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Etapa 12: Cheboksary (Rusia)

La carretera sin ley, el padre de todos los ríos, y el top less de las señales de tráfico

La "Volga Highway", carretera sin ley. Apréciese el tanque serigrafiado en el protector de rueda del vehículo de la derecha. Marcando terreno. /

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MOSCÚ EN EL HORIZONTE

A menos de cien kilómetros del opíparo desayuno que me sirven en el hotel , tras una buena ducha (Ah, qué lejos me parecen ya los días de café soluble en el camping, a pie de tienda), Moscú. En realidad, paso de largo de Moscú, ya entraré cuando vuelva de los Urales, pero es imposible no distinguir los “síntomas” de la cercanía de la gran urbe. Bordeo la capital a través de una de sus circunvalaciones (No sé cuál, hay seis grandes anillos concéntricos), y veo a lo lejos sus barrios. Casi igual que los incautos militares alemanes que llegaron a escudriñar con sus prismáticos las primeras barriadas moscovitas y pensaron que el gran Oso estaba presto a caer. Desde luego, también vivo, inmerso en él, el legendario tráfico de los accesos. No es leyenda, es cierto lo que se dice: Lo mismo se ven lujosísimos deportivos o todoterrenos, pertenecientes a una élite financiera, empresarial y política que no repara en gastos para estar a la última, que te codeas con viejos autobuses destartalados, o con vetustos coches de la época soviética. No son pocas las motos de gran cilindrada que me sobrepasan saludando con el pie extendido. Las diferencias de velocidad entre unos y otros son enormes, de manera que aunque a la hora de media mañana a la que paso no hay demasiado tráfico, la sensación de caos es grande.

Enfilando al este / Ramón Huarte

VOLGA HIGHWAY

En los últimos meses he repasado mentalmente en muchísimas ocasiones los diferentes hitos de cada etapa, ha llegado casi a ser una obsesión. De manera que, en ruta, casi siempre sabía qué venía después, qué iba a ver, por dónde iba a pasar. Aquí sigo sabiendo qué hay a lo largo de la ruta, pero no sé cuándo paso por los sitios, porque no entiendo los carteles.

Sí que soy consciente de que desde Moscú hasta ya cerca de mi destino Este, en los Urales, discurriré por la M7. Es una especie de “Ruta 66” rusa, es la primera parte, los primeros 1300 kilómetros, del complejo de vías que une la capital de la Federación con Asia. Esta M7 es popularmente llamada “Volga Highway”. Desde Nizhni Novgorod hasta mi destino de hoy, Cheboksary, he circulado paralelo a este río. Y mañana, hasta Kazán, sucederá lo mismo. En realidad la carretera es más bien nefasta, con permanentes pasos por poblaciones, pasos de cebra, semáforos, socavones criminales, señalización pésima, millones de camiones y trastos viejos soltando humo negro de mala combustión y malos carburantes, vehículos averiados parados en los arcenes o incluso en la propia carretera, viandantes de un lado a otro… y ese avispero de coches, camiones y furgonetas ocupando voraces cualquier hueco, acaparando cualquier trayectoria. Y si encima llueve, como hoy, el pertinaz polvo de ayer se convierte en barrillo, que ha dejado moto y piloto hechos unos ecce homos. Todo esto, durante 700 kilómetros, unas diez horas. Y yo que pensaba que habiendo llevado la moto en Nápoles lo había visto todo...

En una rotonda de Khimki, cinturón de Moscú, uno de los muchos memoriales relacionados con la Segunda Guerra Mundial. En este caso el honrado es el caza Lavokhin LA-7 / Ramón Huarte

La M7 cruza bosques de apariencia densísima, cruza estepas… pero apenas se dejan ver en contadas ocasiones, porque lo que flanquea esta ruta son permanentes infraestructuras al servicio del transporte en general y el de mercancías en particular. Gasolineras, hostales, poblaciones de diverso tamaño, zonas de descanso y aparcamiento, grandes letreros, restaurantes… en realidad no entiendo los rótulos, pero la disposición y el formato de los lugares son tan similares a lo que se puede ver en muchas partes de España que no cuesta mucho distinguir qué es cada cosa.

Quien crea que internándome en el corazón de Rusia el repostaje podría ser un problema, se equivoca. Son innumerables las gasolineras que ofrecen combustible diesel, gasolina de 95 octanos, o gasolinas de menores octanajes para los vehículos muy antiguos que todavía circulan. Sí que, según me advirtieron previamente, hay que tener cuidado con los sitios donde venden combustible adulterado de baja calidad, así que paro solo en las gasolineras cuyos nombres me resultan familiares, como BP o Lukoil. EL inglés no se habla mucho, pero por signos me entiendo y las tarjetas las aceptan. La gasolina es barata y la moto causa curiosidad. Todo va bien.

No hay mucha preocupación en Rusia por exhibir, allí donde lo vean oportuno, incluso en sitios oficiales, la hoz y el martillo. Aquí, recibiendo al visitante. / Ramón Huarte

LA LETRA, CON TOP LESS ENTRA

A mitad de etapa, a mi paso por Nizhni Novgorod, la quinta ciudad más grande de Rusia, aguzo la vista y espabilo los sentidos. Por responsabilidad como conductor y por solidaridad con cualquier iniciativa promotora de la prudencia al volante, no os creáis. Y es que leí que hace bien poco una ONG rusa dedicada a colaborar en la reducción de muertes en carretera (Autodvijenie, se llamaba), llevó a cabo una iniciativa con las autoridades rusas para concienciar sobre la necesidad de respetar los límites de velocidad. Se les ocurrió poner a tres bellezones en top less con gorra de policía de tráfico y sosteniendo señales redondas de limitación de velocidad. Eligieron como zona de ese experimento precisamente la M7 a la altura de Nizhni Novgorod, por donde he pasado. He de decir que a pesar de mi conciencia como conductor, no he podido ver nada parecido a ese experimento. Y eso que según se cuenta, el día en que se realizó esa prueba fue la primera vez que no se registraron ni accidentes ni sanciones por exceso de velocidad en esta vía.

Me paso los 250 kilómetros restantes hasta Cheboksary, mi fin de etapa, escudriñando los arcenes en busca de señales. De tráfico, por supuesto.

VIDEO: Así llego a Cheboksary. Después de 700 kms infernales, y tras el tormentón... los guijarros para tirarme, las balsas para mojarme, y las calles de tierra de la zona del hotel, para rematarme.

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.

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