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Sonorama Ribera: la república con miles de embajadores

Han conocido los recovecos de las bodegs subterráneas, se van sabiendo catar un vino y aprecian como nadie la arquitectura popular de la Plaza del Trigo. Y a partir de ahora dejan de ser visitantes para pertenecer a la ciudadanía sonorámica de la Ribera del Duero

Los asistentes al almuerzo de la peña El Jarro disfrutaron con la ambientación musical de la charanga Los Chones /

Que Sonorama Ribera no es un festival de música más se aprecia incluso antes de llegar a Aranda. Lo han dicho algunos de los tres mil afortunados que consiguieron inscribirse para contar con un carnet que acredita que son parte de la ciudadanía de la República Independiente de Sonorama Ribera. Tres mil credenciales que les otorga privilegios como acceder a información privilegiada y a iniciativas enoturísticas en la Ribera del Duero, y que a su vez les “condena” a ser embajadores de aquello de lo que más disfrutan de esta tierra.

Flequi Berruti en una de las catas didácticas de Sonorama Ribera / Cadena SER

Pero incluso sin el pasaporte “oficial” muchos de los festivaleros de Sonorama han podido disfrutar de algunos momentos y experiencias genuinas de esta tierra que los nativos no solo no tienen inconveniente en compartir, sino que muestran con orgullo a los visitantes. Es el caso del “Espíritu bodega”, en el que las peñas arandinas son grandes maestras, y que mostraron en todo su esplendor durante los almuerzos ofrecidos en sus bodegas subterráneas. Los componentes parecen sencillos: chorizo, morcilla, pan y vino. Pero el ingrediente fundamental es la magia del lugar, arquitectura popular excavada en el subsuelo, con la frescura con la que la tierra acoge a los que se adentran en ella, y con la camaradería de quienes, sin conocerse, son capaces de compartir mesa y bancada, y si se tercia (lo que ocurre en la mayoría de los casos) también una animada conversación . Y si la experiencia se adereza con música de charanga ofrecida por la propia peña, será difícil encontrar a quien se resista a convertirse en ribereño, aunque sea de adopción.

Hay otra experiencia que han convertido a muchos de los festivaleros de Sonorama Ribera en embajadores de la Denominación de Origen vitivinícola que le otorga el apellido: las catas didácticas de vino Ribera del Duero también se repiten con éxito cada año en la bodega subterránea del Centro Cultural Caja de Burgos. No puede haber mejor cicerón para estos viajes gustativos por la denominación ribereña que la combinación de humor y rigor del experto en vinos Flequi Berruti, de cuyas explicaciones los participantes salen convencidos de que tienen que seguir probando muchos vinos para disfrutarlos cada vez más y que si son de la Ribera del Duero el goce está asegurado.

Los asistentes a Sonorama pudieron disfrutar de los almuerzos en las bodegas subtarráneas de las peñas de Aranda / Imagen facilitada

Es por estas propuestas, entre otras, por las que entre los asistentes al Sonorama hay un mensaje que se repite y se extiende cuando la música y cada uno vuelve a su lugar de origen: este festival no se parece a nada conocido. Y la culpa la tiene el pueblo de Aranda y sus gentes, deseosas de compartir aquello con lo que disfrutan para hacerlo más grande, conocido y respetado.

Por eso un año más después de Sonorama, la Ribera del Duero ha conseguido una legión de embajadores cuyas lenguas cantarán las maravillas de una tierra disfrutona, acogedora y generosa, cuna de algunos de los mejores vinos del mundo.

El público asiste atento y divertido a las catas didácticas de Sonorama Ribera / Imagen facilitada

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