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¿Fue Carolina Marcial la primera escritora que publicó un texto en prensa sobre Cuenca?

En 1926, esta escritora y publicista afincada en Nueva York visitó Cuenca y dejó escrito el artículo ‘Atardecer en Cuenca’. José Vicente Ávila recupera ese texto para el espacio ‘Paginas de mi desván’ de Hoy por Hoy Cuenca

Dibujo de Cuenca del pintor cubano Wifredo Lam realizado entre 1925 y 1927 y publicado en 'La Ilustración Castellana'. /

“En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca”. Así comienza su artículo titulado “Atardecer en Cuenca”, Carolina Marcial Dorado, publicado en 1926 y que quizá sea la primera escritora que publica un texto en prensa sobre la ciudad de Cuenca. Esta es la historia que ha compartido con los oyentes de SER Cuenca, José Vicente Ávila en el espacio “Páginas de mi Desván”, de Hoy por Hoy Cuenca.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

“¡¡Ya hemos estado en Cuenca!!”, rubrica al final de su crónica Carolina, dedicada al pintor norteamericano Charles Hoffman, que había visitado Cuenca mucho antes y plasmado sus paisajes en unos lienzos que orlaban su casa, y que la propia escritora española, afincada en Nueva York, había visto allí. Desde aquel día, Carolina Marcial, que ya había escrito en 1917 el libro “España pintoresca”, deseaba conocer Cuenca, pues en ese relato hispano su recorrido se había limitado a Madrid, Castilla La Vieja y Andalucía.

¿Quién fue Carolina Marcial?

Carolina Marcial fue una mujer excepcional. Cuando se habla de la generación del 98 o de la generación del 27, apenas si se cita el nombre de alguna mujer. Pues bien, podíamos decir que Carolina Marcial, que era doctora en Filosofía y Letras, fue una auténtica embajadora de la cultura española en Estados Unidos, donde vivió prácticamente durante casi toda su corta vida, aunque todos los años viajaba a España.

Nacida en la localidad toledana de Camuñas en 1889, en el seno de una familia protestante, su padre fue José Marcial Palacios, pastor de la iglesia.

Dibujo de Carolina Marcial de su libro “España pintoresca”. / Archivo José Vicente Ávila

Escribe Pilar Piñón Varela, en su tesis doctoral “Las mujeres como protagonistas del intercambio académico entre España y los Estados Unidos” (1919-1939), que cuando Carolina tenía ocho años fue llevada a San Sebastián y más tarde a Biarritz y Madrid, por imperativo del trabajo evangélico de su padre, que falleció cuando ella tenía 14 años. Terminó en Madrid el Bachiller que logró en 1907, lo que le permitía poder ir a la Universidad, logro por entonces muy difícil para una mujer. Con 16 años hizo su primer viaje a Estados Unidos para volver luego a Barcelona con sus estudios en la Liga del Instituto Internacional, ligado a la iglesia congregacionista.

Dibujo realizado en Cuenca por el pintor cubano Wifredo Lam durante su estancia en la ciudad entre 1925 y 1927 y publicado en 'La Ilustración Castellana'. / Archivo José Vicente Ávila

Para resumir su amplio historial, pese a que Carolina Marcial falleció en Nueva York el 25 de julio de 1941, con 52 años, tenemos que señalar que fue autora de varios libros de texto en castellano para extranjeros, entre ellos “Primeras lecciones de español”, “Libro tercero de lectura”; “España pintoresca”, de 1917 y “Trozos modernos”, de 1922, entre otros de su docena de publicaciones, además de numerosos artículos en revistas norteamericanas y españolas, destacando sobre todos relatos y leyendas como “El alacrán fray Gómez” o “Las mariposas del Alcázar”.

