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LA LÍNEA ROJA

Visitar Marivent valía la pena

Se ha hablado de decepción, un veredicto que no comparto

No todo han de ser malas noticias.

La apertura de los jardines de Marivent al público ha propiciado la reconciliación de los ciudadanos con su comunidad.

El visitante no se sentía súbitamente transportado a la dignidad regia, con corona y manto de armiño.

El visitante ni siquiera se sentía Urdangarin, o Infanta Cristina según los casos.

Se ha hablado de decepción, un veredicto que no comparto.

En realidad, la visita gratuita aportaba una documentación impagable sobre los parques que Balears necesita y no acierta a plantar. Por no hablar de las doce esculturas de Miró.

La palabra es “asomarse”. El visitante se asomaba a una visión romántica de Mallorca, cuando los visitantes del exterior la cuidaban con más esmero que los autóctonos y sin pretensiones de negociar con la isla.

El colofón de este homenaje a los jardines de Marivent debería ser una encarecida invitación a que usted los visite a la mínima oportunidad.

Por desgracia, Marivent acaba de cerrar sus jardines por si viene la Familia Real.

Reconozco una punta de sadismo, el placer culpable de dejarle con la miel en los labios.

Sin embargo, la espera hasta septiembre aumentará las expectativas, en unos jardines demasiado elegantes para ser disfrutados únicamente por los turistas.

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