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Un gregario de lujo y de gran corazón llamado Miguel Indurain

Indurain y Álvaro Pino hablaron en Radio Vigo sobre el Proyecto Discamino

Miguel Indurain y Álvaro Pino rodando juntos la etapa del Camino Francés /

Miguel Indurain mide 1,88 pero su corazón no le cabe en ese cuerpo tan grande. Siempre elegante en la victoria, siempre humilde, todavía se recuerda el número importante de etapas que cedió a sus compañeros de fuga. Era una forma de reconocer el trabajo que habían realizado y que él entendía que le había beneficiado, aunque su equipo perdiese la visibilidad de los focos de ganar una etapa más. Para él eso era secundario. Era un ambicioso pero con un gran talante. Después de ganar 5 Tours consecutivos (1991, 92, 93, 94 y 95) y 2 Giro (92 y 93), se bajó de la bicicleta y se bajó del ruido mediático. Se fue como era él; un tipo normal. Y esa normalidad le hizo ser y seguir siendo uno de esos corredores queridos en el pelotón. Los rivales te pueden odiar, odiar pero respetar, admirar o querer. A Miguel lo querían. Y eso son palabras mayores. A esas gestas de grandes rondas le añadió 3 Volta a Catalunya, 2 París-Niza, 2 Dauphiné Liberé, un Campeonato de España, una Clásica de San Sebastián, fue Campeón del Mundo contrarreloj, oro olímpico contrarreloj en Atlanta y consiguió el récord de la hora.

A este palmarés deportivo le añade, maridando sus cualidades con su talante, el Premio Príncipe de Asturias, la Gran Cruz al Mérito Deportivo, la Medalla de Oro al Mérito Civil o la Legión de Honor de la República Francesa. Reconocieron estas y otras distinciones su valía como deportista en el más amplio sentido. Sus compañeros de equipo no eran sus gregarios, eran sus compañeros; todos los componentes del equipo desde mecánicos a masajistas siempre formaban parte de las celebraciones. El mérito era de todos y él prefería celebraciones o aplausos corales, como en el teatro.

Esa admiración profunda que siente el mundo del ciclismo y del deporte, todavía será mayor entre los componentes del Discamino Team. Después de completar la primera etapa del Camino Francés entre Roncesvalles y Pamplona,  se disponían a realizar la segunda entre Pamplona y Estella, precisamente el pueblo de Miguel Indurain. Como en el Discamino Team está de piloto otro grande del ciclismo como Álvaro Pino, el de Ponteareas decidió llamar a su gran amigo y le dio una sorpresa al pequeño pelotón que estaba rodando por tierras navarras. El propio Miguel Indurain se enfundó el maillot, se cogió su inseparable compañera de viajes y ejerció de anfitrión en ese recorrido entre la capital y Estella. No estuvo nada mal para los miembros del Discamino Team tener a un gregario de lujo como el navarro abriendo carretera. Los chicos que están haciendo el Camino Francés se quedaron alucionados al ver al ganador de 5 Tours y 2 Giro rodando a su lado. Esa generosidad que tenía en la carretera aunque fuese vestido de amarillo o rosa, la volvió a demostrar.

Rodó con ellos, les guió por el recorrido más bonito, ese que estaría cansado de hacer, una y otra vez, el gran Miguel preparando sus retos. Indurain se hizo fotos con ellos, charló, disfrutó mucho e hizo felices a todos los componentes del Discamino Team. Y, conociendo al gran Indurain, estoy convencido que, al llegar a la improvisada meta de Estella, les diría a Álvaro Pino y a Javier Pitillas, que ganasen alguno de ellos la etapa, que él ya había conseguido su propósito. Él era el ganador moral de la etapa.

Un grande de España y de Navarra con un corazón que casi no cabe en su 1,88 de estatura. Gestos de campeón y recuerdos imborrables del Discamino Team. Podrán decir al llegar a Santiago y, después en Vigo, que estuvieron rodando con ese grandullón de Estella que está considerado uno de los mejores ciclistas de la historia con Eddy Merckx, Bernard Hinault, Jacques Anquetil y Fausto Coppi. Esa impagable llamada de Álvaro Pino hizo muy felices a esos jóvenes que, el miércoles 13 de septiembre, se olvidaron de sus problemas. Que bonito es el ciclismo. 

Para devolverle la llamada, en Vigo Hoy por Hoy pudimos saludar a Indurain y a Pino. Un momento de solidaridad a través del ciclismo, absolutamente impagable, que nos regalaron los dos.

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