Además de escribir y dar clases, daba conferencias y era muy buenas relaciones públicas, sobre todo en Estados Unidos, donde su tarea era dar a conocer el idioma castellano y alentaba a los turistas a visitar España. En suma, fue una de las mejores embajadoras de la cultura española en Norteamérica en esos años de los “felices veinte” y ello la llevó a que fuese distinguida con la concesión de la Gran Cruz de Alfonso XII y de la Cruz de Plata del Mérito Civil, única personalidad protestante que las ha recibido, según destaca esta comunidad en las redes sociales. Cuando falleció en 1941, a consecuencia de un ataque al corazón, The New York Times publicó una amplia necrológica, haciéndose eco de su labor a favor de la cultura española, lo que indica la categoría que tenía en Nueva York.

El viaje a Cuenca

Portada de la revista 'Ilustración Castellana' con dibujo de Cuenca de Wifredo Lam. / Archivo José Vicente Ávila

De su viaje de Madrid a Cuenca, se hizo eco “El Día de Cuenca” con un suelto titulado “Viajeros distinguidos”, en el que se informaba que en automóvil llegaron a Cuenca el subdirector general de la Compañía Telefónica Nacional de España, José Berenguer, acompañado de “la ilustre publicista” señorita Carolina Marcial Dorado, profesora de la Universidad de Columbia, junto a Miss Madge Turner, alumna aprovechada de dicha Universidad.

Informaba el periódico que “tan distinguidos turistas visitaron la ciudad y sus alrededores, acompañados de don Julián Soria, y hoy –se trataba del 8 de agosto de 1926—saldrán para la Ciudad Encantada y Uña”. Terminaba la nota de prensa que “les deseamos una gratísima excursión y un buen recuerdo de esta visita de estudio que realizan”.

El artículo sobre Cuenca

El artículo en cuestión se insertó en la edición de “El Día de Cuenca” del 13 de agosto de 1926, bajo el título de “Atardecer en Cuenca”, en la primera página, a dos columnas. Merece la pena que el texto lo demos a conocer, dado que es el primero o uno de los primeros que una mujer dedica a Cuenca en letra impresa, en este caso en la prensa local y posteriormente en folletos turísticos de Nueva York. Así empieza su relato Carolina Marcial Dorado:

En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca. El automóvil iba dejando tras sí pueblos de rancio abolengo y de interesantes contornos: Tarancón, Alcázar del Rey, Carrascosa del Campo… y otros muchos; pero nosotros sentíamos sin igual ansiedad por llegar a la ciudad vetusta y nos resistíamos a detenernos en el camino o a disminuir la velocidad.

Hacía años que nos sentíamos dominados por el deseo de visitar a Cuenca. En nuestra vida de excursión continua teníamos recorrido las capitales más notables de Europa, las ciudades más bellas de España; pero Cuenca quedaba siempre fuera de nuestro complicado itinerario como si fuese un lugar inascesible (inaccesible), una ciudad encantada…

Foto de Carolina Marcial publicada en el diario 'Abc' el 23 de octubre de 1927. / Archivo 'Abc'

“Ciudad Encantada es en verdad” –nos decía con calor el gran pintor norteamericano, Mister Charles Hoffman, que ha decorado su suntuoso hogar en Old Lyme, Comnecticut, con portentosos paisajes de Cuenca.

-Fíjese Vd. en este cuadro –nos decía--, representa las “casas nidos”, que se elevan hasta las nubes desde el borde rocoso del abismo. ¡Todos me dicen que es imposible, que no existen tales casas, tales perspectivas, que estos cuadros son el resultado de la fantasía de un pintor exaltado! Pero, ¡yo no me exalto! ¡Yo soy sajón! ¡Estos cuadros son copias exactas de las hoces de Cuenca, de la belleza atrevida de sus puentes, de la extraordinaria construcción de sus calles y casas!

Y nos enseñaba cuadros y más cuadros de extraña composición y de evocaciones inauditas.Y he aquí como la flemática y persuasiva charla del pintor norteamericano despertó en nosotros el deseo irrevocable de visitar a Cuenca.

