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OBITUARIOMuere el fiscal general del Estado, José Manuel Maza

Que vuelva el cole, pero no los acosadores

La reflexión de Ana Díez, médico de familia

Estamos en época de inicio del curso. Cuando empieza el curso escolar se inician también otras cosas: nuevos profesores, nuevas asignaturas, nuevos compañeros, a veces nuevo colegio. Tendría, por tanto, que ir acompañado de ilusión, esa ilusión que empuja y anima a hacer algunos esfuerzos, a organizar el tiempo de otra manera para lograr nuevas metas. Y yo creo que en general así es. Sin embargo, en ocasiones, y tristemente con mayor frecuencia de lo deseable, estas ilusiones se ven truncadas por algún indeseable que se empeña en hacer la vida imposible a los demás. Me refiero a las situaciones de acoso escolar.

Se considera acoso escolar a toda situación agresiva, intencionada y repetida que, sin motivo aparente, se produce entre escolares. El acosador impone su poder sobre la víctima y la mantiene bajo su dominio durante meses o años. La víctima, habitualmente se calla, vive la situación con angustia y miedo, y puede incluso acabar en el suicidio. Uno, el que se cree con más poder o más apoyado por el grupo, ridiculiza, se burla y hasta agrede verbal y físicamente a otro. Esto no suele ocurrir en solitario, claro, porque el “gallito” necesita que otros vean sus valentías, pensando que así crece su poder.

Esta no es una situación esporádica. Desgraciadamente se ha convertido en una alarma que aumenta día a día. Por ello, es imprescindible prevenirla ya en casa fomentando en los niños la empatía, el respeto a los demás y la autoestima. Hay que hacer hincapié en la educación emocional, una asignatura poco tenida en cuenta. Por supuesto, también hay que crear un clima de confianza que facilite al acosado comunicarlo a los demás cuanto antes, no solo en el medio escolar, sino también en la familia.

Además, hay que estar atentos a las señales de que un niño está sufriendo acoso. Entre ellas, destacan una tristeza no habitual en él, cambios drásticos en la conducta, dificultades para conciliar el sueño, aislamiento en el colegio o entre el grupo de niños, pérdida o rotura del material escolar, de los juguetes, la ropa u otras pertenencias como las gafas o la ropa. La señal de alarma más importante es la negación o el rechazo reiterado a ir al colegio.

En este momento, es importante que todos tiendan la mano y la oreja al acosado, padres, familiares, profesores, compañeros y amigos y, llegado el caso, profesionales especializados. Nadie debe hacerse el sueco. Si restamos importancia a lo que el niño cuenta repetidas veces, si el colegio cree que tiene que evitar problemas ocultando el caso, si los profesores prestan más atención a la asignatura que imparten y dan la espalda a los alumnos, si los compañeros o amigos no se atreven a denunciar lo que ven, estos casos van empeorando. Crecen como una bola de nieve que echa a rodar cuesta abajo y que, cuando llega al final, ya no puede pararse. Y lo triste es que en muchas ocasiones, el acosado toma la decisión de desaparecer del medio y se quita la vida.

Y, después, nos lamentaremos por lo que pudimos haber hecho y no hicimos. Aún no ha empezado el curso. Estamos a tiempo para prevenirlo.

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