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La Columna

La picaresca británica

Desde 2013 se han incrementado en un 500 % las denuncias de británicos que aducen cualquier pequeño problema de salud para que se les reembolse el coste de sus vacaciones

No termino de entender cómo el Reino Unido puede mantener una normativa que permite a sus ciudadanos, que pasan sus vacaciones fuera de su país, presentar una queja aduciendo cualquier pequeño problema de salud y, sin aportar ninguna prueba, conseguir que se les reembolse el coste de sus vacaciones.

Ahora, por fin, el Gobierno de Theresa May se ha dado cuenta de la magnitud del problema generado -desde 2013 se han incrementado en un 500 % las denuncias- y ha decidido actuar contra los turistas británicos que realizaban reclamaciones falsas.

Pero la cuestión no es solo ir contra los turistas piratas o contra esos mediadores -conocidos como claim farms; o sea, en traducción literal, algo así como granjas de reclamaciones-. También son necesarios cambios legislativos que impidan que de una forma tan fácil se puedan pedir reclamaciones.

Por tanto, la solución es incompleta. Todo esto deja en muy mal lugar a los turistas britanicos -fundamentales para la Costa Blanca- sobre los cuales, sobre todo, al llegar a nuestro país, se fija una sombra de duda; pero también sobre la normativa británica, tan laxa como para permitir estos abusos.

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