros sino a toda la afición

La terna abandonó el ruedo a pie como signo de respeto a la muerte de Iván Fandiño, a pesar de haber cortado El Fandi y Roca Rey tres orejas /

A pesar de cómo terminó la tarde, con el público enrarecido y conmovido por la noticia de la muerte del diestro Iván Fandiño, fue el festejo de la feria. Los toros de Salvador Domecq que sustituyeron al hierro titular dieron buen juego; se pudo ver a un David Fandila entregado y torero, con una faena muy equilibrada; a un Roca Rey cumbre, lleno de valor y de resortes aún por descubrir; y a un Enrique Ponce que, aun con el peor lote, sacó agua del manso cuarto, herrado con el número 74. Todo tuvo importancia en esta tarde, incluso hasta los gestos que se convierten en la muestra más honesta y traslúcida de la sensibilidad y del humanismo de la tauromaquia.

Los tres cuartos de aforo daban dimensión de que esta tercera de abono no iba a resultar como las dos anteriores. Eso se vio, especialmente, cuando El Fandi salió a por todas en el primero de su lote, Trinquete, colorado listón, herrado con el número 28 y de 548 kgs. Un toro con hechuras armónicas, aunque falto de remate, al que diestro granadino recibió con largas cambiadas y verónicas puesto de hinojos. Le faltó casta al astado en el caballo donde no se empleó ni tampoco se le midió, dejándolo crudo para que llegase airoso al siguiente tercio. Con la muleta sobresalió Fandila templando al toro en los medios por naturales, después de un inicio tremendista puesto de rodillas pero que hizo vibrar al público granadino que vino a dejarse la voz y las palmas con el único torero de la tierra que ha pisado el albero maestrante en este Corpus. Mucha cadencia y despaciosidad con la derecha, cuajando varias tandas de gran interés, sacándole partido al mejor pitón que tuvo el toro. Duró el animal, embistiendo con nobleza y en algunos muletazos llegando incluso a planear, lo que le valió al toro el reconocimiento de la presidencia de ser merecedor del pañuelo azul que le dio casi la vuelta entera al ruedo durante el arrastre.

"Trinquete", núm. 26, de Salvador Domecq recibió la vuelta al ruedo en el arrastre después de la faena de dos orejas que le hizo El Fandi / Arjona

Aunque si bien estuvo en el primero, cumbre estuvo El Fandi con el segundo bis de su lote, un Jíbaro que tuvo picante y emoción a pesar de su mansedumbre. Le apretó mucho en banderillas y dejó un par de ensueño asomándose al balcón y reuniendo los garapullos en la cara del toro. En la muleta, la mansedumbre se fue acusando, arreándole al diestro granadino cuando el animal se sentía podido, echando la cara arriba al final de cada muletazo y un torero, firme y con oficio, sacándole muletazos y lidiándolo con pundonor, dejándole entero el estoque en la suerte suprema.

Ponce fue, sin duda, el que tuvo que afrontar el peor lote. Con el primero no tuvo opción el diestro de Chiva: un toro sin casta ni raza, que no se empleó en ningún tercio y que protestaba en la muleta cada vez que Enrique Ponce intentó exigirle lo más mínimo. El cuarto, sin embargo sí le ofreció posibilidades, a pesar también de haber rehuido la pelea después de haberlo metido en el caballo. Se intentó rajar desde el primer momento, aunque la excelente lidia de Mariano de la Viña permitió ir centrando al toro hasta el final. Ponce le dio facilidades, metiéndolo en la muleta y alejándolo de la querencia hasta sacarle varias tandas de naturales y corrigiendo los defectos que el toro tenía por el derecho. Toreó a merced del astado, facilitándole la labor y cerrándose con él en las tablas, hasta que consiguió arrancarle con mérito una oreja.

Pero después del clamor del público, que aún continuaba jaleando a El Fandi, el triunfador de la feria pasada, Andrés Roca Rey, venía dispuesto a revalidar con mérito propio el lugar que ocupa en un cartel de lujo como éste. A por todas salió el pupilo de Campuzano, gustándose con el capote, acompañando la cadencia del toro en su embestida. La mejor de la feria. Vibró el coso con el valor del torero peruano, que se pasó al toro por la espalda en el inicio de faena y a más fue la cosa cuando se echó la franela a la izquierda, cuajando la mejor faena de este periplo. Paró, mandó y templó. Se lo ajustó a los muslos y le cortó las dos orejas, por derecho.

Roca Rey cuajó al tercero de la tarde e hizo faena al sexto, que hubiera merecido las dos orejas de no haber fallado con el acero / Arjona

La faena a Horquillero, el que cerraba plaza, también tuvo lo suyo, su encanto, su emoción, su capacidad y su entidad. Su disposición y su entrega, su valor y su sacrificio. Pero la mayoría del público ya no estaba en la faena. Había corrido como la pólvora la noticia de la muerte de Iván Fandiño. El éxtasis, la alegría y el regusto de una gran tarde de toros heló el corazón de buena parte de las ocho mil almas que dimos vida, por unas horas, al coso granadino. El murmullo se hacía presente, los profesionales se encogían en sí mismos ante este velo negro de muerte que les sobrevino. Torero estuvo Roca Rey, torero de verdad con la izquierda, el mejor homenaje posible al torero que muere en la arena. Pero su triunfo, la oreja que le cortó a petición del público, quedó en la ruedo. Que no hay tiempo para la gloria cuando el cuerpo pide llorar la muerte, esa que hiela la sangre de un torero cuando yace en el hule.

Todos a pie y a una, unidos en la afición y en la aflicción. El público reconociendo cuánto hay de verdad en el que se juega la vida cada tarde sobre el albero. Así se marcharon los toreros de la plaza, rotos en el dolor y elevados como héroes de una profesión romántica. Una ovación atronadora pero que distaba mucho de la que bañó la plaza en otras tardes. Porque en el aplauso estaba el silencio, el respeto y el duelo. Reverente. Sincero. Que así se cantan los triunfos cuando estos saben a elegía.

Ficha del festejo

Real Maestranza de Caballería de Granada. Tercera de abono

Con tres cuartos de plaza en tarde veraniega se han lidiado seis toros y un sobrero de Salvador Domecq; correctos aunque desiguales de presentación, alguno sospechoso de pitones, nobles y con juego en general. Bueno y con duración el segundo, al que se le dio la vuelta al ruedo; y el tercero, que embistió con clase.

Enrique Ponce, de marfil y oro: estocada (silencio) y estocada baja tras aviso (oreja)

El Fandi, de azul noche y oro: estocada (dos orejas) y estocada (oreja)

Roca Rey, de chenel y oro: estocada caída tras aviso (dos orejas) y metisaca y pinchazo hondo (oreja)

El Fandi y Roca Rey no salieron a hombros, acompañaron al resto de sus compañeros a pie, en respeto por la muerte de un torero: el león de Orduña, Iván Fandiño.

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