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Vuelta al cole sin lágrimas en Alcobendas

Familias y estudiantes retoman la actividad escolar con ganas e ilusión

Niños en un colegio /

Los colegios de la zona norte de la región han vuelto a abrir sus puertas a los chavales en la mañana de este viernes. Minutos antes de las 9.00 las ruedas de las mochilas volvían a traquetear en las aceras, que empezaban a llenarse de padres y madres marchando en procesión hasta la puerta del colegio público Castilla de Alcobendas. Familias y chavales compartían las mismas ganas e ilusión por el nuevo curso.

Los padres además, estaban aliviados, después de un verano en el que han tenido que hacer juegos malabares para atender a sus hijos. Esteban, el padre de Sofía, aseguraba que era una ilusión y una gran responsabilidad, pero añadía que no podía quejarse, después de unas buenas vacaciones en familia. Otra madre, intentaba explicar el alivio que suponía para ella como trabajadora el dejar a sus dos hijos en el cole, mientras el más pequeño tiraba de su brazo para quejarse por empezar en el nuevo centro primero de infantil.

Los niños estaban más nerviosos. A las nueve de la mañana, cuando el grupo que desayuna en el colegio Castilla ha salido al patio, han empezado a escucharse los gritos y el ruido de las zapatillas contra el pavimento de la pista de baloncesto. Poco después iban llegando compañeros, que miraban desde la reja de la calle como los chavales trataban de encestar una pelota de gomaespuma.

Para los niños volver a clase es una alegría por volver a ver a los amigos, solo alguno de los más pequeños se abrazaban con fuerza a los cuellos de madres y padres para que no les dejaran allí, aunque eran una minoría. Dos niños se reencontraban tras el verano y se abrazaban fuerte mientras se contaban sin aguardar su turno de palabra las vacaciones. Porque, pese a la alegría, ese era el tema entre los estudiantes de infantil y primaria la notica hoy no estaba en la vuelta al colegio, sino en sus playas, sus pueblos y sus familias.

Cuando han abierto las puertas del centro, sobre las 9.20, se han pasado los nervios y las penas. Los chavales han corrido hacia sus tutoras para formar fila. Había que entrar en clase. Los más rezagados se apuraban por la calle, con los padres con peor cara que los que había llegado a tiempo. Más despeinados, con más ojeras. A ellos también les va a tocar acostumbrarse a la rutina.

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