Por fin nos encontramos frente a la ciudad. La antigua capital parecía una formidable fortaleza gris. Los ríos Júcar y Huécar besan amorosamente sus augustas plantas. En sus aguas tranquilas se reflejan los puentes romanos, los castillos moriscos, los arcos góticos y… las casas gigantes, que parecen salir del seno de la tierra y elevarse a las alturas inconmensurables.

La vista de esta ciudad única y extraña trae a nuestra mente exaltada de recuerdos de su glorioso pasado. En el siglo IX era ya un baluarte morisco. En el XII, tras largo y reñido cerco, Alfonso VIII conquistó la ciudad, haciendo ondear en la almena más alta del castillo llamado Conca, el pabellón cristiano de Castilla. Sus habitantes recibieron, entonces, gozosos, grandes privilegios y se vieron amparados por el famoso Fuero de Cuenca, uno de los más antiguos y notables del reino.

Sinnúmero de hombres ilustres dieron realce a esta ciudad tranquila. A la sombra de frondosos pinares nacieron esclarecidos varones: El privado Don Álvaro de Luna; los hermanos Valdés, honra de la prosa y de la filosofía castellana; el excelso místico Fray Luis de León, cuyos versos límpidos, plenos de sencillo fervor religioso son de un estilo incomparable y encierran una profunda filosofía religiosa y humana.

Hoy día es Cuenca una ciudad “apartada del mundanal ruido”, como dijo su místico poeta. El silencio de la ciudad nos impresiona. Toda ella permanece en un letargo intenso. Ya no se oyen allí trompetas guerreras, ni gritos de batalla ni el cabalgar de briosos corceles: la ciudad duerme…

En la iglesia de San Gil dobla quejumbrosa una lenta campana: unas mujeres que lavan en el río se persignan y rezan devotamente.

El sol se va escondiendo tras los montes azules; sus rayos de fuego y oro iluminan las rocas de formas grotescas que la rodean, y envuelven misteriosamente a la ciudad gloriosa.

En la calma sugestiva del crepúsculo sentimos que pasa por todo nuestro ser un arrobamiento místico. Es la hora del “Ángelus”, el momento propicio para la meditación y para dar gracias al Todopoderoso. Con serena evocación recordamos agradecidos el privilegio que Él nos concediese: somos en el extranjero, en la activa América, el portavoz de las grandezas de nuestra patria.

Gracias al Bureau de Información Pro-España, que fundó y mantiene la hispanófila Sociedad Internacional Telephone and Telegraph, de la cual es afiliada nuestra Compañía Telefónica Nacional, podremos en el futuro ocuparnos de dar debida publicidad a esta ciudad: hacer justicia a la olvidada villa castellana tan rica en bellezas arquitectónicas y tan abundantes en deliciosos paisajes y generosa hospitalidad.

Surge también en nuestra alma el ansia invencible de dar al mundo noticias de los nuevos adelantos que en Cuenca se notan hoy por hoy. En ella se construyen modernos edificios; sus habitantes se esfuerzan por acondicionar la ciudad para que sea visitada y admirada por el mundo entero.

En el silencio intenso del atardecer estival, nos vamos dando cuenta de este despertamiento de la ciudad dormida. Parece que al fin despierta a la realización de su propio valer; ya llega a darse cuenta de que tiene el deber de anunciar por todas partes la riqueza inagotable de sus tesoros.

De nuevo nos sentimos dominados por el deseo de poner el Bureau de información Pro-España de la Internacional Telephone and Telegraph a la disposición de nuestros amables y dignos compatriotas de Cuenca. Así lo decimos a nuestros amigos de la ciudad augusta; así lo haremos inmediatamente.

Sí, señor Hoffman, sus cuadros son exactos, no son exaltaciones de pintor fantástico. Nosotros también hemos visto todo eso. ¡¡Ya hemos estado en Cuenca!!

El Júcar se desliza suavemente bajo los altos arcos de los vetustos puentes, y parece ir susurrando canciones heroicas, trovas románticas de esta ciudad que fue en su tiempo centro de poder y de nobleza.

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