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Tragedia en Portugal

Tan cerca y tan iguales

Dice el director de la Escuela de Enxeñería Forestal del Campus de Pontevedra, Enrique Valero, que entre otras cosas compartimos la belleza del paisaje, y hasta errores como el abandono del monte

Un equipo integrado por más de 30 personas, todos voluntarios, están a disposición de Portugal para salir desde Galicia en el momento que sean requeridos para echar una mano en el devastador fuego de Leiría, que según las primeras investigaciones se inició en un árbol incendiado por un rayo.

Sostiene la policía judicial portuguesa que “con un alto grado de certeza, la causa fue un rayo que alcanzó un árbol”, así que causas naturales y extremas por calor excesivo, viento y tormentas con muchos rayos sin lluvia, lo que se conoce como tormenta seca.

Hoy es jornada de luto en Portugal, y la corporación municipal de Pontevedra visibilizó con un minuto de silencio que compartimos su dolor. La voz la puso el alcalde, Miguel Fernández Lores.

Son tantas las cosas que nos unen a Portugal que en esta tragedia nos sentimos especialmente cerca, sobretodo porque compartimos un error tantas veces denunciado, el abandono del monte.

Galicia y Portugal comparten medio físico con sus costas bañadas por el Atlántico, el clima es templado e incluso las características del terreno son prácticamente las mismas. Pero dice el director de la Escuela de Enxeñería Forestal del Campus de Pontevedra, Enrique Valero, que hay algo que se repite en muchos países de Europa: el abandono que se ha hecho del monte. Y Galicia y Portugal no son una excepción.

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Enrique Valero tiene muy claro que, si las tormentas secas que dejaron récord de rayos en el cielo de Galicia hace unas semanas, no llegaron a extremos como los de Portugal, fue sólo porque el monte no estaba tan seco. Portugal está ante una tormenta perfecta: Temperaturas extremas, sin humedad y con un viento que aporta oxígeno al fuego y lo activa. Y aquí excluye que las especies que se encuentran en los montes faciliten más o menos la propagación del fuego.

Insiste Valero en que da igual el origen del fuego, este se propaga sin importar demasiado el tipo de árbol. Porque frente al pino o el eucalipto hay plantas como la “carrasca”, que alimentan más las llamas. Y que según qué circunstancias, un carballo puede arder con la misma facilidad que un pino.

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