Los emigrantes madrileños tienen dudas sobre la estrategia de Cifuentes

Lamentan que se anuncie en verano y que no cuente con ellos para elaborarla

La estrategia madrileña para los retornados no convence a los emigrantes /

La Comunidad de Madrid quiere cortar la fuga de cerebros. Por eso ha preparado una estrategia de apoyo a la emigración y retorno, que verá la luz a finales de septiembre. El Ejecutivo calcula que más de 150.000 madrileños han tenido que salir a buscarse la vida desde que empezó la crisis en 2008, aunque en total hay más de 367.000 viviendo en el exterior.

El proyecto, que cuenta con 40 medidas, va a seguir cuatro líneas básicas de actuación: promover la empleabilidad, la integración y la salud de los retornados, y mejorar el conocimiento de la realidad de los emigrantes. Pero ¿qué opinan sobre esta iniciativa los afectados? Esta es la historia de tres madrileñas que tuvieron que salir de la Comunidad, para buscarse la vida lejos de casa. Las tres pertenecen a la Marea Granate, el colectivo que defiende los derechos de los españoles que residen en el extranjero. 

Belén se fue a Grecia en 2007 después de terminar la carrera. En Madrid había trabajado en "todos los puestos de precariado de la época". Cobraba 900 euros y no le permitía emanciparse. "Para poder vivir con dignidad y tener opciones me fui a Grecia; fue donde yo viví la crisis", cuenta, desde allí se fue a Suecia. "Estoy aquí porque quiero derechos laborales, sanitarios y educativos", explica en conversación telefónica. Belén mantiene el contacto con España, porque está "relativamente cerca". Al menos una vez al año viene a casa, aunque sabe que no todo el mundo está en la misma situación y a los que no les es posible mantener el contacto y viajar habitualmente. "Yo me siento bien aquí, pero esto no es un sálvese quien pueda y tengo dolor", comenta con pena, "sigo militando e interviniendo para entender y contribuir a los que pasa en España". Belén considera que la estrategia presentada por el Gobierno de Cifuentes es "una cáscara" en la que se emplean "palabras clave para pulsar teclas emocionales". Dice que está falta de medidas concretas y cree que no es tan necesario este tipo de proyectos como que cambien las condiciones para que los emigrantes puedan volver. Belén duda de si podrá volver. "En otro momentos te diría que me muero por volver a un sitio donde las librerías están en español, donde hay tanta vida cultural y activista como Madrid", explica con nostalgia. "Volver sí, pero, ¿a qué coste?", se pregunta.

Marta Rodríguez se fue a Austria en 2007, antes de que estallara la crisis. "Se hablaba de la burbuja inmobiliaria, pero nadie imaginaba la bofetada que iban a dar a la población", cuenta con voz calmada. Marta quería hacer la tesis doctoral fuera de España porque, dice, era consciente de que en Madrid no iba a tener posibilidad obtener ayudar para hacerla. La crisis le pilló en Austria. "Seguía conectada, seguía viendo las noticas y me resultaba muy frustrante vivirlo desde lejos y sentirlo como algo muy cercano por lo que no puedes hacer nada", narra entre lamentos, "resultaba aterrador lo que me llegaba", sentencia. Después de terminar la tesis se le abrió la primera disyuntiva sobre si regresar o no. Pero encontrar trabajo en Madrid "era imposible", así que decidió hacer planes a largo plazo, a "echar raices, según dice". Marta no tuvo fácil encontrar trabajo digno, tampoco en Austria; pasó por una "yincana de contratos" hasta que consiguió un puesto estable. "Una vez que has logrado una estabilidad vital y has superado ciertas trabas, como la comunicación, te encuentras, como yo, en un punto de no retorno", explica resignada. "Sabes que volver a Madrid representaría otra vez empezar de cero", comenta. A pesar de eso, sabe que su caso no es el único y cree que muchas de las personas que tuvieron que emigrar, que se sintieron empujadas a hacer las maletas, quieren volver. Pero Marta cree que la iniciativa madrileña no es el marco que va a llevar a los retornados de vuelta a Madrid. "Chirría", dice de la estrategia. Se queja de que no cuenta con los afectados y de que se publique en medio de agosto. "Suena muy bonito todo, pero falta detalle", sentencia.

La historia de Irene Sánchez es un poco distinta. Se fue a Londres en 2014 cuando acabó su doctorado en Químicas, en un paso habitual la carrera investigadora. "La diferencia desde el inicio de la crisis es que la mayoría ahora nos vamos sabiendo que no vamos a volver", cuenta apenada. Dice que la ciudad es muy caótica y que no hay calidad de vida, aunque asegura que "irónicamente" es difícil irse de Londres. "Pesa mucho que mi vida y la de mi gente ha ido por caminos distintos; ya no sé si soy de aquí o de Madrid", lamenta. Califica la estrategia madrileña de retorno de "ambigua", porque cree que no contiene ni medidas concretas, aunque defiende, como lo hace la Marea Granate, que los mejores planes de retorno no pasan por hacer parches, sino por crear condiciones laborales dignas.

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