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La Seminci llora la muerte del cineasta Martin Patino

Martín Patino (Lumbrales, Salamanca, 1930), falleció hoy en Madrid a los 86 años,

Martin Patino en la Filmoteca de CyL /

 

  Ha muerto Basilio Martín Patino, el cineasta más libre y más "rojo" de España, el más censurado y perseguido por la dictadura de Francisco Franco en la que le tocó vivir, "más que Berlanga, más que Bardem", para después dejar abierto el camino a otros jóvenes realizadores.

Porque Martín Patino (Lumbrales, Salamanca, 1930), fallecido hoy en Madrid a los 86 años, fue un pionero, un realizador valiente y valioso a quien la industria no valoró apropiadamente.

Quizá, explica su amigo Javier Tolentino, director del programa de Radio 3 "El séptimo vicio", faltó ese reconocimiento por su obsesiones: "No aceptar nunca un premio de una institución -se negó en redondo a presentar sus cintas a la Academia del Cine, por ejemplo-, y que sus películas no las comprase nunca Enrique Cerezo".

El carácter rebelde y decidido de este intelectual nacido en medio de una familia tradicional -sus hermanos se hicieron religiosos, de hecho, José María (1925-2015), fue secretario del cardenal Tarancón-, se puso de manifiesto enseguida, ya desde sus años de estudiante de Filosofía y Letras en Salamanca, donde nació.

Allí fundó, en los años cincuenta, el cine club universitario, germen de la importante revista "Cinema Universitario" y foro de las primeras Conversaciones Cinematográficas de Salamanca, que tuvieron influencia decisiva en la evolución del cine español de posguerra.

La Guerra Civil y Salamanca, su ciudad, usada como metáfora de tantas cosas, fueron siempre su "leitmotiv", un tema recurrente en su filmografía.

Martín Patino hizo, en los setenta, las cintas más censuradas del cine español, desde "Canciones para después de una guerra" (1971) a "Queridísimos verdugos" (1977).

En "Caudillo" (1974), rememora Tolentino, "le dijo al dictador que era un asesino, y se lo dijo en vida del general, con la elegancia de su cine y la contundencia y austeridad de su inteligencia".

"Sólo Carrero Blanco entendió lo que decía su cine y vetó ambas películas con cárcel para quien las difundiera. Fue más censurado que Berlanga, más incluso que Bardem. De hecho, Televisión Española hoy no emite esas cintas", asegura Tolentino.

Fue un maestro para muchos otros, como José Luis Guerín o Lois Patiño, que vieron la profunda utilidad del documental en la historia cinematográfica española, pero también hizo preciosas películas de ficción, como "Nueve cartas a Berta" (1966).

Una cinta que sufrió la censura más tenaz, lo que no evitó que se convirtiera en un referente de la época.

Agotado de aquella experiencia, fue después de su siguiente película, "El amor y otras soledades" (1969) cuando Martín Patino, se fue a los márgenes de la industria.

Callado, elegante y tímido, plasmaba su determinación en sus obras, no solo cinematográficas, sino en sus libros, sus montajes audiovisuales o sus trabajos para la televisión convencional; aunque su carácter inquieto le llevó en 1984 a poner en marcha su propia cadena clandestina, "El Búho", dirigida por Pablo Martín Pascual.

E hizo promocionales, como el de la candidatura de Sevilla a la Exposición Universal (Expo'92), "El nacimiento de un Nuevo Mundo", con el que Sevilla ganó la convocatoria.

Sus últimos audiovisuales fueron "Homenaje a Madrid" (2004), con motivo de los atentados islamistas del 11-M y que se proyectó en PHotoEspaña; "Corredores de fondo" y "Fiesta", ambos de 2005 y mostrados en los Pabellones de España de la Bienal de Arquitectura de Venecia y la Exposición Universal de Aichi (Japón), respectivamente.

Pero, para los más jóvenes, será el documentalista del 15-M. "Libre te quiero" (2012), que rodó ya rozando los ochenta años y cuando ya había anunciado su retirada, es su legado más sincero y "desde dentro".

Cuando lo presentó en Valladolid, el veterano director contó a Efe que esa noche del mes de mayo volvía de Salamanca a Madrid cuando se topó con una gran concentración de ciudadanos y un ambiente que sintió que debía dar a conocer y guardar para el recuerdo.

Así, se reunió con parte de su habitual equipo de rodaje y juntos decidieron que grabarían el desarrollo de los acontecimientos. A los cuatro días, en los que el equipo rodó día y noche, el documental estaba listo.

Solo faltaba la canción, que puso el cantautor Amancio Prada, "Libre te quiero" y que hoy sirve también de epitafio para un gran hombre, gran intelectual y gran cineasta que ha perdido el cine español. 

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