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Clunia sigue desvelando sus secretos

La campaña veraniega en el yacimiento confirma múltiples tesis sobre la ciudad romana y su antecesora celtibérica

Investigadores del yacimiento arqueológico de Clunia tras salir de la Cueva de Román /

Aunque la de este verano no ha sido una campaña de excavaciones al uso en el yacimiento arqueológico de la ciudad romana de Clunia, los trabajos del equipo investigador durante los meses pasados han supuesto varios avances en algunas de las líneas de trabajo más importantes que mantienen abiertas. Es el caso de las catas que se han realizado en el solar donde se edificará el futuro centro de recepción de visitantes, del que se sabía que había albergado la necrópolis romana. Los hallazgos no solo lo han confirmado con la aparición de una estructura funeraria sino que también han sacado a la luz lo que parece ser un pequeño tramo de una de las calzadas de acceso a la ciudad.

En cualquier caso estos hallazgos no parece que vayan a entorpecer demasiado los trabajos de construcción del Centro de Recepción de Visitantes, dotado este año y en próximas anualidades con una importantísima partida en el presupuesto de la Diputación. Dice Francesc Tuset, codirector del yacimiento, que no resultará difícil adaptar el proyecto ya aprobado a las exigencias de conservación de los nuevos hallazgos. Asegura que todas las partes implicadas coinciden en el empeño de sacar adelante este edificio para impulsar la divulgación de Clunia y que precisamente por ello se han llevado a cabo las catas y prospecciones que permitan llevar a cabo la obra con toda tranquilidad. Afirma que a partir de ahora se documentarán los hallazgos o en su caso se procederá a su conservación, pero que las modificaciones en el proyecto no pasarán de mover unos pocos metros el lugar de construcción o el aplazamiento de 15 días en el comienzo de las obras.

Otra de las tesis que se va asentando gracias a las catas y prospecciones realizadas este año es la ubicación de la antigua ciudad celtibérica, que estuvo asentada en el mismo enclave antes de la llegada de los romanos. Aunque se trata de uno de los lugares más documentados precisamente por fuentes romanas se buscaban evidencias que precisaran el lugar concreto en el que estuvo. Los hallazgos de este año en el Alto del Cuerno junto a los conseguidos en las dos campañas anteriores dejan cada vez menos dudas de su localización.

Por otra parte también se ha dado un importante impulso a la documentación de espacios cuyo futuro es incierto por lo que resulta crucial poder dejar constancia y testimonio de la riqueza actual. Es el caso de la denominada Cueva del Román, un karst natural que tiene la clave del original sistema de distribución de agua que los romanos utilizaron en la ciudad de Clunia y que es genuino de este enclave sin que hasta el momento se conozca ninguno igual. Pero es un espacio vivo y su evolución conduce a un final del que no se sabe fecha pero sí que eliminará del mapa, nunca mejor dicho, los vestigios de la historia. Por eso es tan importante el trabajo que está haciendo el equipo de investigación del yacimiento en colaboración con el Grupo de Trabajo en Entornos Hostiles del departamento de robótica de la Universidad de Zaragoza, que está diseñando prototipos específicamente adaptados a los recovecos de la Cueva de Román, para recoger muestras, filmar, fotografiar, medir y en definitiva, documentar un espacio que camina inexorablemente a la destrucción natural.

Aunque de momento el equipo de investigadores va recogiendo los bártulos, este año las labores sobre el terreno se van a alargar unas jornadas más, en este magnífico comienzo del otoño ribereño. Pero luego el trabajo seguirá, en los laboratorios, en los despachos y en las aulas: está previsto que a lo largo de este año se lean dos tesis doctorales centradas en Clunia, mientras que hay comenzadas otras dos en las que se seguirá trabajando un par de años más, a lo que hay que añadir otro trabajo de investigación que finalizará en breve. Y lo que queda por hacer, porque no dejan de aparecer nuevas vías de investigación, propiciadas por nuevos hallazgos, pero también porque los intereses de la sociedad y por tanto de los investigadores van cambiando y ahora se centran en aspectos que antes ni se planteaban y también porque la aparición de nuevas tecnologías permiten preguntas para las que antes era imposible encontrar respuestas.

En cualquier caso la buena noticia es que el yacimiento conserva todavía materia de investigación para varias generaciones de arqueólogos, que cada vez más trabajan en coordinación con muy distintos profesionales de otras áreas. Un trabajo interdisciplinar en el que Clunia puede erigirse como un modelo a seguir.

 

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