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El niño merece algo mejor

El comentario de Ana Mellado

Quedan pocos días para que comience el curso escolar y niños y adolescentes llenen de nuevo las aulas. Un momento que muchas familias vivimos con expectación, deseosos de conocer lo que nos depararán los próximos meses, no sólo en lo académico sino también en todo lo que ocurre en esa pequeña sociedad a escala que se crea en los centros y en la que tienen que desenvolverse nuestros hijos.

Este momento es tan bueno como cualquier otro para que padres y tutores insistan en inculcar a sus hijos valores que tienen que ver con el respeto, la igualdad y la tolerancia.

Pero, ¿qué ocurre cuando los encargados de transmitir esos valores y enseñanzas no los tienen asimilados en su propio comportamiento? Pues que ocurren aberraciones como la que se ha dado en un colegio en Argentina con un alumno diagnosticado con el síndrome de Asperger, una clase de trastorno del espectro autista. Un niño al que la presión de un grupo de madres ha conseguido sacar de su clase y cuya celebración en whatsapp tras el supuesto logro se ha hecho viral gracias a la difusión que hizo la tía del menor afectado.

Los pantallazos del grupo de whatsapp de esas madres no dejan lugar a dudas sobre su catadura moral. Festejan con emoticonos de aplausos, serpentinas y botellas de champán que por fin la clase de sus hijos se ha deshecho del niño supuestamente problemático. Hablan de alivio y se jactan de que prevalezcan los derechos de 35 frente a los de uno sólo. Todo esto después de presionar al colegio para que realizara ese cambio, impidiendo a sus niños asistir a clase hasta obtener lo que querían.

Me revuelve literalmente el estómago la forma en que estas pobres desgraciadas estarán educando a sus hijos. Y no quiero imaginar la clase de consecuencias que esto pueda tener en el futuro.

Más tarde, cuando la noticia ya había dado la vuelta al mundo, la madre del chico se ha mostrado desolada en una entrevista en la que también ha contado que el chaval no quiere perder a los pocos amigos que tanto le ha costado hacer. Imaginen por un momento que algo así ocurriera en su familia, simplemente tiene que ser devastador.

Es evidente que un niño con necesidades especiales es un gran reto para los educadores y supone un esfuerzo extra que los centros y las leyes de educación de los diferentes gobiernos deben contemplar, con especialistas cualificados y las medidas de apoyo necesarias para garantizar el bienestar de estos alumnos y de todos los demás. Pero es que es una máxima que no deberíamos saltarnos jamás, siempre ayudar al más débil, siempre apoyar al más desfavorecido, parece mentira que existan aún personas a las que haya que explicarles esto.

Finalmente la solución que se ha propuesto a la familia tras el revuelo que se ha montado, es que el niño continúe el curso “saltando” de clase en clase. Una estupidez a modo de lavado de cara que desde mi punto de vista la familia debería rechazar.

Ese niño merece algo mejor, merece atención, merece respeto, merece una educación acorde a sus necesidades.

Por cierto, que todo esto ha ocurrido en un colegio religioso, bonito ejemplo de solidaridad, justicia y caridad cristiana…

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