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De Cádiz a Zanzíbar para intentar suturar la brecha entre dos mundos sanitarios

Dos neurocirujanos del Puerta del Mar viajan a Zanzíbar para trabajar, por segundo año, en un proyecto de cooperación sanitaria

El doctor Gil Salú y la doctora Iglesias atienden a un paciente en Zanzíbar /

Desde Cádiz a Zanzíbar (Tanzania) para intentar curar con cirugía y formación una brecha entre dos mundos sanitarios. Los neurocirujanos Irene Iglesias y José Luis Gil Salú, ambos del Hospital Universitario Puerta del Mar, han vuelto a participar este año en un proyecto de cooperación con la Fundación Neurocirugía, Educación y Desarrollo (NED) que los ha tenido nueve días operando a pacientes y formando a profesionales sanitarios en la isla tanzana.

Los doctores han acudido al país africano como ya lo hicieran en 2016 al MnaziMmoja NED SurgicalInstitute de Zanzíbar, donde el proyecto de cooperación ha logrado continuidad desde el año 2009. En esta ocasión han viajado del 9 al 17 de septiembre y han cumplido una agenda apretada en la que se ha combinado la neuroquirúrgica asistencial y sesiones formativas al personal del instituto sanitario.

A ese pequeño hospital van misiones de neurocirugía de distintos lugares del mundo cada dos semanas. Es una experiencia ya asumida allí en Zanzíbar y todo está preparado para que, desde que ponen un pie en la isla, los doctores José Luis Gil Salú e Irene Iglesias entren rápidamente en la dinámica de aquel centro sanitario.

De hecho, han desarrollado durante su estancia entre diez y quince procedimientos neuroquirúrgicos mayores con anestesia general, fundamentalmente en patología tumoral, infecciosa y alteraciones de LCR, y un sinfín de procedimientos menores, en forma de curas de heridas.

Igualmente, han participado en sesiones clínicas para contribuir a la formación de la plantilla del centro hospitalario tanzano y han pasado consulta de forma conjunta con el personal médico del instituto, con el que también han realizado un pase de sala cada día para valorar a todos los pacientes ingresados.

Gil Salú cita al doctor Julio Rodríguez de la Rúa, con quien empezó a experimentar eso de viajar a un país subdesarrollado para intentar elevar con un pequeño granito de arena el nivel de la asistencia sanitaria. Junto a Iglesias, Gil Salú exporta de forma altruista el nivel de la sanidad andaluza y española a un país del tercer mundo.

Esa comparación de dos niveles de vida sobrevuela toda la estancia de los galenos en Zanzíbar: desde el hospital, que no cuenta con ascensor y en el que los pacientes son llevados a quirófano en camas empujadas por una rampa, hasta los propios quirófanos, que allí tienen vistas al exterior en una concepción totalmente distinta a la que hay en las instalaciones sanitarias españolas.

Las diferencias llegan hasta las patologías que se tratan, algunas de las cuales ya ni se ven en España porque se han desarrollado programas de prevención que reducen su incidencia, y otras porque se presentan mucho más evolucionadas que en nuestro país debido a que no hay una cultura sanitaria en la población africana que la lleve a acudir a un centro médico a los primeros síntomas.

De hecho, en cuanto al comportamiento de los pacientes, la doctora Iglesias resalta que aguantan mucho antes de consultar una dolencia. El ritmo de la asistencia sanitaria, además, mucho más lento por las deficiencias en materia de infraestructuras.

“Se trabaja despacio y se va a otro ritmo, pero se pueden hacer cirugías diariamente gracias a que tienes el personal y la infraestructura humana para asistirlo, y luego los recursos tecnológicos para operar; nosotros hemos estado operando este año sorprendentemente con resonancias tumores espinales, algo que hace años era impensable”, afirma Gil Salú.

En esta línea, el doctor explica que “al principio, cuando vas a un proyecto de cooperación, te crees que vas a arreglar el mundo, y Julio Rodríguez de la Rúa decía muchas veces que a los países en los que hay proyectos de cooperación vas a ayudar a lo que te pidan los profesionales del país, no vas a imponer un sistema sanitario ni una manera de actuar, sino que vas a ayudar al ritmo que cada país te marca. Y la verdad es que todos los años te entran las ganas de volver”.

Irene Iglesias y José Luis Gil Salú salieron de Zanzíbar hacia Cádiz el pasado 17 de septiembre. Allí dejaron a varios pacientes recién operados. La siguiente misión se encargó de velar por su evolución y los doctores del Puerta del Mar, gracias a un programa informático, podrán comprobar cuando vuelvan cómo les fue todo a esos pacientes.

Ambos animan a los neurocirujanos a embarcarse en el proyecto de cooperación para que se teja una tupida red de colaboración que ayude, poco a poco, a elevar el nivel sanitario de países del tercer mundo como Tanzania.

Iglesias y Gil Salú son asimismo el alma gaditana de una voluntad coral, conjunta, porque en sus maletas a Zanzíbar llevan miles de euros en material quirúrgico y sanitario que han sido donados por el hospital Puerta del Mar de Cádiz y por distintas firmas sanitarias. Además, ambos han contado con los permisos correspondientes del SAS para desarrollar esta labor de cooperación.

En definitiva, es una solidaridad compartida, una voluntad altruista de ayuda desde el ámbito sanitario que tiene en los doctores Iglesias y Gil Salú su máxima expresión, y todo para ofrecer una oportunidad asistencial a los que no gozan de la posibilidad de tener un sistema sanitario tan engrasado, tan articulado como el que se disfruta en España pese a la crisis y pese a los recortes.

Es el acento sanitario gaditano de una voluntad universal: la de ayudar a los que menos tienen, la de intentar reducir poco a poco ese abismo entre dos mundos por el que se derraman tantas conciencias.

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