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Sonorama comparte sus claves para dinamizar el medio rural

El festival ribereño participa en un curso de verano de la Universidad de Burgos sobre eventos culturales sostenibles con la premisa de aprovechar lo genuino de cada entorno

Carteles de colaboración Sonorama /

Si Sonorama Ribera tiene valedores en la comarca de la Ribera, amén de los amantes de la música indie, sus fans más incondicionales son restauradores, hosteleros, promotores de turismo rural y comerciantes de la zona, que cada año notan en sus negocios el impacto positivo del festival. Por eso los organizadores de Sonorama han sido invitados a participar esta semana en el curso que organiza la Facultad de Económicas de la Universidad de Burgos sobre “Claves para organizar eventos cultuales sostenibles en el mundo rural”, en el que compartirán su experiencia junto a los promotores de otros eventos culturales de la provincia como Artim, Pollogómez Folk y Demanda Folk.

Javier Ajenjo, director de Sonorama, tiene claras algunas de las claves del éxito sostenible del Festival a lo largo de los veinte años de vida que está a punto de cumplir: se trata de tener los pies en la tierra para enraizar en el territorio pero también para respetar las dimensiones del lugar donde se desarrolla. Por una parte Ajenjo reconoce que, en gran medida, el crecimiento constante de Sonorama Ribera a lo largo de los años no hubiera sido posible sin una importantísima masa de voluntarios incondicionales con los que contó el evento casi desde el principio a través de la asociación Art de Troya, verdadero alma del festival. En esta edición del 20 aniversario los voluntarios podrían llegar a los cuatrocientos.

Pero en la historia del festival no ha sido menos haber asociado su nombre y buena parte de sus eventos paralelos a lo genuino que ofrece el entorno: el vino, la gastronomía y hospitalidad con los visitantes tan enraizada en los entornos rurales.

Vincular a ello la identidad del evento ha sido una de las más importantes claves del éxito de Sonorama Ribera, que ahora busca la segunda parte de la ecuación: la sostenibilidad de un festival que no deja de crecer. Por eso Javier Ajenjo habla ahora de hacer un festival “no más grande, sino mejor, donde los asistentes estén más a gusto, se crezca en el reciclado de residuos, se repartan los conciertos por más barrios de Aranda, se apueste por los artistas de Castilla y León con un escenario exclusivo y se mejore el bienestar de quienes acudan”

El pasado año Sonorama Ribera recibió 60.000 asistentes, que supusieron un impulso económico de más de seis millones de euros para la comarca, a los que hay que añadir más de siete millones de euros en impactos mediáticos vinculados al nombre de Aranda y la Ribera del Duero.

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